domingo, 13 de marzo de 2016

Andaluces de Castelló [ #DíadeAndalucía ]

Discurso en el Centro Cultural Andaluz de Castelló de la Plana con motivo del Día de Andalucía de 2016. [12.03.2016]

Muy buenas noches a todos y a todas. Gracias, Luis, querido presidente, por invitarme a participar en este acto que sé es tan querido por vosotros. Gracias por dejarme participar de vuestra cordialidad y de vuestra autenticidad sincera. Dejadme, ante todo, enviaros un saludo franco de respeto en nombre del gobierno y la corporación municipal. La alcaldesa me ha insistido en que os traslade su reconocimiento a vuestro compromiso cívico con Castellón, en los más de 15 años de vida de este centro.

Os confieso que me siento abrumado. Hablar de Andalucía desde esta pequeña llanura que se abre a los pies del Desert de les Palmes. Hacerlo ante vosotros y vosotras, andaluces de memoria y de sentir y castellonenses de vida y de querer. Aquí, en vuestra casa, en este centro andaluz que participa esa memoria en nuestra vida colectiva. Gracias por permitírmelo. Sé que no concurren en mí más méritos que los que circunstancialmente se derivan de ejercer mi compromiso público desde el gobierno municipal. No soy persona de palabra grácil ni de pensamiento refinado. Ni alguien que prodigue la vida social de nuestra ciudad. Así que, Luis, no sé si sabré estar a la altura de lo que esperáis y, sobre todo, de lo que merecéis.

Dejó dicho el sabio Carlos Cano:
Somos una cultura riquísima, una cultura de origen popular a la que tapó la moda de lo moderno y que ahora empieza otra vez a florecer. El Legado Andalusí somos nosotros, no las piedras. El Legado Andalusí son los astilleros de Cádiz, y los parados, y los que no tienen para comer. El Legado Andalusí es esa cultura que algunos no han querido ni ver. Nosotros somos el verdadero legado; esto de hoy, la verdad, el estremecimiento del hombre en todas sus variantes. Y ese legado no cabe en una sala. A veces incluso se queda pequeña Andalucía

Y es que Andalucía es el mundo. El viejo y el nuevo. El norte y el sur, oriente y occidente. Es Doñana y Sierra Nevada, el verde y el blanco. La Giralda y los patios de Córdoba, el arte y la gente. Es el Río Tinto y la sierra de Cazorla. Es Grazalema, Ronda y Gata, agua y tierra. Fuego, pasión, palabra, sudor, música, luz, color. Son siglos, milenios. Son generaciones sabias, mestizas, integradoras, trabajadoras, soñadoras. Es la Alhambra, el más hermoso, el más complejo y el más universal de los palacios europeos. Sois todo eso y mucho más.

Sois Velázquez y Picasso. Góngora y Alberti. Séneca, Averroes y María Zambrano. Falla, Camarón de la Isla y Paco de Lucía. La patria de Victoria Kent y Mariana Pineda. Tierra de pueblos blancos y olivares infinitos cantada por Federico García Lorca, y Aleixandre, y Cernuda, y don Antonio Machado:
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero

Mirad, hace ya muchos años, recién comenzados los 90, empecé a frecuentar Sevilla. Durante dos años pasé largas temporadas en esa ciudad única. Viví primero en la calle de Santa Ana, cerca de la Alameda de Hércules. Más tarde en el barrio de Santa Cruz, en el callejón del Agua, junto a los Reales Alcázares, en la casa en la que Washington Irving escribió en 1832 Cuentos de la Alhambra. Belleza en estado puro. No cabe extrañeza por el hecho de que durante siglos Sevilla haya cautivado a medio mundo y fuera escenario privilegiado de grandes óperas clásicas, desde el Don Juan de Mozart hasta la Carmen de Bizet.

Nunca podré olvidar el universo de sensaciones estremecedoras que cada día asaltaban mi caminar por la vieja Hispalis. Esa sensualidad desbordante en cada rincón de aquellas callejas: Agua, Aire, Vida, Gloria... Esos “balcones con calichas y escaleras quedradas de barandas cubiertas de enredaderas” que canta El Barrio. El rumor de las fuentes, los aromas del azahar y del jazmín. Mil macetas en patios acogedores de geranios rojos, intensos.

Recuerdo esas mañanas de tostadas con manteca colorá y aquellas tardes en Mateos Gago, a la sombra de la Giralda, la pringá en la Bodega Santa Cruz. Noche en el Tamboril, repiqueteo de manos y pies para encontrar la autenticidad.

