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29 noviembre 2012

La opacidad tiene un precio: la nada

Un euro. Eso es lo que le ha costado a La Caixa comprar el Banco de Valencia al Estado. Lo mismo que pagó el Banco de Sabadell por la CAM hace unos meses. El sistema financiero valenciano descompuesto, troceado, puesto a saldo. En 1995 Bancaixa y la CAM eran la tercera y la cuarta cajas españolas y el Banco de Valencia uno de los más rentables del sistema español. Hoy son nada. La ruina más absoluta. En eso las han convertido el Gobierno valenciano y los dirigentes que puso el Partido Popular al frente de esas entidades. Paradigma de la mala gestión y del saqueo ilícito e ilegítimo de recursos públicos y privados que durante años han desangrado a la Comunidad Valenciana. Reventaron la caja fuerte en que millones de familias valencianas guardaban el fruto de su trabajo. Ahora se golpean el pecho y hablan de la crisis. Ya nadie los cree. El engaño contumaz, la ocultación sistemática, la falsificación permanente de la realidad, esa forma de conducirse en la vida pública nos ha llevado al desastre. Un Gobierno y un partido tramposos, como acredita Transparencia Internacional en su Índice de transparencia de las Comunidades Autónomas 2012: la Comunidad Valenciana ocupa el puesto 15 entre las 17 Comunidades, sólo por delante de Castilla-La Mancha y Murcia. La opacidad y la arbitrariedad como principio de conducta han arrastrado nuestra reputación colectiva al infierno del descreimiento general. Quienes nos han llevado hasta aquí no pueden ser parte de la solución; son el problema, nuestro problema. Siguen cavando en el pozo intentando huir de una realidad inapelable. ¿Hasta cuándo?


10 julio 2012

Reventaron la CAM

Ayer el consejo de administración de la Caja de Ahorros del Mediterráneo acordó lo que en la práctica es su liquidación. Más de 130 años de historia de la principal entidad financiera de las comarcas del sur valenciano llegaban a su fin. Carcomida en unos casos por la negligencia interesada de sus gestores y en otros por la dilapidación consciente del patrimonio de cientos de miles de ciudadanos en beneficio de unos cuantos aprovechados. La CAM, como Bancaja o el Banco de Valencia, simbolizan la locura desenfrenada y la desvergüenza inmoral de un tiempo en el que el País Valenciano puso su reputación y su patrimonio colectivos en manos de unos dirigentes políticos y empresariales indignos. La crisis ha venido a precipitar la muerte de un sistema financiero, el valenciano, puesto al servicio de la especulación inmobiliaria y la desvergüenza política desde la segunda mitad de los 90. José Luis Olivas es el paradigma de ese matrimonio de intereses inconfesables: concejal de Hacienda con Rita Barberá en Valencia, conseller de Hacienda con Zaplana, presidente de la Generalitat Valenciana consigo mismo y presidente de Bancaja con Camps. Es verdad que los representantes socialistas o sindicales en los consejos de administración no actuaron con la diligencia debida; pero aquí hay unos que han tenido (y tienen) el poder absoluto y que se encuentran en el Partido Popular y sus aledaños. Ellos, y no otros, son los responsables, absolutos también, de la muerte anunciada de nuestro sistema bancario