miércoles, 18 de febrero de 2015

Martínez, el rico del pueblo

Cien campos de fútbol. Ese es el equivalente al patrimonio inmobiliario acumulado por Francisco Martínez en la Vall d'Alba, el pueblo del que es alcalde desde hace lustros quien fuera mano derecha de Carlos Fabra. Un millón de metros cuadrados. Dice que son fruto de su trabajo y de varias herencias recibidas. Sólo en los últimos siete años ha duplicado, en plena crisis, su fortuna. Los hay con suerte. El caso de Martínez es paradigmático de esa suerte caprichosa que ha resuelto la vida propia y de sus familias a unos cuantos dirigentes derechistas en Castellón. Crecidos política y patrimonialmente bajo el cobijo del gran timonel, prosperaron instalados en la impunidad. Convirtieron las instituciones democráticas en oficinas de intereses familiares y partidarios e hicieron de la gestión pública un vicio privado, insaciable, voraz. Persiguieron contumazmente, con saña sectaria, a socialistas y demás opositores que osaron dar luz a sus arbitrariedades, su oscurantismo y sus tropelías. Y lo hicieron con la aquiescencia de muchos. La omertá del fabrismo. Ahora Martínez sigue siendo alcalde, a pesar de las reiteradas denuncias y los procesos abiertos por la Justicia. Su partido, el de Fabra, sigue mirando hacia otro lado. Trabajo y herencias... Cuánta indecencia.