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05 noviembre 2012

Artur Mas y el callejón sin salida

Artur Mas parece decidido a quemar las naves en su cruzada independentista. Su afirmación, este fin de semana, de que ni los tribunales ni la Constitución podrán impedir la consumación de su proyecto secesionista lleva las cosas a un terreno muy resbaladizo que, si bien puede rentarle beneficios electorales a corto plazo, augura más conflicto y menos espacio para encontrar soluciones al encaje de Cataluña en España. La reiteración en su discurso de componentes mesiánicos vinculando su suerte personal con la de su pueblo añaden el dramatismo que precisa el populismo para promover la simpatía de la mayoría social. Mas está llevando a Cataluña a un callejón sin salida, aunque mal harían las instituciones políticas españolas contemplando la deriva desde la inanidad. Es el tiempo de acelerar el rediseño de nuestro modelo territorial, de proponer alternativas que hagan viable una España plurinacional y posibiliten el acomodo de identidades compartidas.

19 octubre 2012

La España federal

Hablaba el otro día con un amigo sobre la necesidad de impulsar ya y de forma definitiva el tránsito hacia una España federal. Le decía yo que no cabía, en la situación actual, posponer el debate de la reconfiguración del Estado, el tránsito del modelo autonómico al federal. Ese proceso, aquí y ahora, abordaría la resolución de tres cuestiones imperativas: la propia supervivencia de España como nación de naciones; la regeneración democrática y la modernización de la práctica política en nuestro país; y un nuevo impulso a la construcción del Estado social poniendo a disposición de los estados federados más recursos para garantizar el bienestar de la ciudadanía. Me contestaba mi amigo que, aún coincidiendo en los objetivos, creía que ahora no era el momento y que lo único que interesa a la gente es la economía y el empleo. Y creo yo que no podemos persistir en el error de posponer los cambios profundos que precisa nuestra democracia hasta resolver los problemas de nuestra economía. La quiebra de confianza en las instituciones políticas y la deriva deslegitimadora que ampara está en la base de gran parte de nuestros problemas. Es imprescindible más democracia, más cercanía, más codecisión para afrontar con fuerza y determinación los retos que las crisis nos plantea. La ciudadanía no está dispuesta a asumir más sacrificios si no constata una voluntad radical de depuración y reactivación de los poderes democráticos que eliminen duplicidades, espacios de conflictos irresolubles y desigualdades lacerantes. La España federal nos abre a un nuevo proyecto colectivo, un proyecto al que no podemos renunciar.

03 septiembre 2012

Las Comunidades Autónomas son el Estado

No somos conscientes, a menudo, de la importancia que tiene el modo en que usamos las palabras. El uso indebido de unos u otros términos para referirnos a la realidad acaba por desvirtuarla estableciendo unos marcos de referencia que la condicionan hasta recrearla. No es esta una cuestión menor y responde a la voluntad, consciente o inconsciente , de consolidar entre la ciudadanía conceptos y percepciones que allanen el desarrollo de determinadas estrategias políticas. Son infinidad los ejemplos. Tal vez uno de los más evidentes sea hoy el caso del Estado autonómico. Durante décadas hemos sido, quienes profesamos convicción autonomista, extremadamente laxos en el uso de las palabras. Hablamos de "Estado" frente a "comunidad autónoma", del Gobierno del Estado, de la Administración del Estado, de las políticas del Estado frente a los poderes autonómicos. Y así hemos creado una realidad distinta a la constitucional que ahora aprovecha la reacción centralizadora para cargar contra la estructura misma del Estado. Las Comunidades Autónomas son también Estado; son la mayor parte del andaniaje institucional de que nos dotamos los españoles tras recuperar la democracia. No existe un Estado de verdad, serio y eficaz, y 17 "estadillos" taifas irresponsables, insolidarios e incapazces. A fuerza de malversar palabras y conceptos hemos acabado por diluir la fuerza transformadora y democratizante de la arquitectura autonómica. Hoy vemos cómo la liquidación del Estado del bienestar busca el amparo de esa percepción dolosa del Estado de las Autonomías. El Estado bueno contra los pseudoestados malos. Y esa no es la realidad. Con seguridad, la solución a muchos de nuestros problemas pasa por avanzar más en el camino abierto en 1978 y construir un Estado realmente federal que corresponsabilice a todos en el devenir común.