Valmor amenaza con convertirse en el penúltimo gran quebradero de cabeza de Alberto Fabra. La empresa creada para organizar las carreras de Fórmula 1 en Valencia con capital privado generó una deuda multimillonaria que acabó siendo absorbida íntegramente por la Generalitat. Y eso a pesar de que Valmor se hizo con los casi 50 millones de la recaudación de las cuatro ediciones de la carrera en el circuito urbano de Valencia. Y de que está acreditado por las pesquisas hechas por el PSPV y el resto de la oposición que desde el minuto cero los gastos de organización corrieron a cargo de empresas de la Generalitat. Lo que, según Camps, no tenía que costarnos ni un euro a las arcas públicas ha acabado, como tantas otras iniciativas impulsadas por el clan gaviota, en un pozo sin fin de recursos públicos. Ahora nos hemos enterado, como denunciara la pasada semana la diputada socialista Eva Martínez, que hay indicios suficientes para pensar que la mayor parte de la recaudación procedió de compras masivas de entradas no correspondidas con el público que realmente asistió a las carreras. Tal vez esto es lo que celebraban Camps y Rita Barberá, sonrisa en rostro, en su vuelta triunfal al volante de aquel Ferrari: la apertura de un nuevo sumidero por el que desviar fondos públicos a cajas privadas con el que continuar el saqueo de nuestras instituciones. Fabra cerró el círculo con la asunción y el pago, sin rechistar, de la deuda acumulada por Valmor. Un negocio perfecto a costa de la Hacienda valenciana. A costa de nuestros derechos.
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17 noviembre 2014
29 septiembre 2014
Un ayuntamiento de cristal
#PerCastello - Un ayuntamiento de cristal. Esa es la apuesta de la socialista Amparo Marco para reactivar la democracia municipal en Castelló de la Plana. Un ayuntamiento abierto, transparente, participativo, que empodere a la ciudadanía haciéndola copartícipe del gobierno de su cotidianidad. Un ayuntamiento que hable y que escuche a los vecinos y las vecinas de la capital de La Plana, que les de protagonismo, que los convoque a la proyección de sus aspiraciones individuales en el relato colectivo que debe transformar radicalmente esta ciudad. Lo dice muy bien Amparo: un gobierno municipal que tenga sus despachos en la calle, que tome sus decisiones con la gente, que abra su gestión al control ciudadano sin espacios para la opacidad. Una forma distinta de hacer las cosas, que ponga en manos ciudadanas el sueldo de sus concejales o que permita el seguimiento en tiempo real de la ejecución presupuestaria. Otra manera de entender el ejercicio del poder político local, que obligue a los munícipes a dar cuentas de forma permanente ante los y las contribuyentes. Han sido tantos años de arbitrariedad, tanto tiempo de nepotismo, de sometimiento del interés general a voluntades particularmente interesadas que esas obviedades democráticas suenan a radicalismo político. Ese es el único camino que merece ser recorrido para reactivar la vida política, económica y social de Castelló. La única vía para reencontrarnos con un futuro que durante tanto tiempo se ha mostrado esquivo con las aspiraciones colectivas de esta ciudad. Un camino que puede y debe liderar Amparo Marco.
19 septiembre 2014
Tres años del aeropuerto sin vuelo
Hace tres años la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) tenía la convicción de que, de estar toda la documentación presentada en orden, las certificaciones pertinentes para iniciar la actividad en el aeropuerto de Vilanova-Benlloch, en Castellón, estarían resueltas de inmediato. Todavía seguimos a la espera. El "aeropuerto del abuelito", su idoneidad técnica, aún no ha sido validada por la autoridad aérea. Dicen que ahora ya. Imagino que así será. Decían entonces los Fabra y su gente que era Zapatero el que bloqueaba las autorizaciones, que ellos lo habían hecho todo bien pero que el gobierno socialista estaba empeñado en torpedear el funcionamiento del aeródromo. Era mentira, y me consta de primera mano. Ellos lo sabían, por supuesto que lo sabían. Porque la historia del aeropuerto de Castellón no es sólo un relato de prepotencia, abuso, despilfarro y megalomanía, tan arraigados en los usos y costumbres del fabrismo. Es, también, la historia de la incapacidad para gestionar en orden a la ley un proyecto público del que decían dependía el futuro de las comarcas castellonenses. Como tantos y tantos otros que han acabado naufragando por la incompetencia y la chapuza instaladas en la gestión pública amparada por la gran familia. Cargos directivos entregados a afines no por su valía profesional sino por su fidelidad al clan. Millones y millones de euros públicos, de todos y de todas, puestos en manos de amigos sin otro mérito que la adulación al jefe y a la causa. Zapatero, siempre era Zapatero. Entonces como ahora. No, eran ellos. También entonces como ahora. Porque el otro Fabra, Alberto, ya estaba allí, participando de la gran comilona. Mal que le pese.
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