No, no lo he olvidado porque nada de allí se puede olvidar. Y no penséis que tengo esa memoria atrapada en el tópico de la Andalucía de la vida fácil, del bureo permanente y la jarana interminable. No, en absoluto. Vosotras y vosotros sabéis bien de la carga castradora del tópico. Alli y aquí. De cómo la realidad se esconde tras el telón de acero de ideas preconcebidas e interesadas. 

Tierra de sensualidad, sí, pero tierra también de sudor, de dolor, de sacrificio y de trabajo. Tierra privilegiada, sí, pero tierra también de hombres y mujeres esforzados, que buscan cada día su futuro para dejar atrás, muy atrás desigualdades lacerantes que informaron siglos de sufrimiento, singularmente cantados por Miguel Hernández:
Andaluces de Jaén Aceituneros altivos decidme en la alma, ¿quién, quién levantó los olivos ? Andaluces de Jaén, Andaluces de Jaén.
No los levantó la nada, ni el dinero, ni el señor, sino la tierra callada el trabajo y el sudor.
Unidos al agua pura y a los planetas unidos los tres dieron hermosura de los troncos retorcidos Andaluces de Jaén.
Andaluces de Jaén Aceituneros altivos decidme en el alma, ¿quién, quién levantó los olivos ? Andaluces de Jaén, Andaluces de Jaén.
Cuántos siglos de aceituna, los pies y las manos presos, sol a sol y luna a luna, pesan sobre vuestros huesos.
Jaén ,levántate brava, sobre tus piedras lunares, no vayas a ser esclava con todos tus olivares. Andaluces de Jaén.
Andaluces de Jaén Aceituneros altivos, decidme en el alma, ¿quién, quién levantó los olivos ? Andaluces de Jaén, Andaluces de Jaén.
Tierra privilegiada, en fin, de la que muchos salieron, muchos y muchas salisteis imaginando otro proyecto de vida para vosotros y vuestros hijos. Como otros, muchos han llegado durante siglos a Andalucía. Porque, mirad, el mundo, todo, es un ir y venir de hombres y mujeres. Un no parar de gentes que buscan, que sueñan, que imaginan, que desean encontrar la felicidad. Ahora y siempre.

Lo hicieron nuestros ancestros de África hace miles y miles de años, y lo seguimos haciendo en nuestros días en pos de nuevas oportunidades. Así se han configurado nuestras culturas, con las aportaciones de gentes de diversas procedencias; es el mestizaje, la mezcla de elementos identitarios diversos lo que ha fortalecido y proyectado las sociedades más pujantes en cada momento histórico.

Hoy, cuando a menudo el miedo y la desconfianza congelan nuestras conciencias, es necesario recordarlo. Todos y todas somos inmigrantes, o lo fueron nuestros padres, o los padres de nuestros padres, sin excepción. Vosotros sois nosotros y no hay nosotros sin vosotros.

Hablaba hace un momento del tópico que diluye la realidad. La andaluza y la valenciana. Esa idea alimentada por propios y extraños del Levante feliz, de la tierra de la prosperidad sin fin, hoy convertida también con la misma futilidad en territorio de la indecencia. Y tras el telón que todo lo simplifica y lo desdibuja, amanecen vidas que transitan la cotidianidad con la dignidad del trabajo diario, de la aspiración por el buen hacer, de las responsabilidades ciudadanas…

Ahí estamos muchos, la mayoría, la mayor parte de la gente corriente que despierta cada día ideando itinerarios posibles para sí y los suyos, dignamente, decentemente. Castellón es eso: la voluntad de todas y todos nosotros por caminar juntos, independientemente del origen de cada cual, de sus creencias o de su género. Porque el futuro que queremos, y en el que creemos, ha de construirse necesariamente con miradas amplias, diversas, heterogéneas, también contradictorias. Miradas que acrisolen un futuro rico en matices múltiples.

Sabemos ya que las sociedades con mayor riqueza cromática, con mayor biodiversidad de pensares, de saberes, de haceres son las más capaces para adaptarse al cambio profundo que está experimentando el mundo, nuestro mundo. Un cambio radical que está transformando nuestra forma de vivir y lo va ha seguir haciendo hasta hacerla irreconocible. Ahí castellonenses nacidos aquí o allá, en Castellón, o en Andalucía, o en Aragón, o en Asturias, o en Galicia o donde quiera que sea, hemos de sumar para ganar juntos el futuro.

No voy a haceros perder más el tiempo en esta velada de sábado festivo. Los discursos deben ser breves y las fiestas largas. Celebradlo como sabéis y buena suerte.