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03 septiembre 2026

Ceuta era la excusa

Al grito de "Pedro Sánchez, hijo de puta" se concentraron ayer miles de personas en calles y plazas de muchas ciudades españolas. No todas, pero sí muchas secundaron el lema de guerra de las derechas. Hemos pasado del "Que te vote Txapote" a lo de hijo de puta. No hacía falta que ocurriera lo de Ceuta; viene de hace tiempo. Seguro que muchos acudieron ayer a la convocatoria de PP+Vox en solidaridad con la ciudadanía ceutí; muchos otros lo hicieron para exhibir fuerza antisanchista. Esta era la voluntad de los convocantes y no otra: Ceuta era la excusa.

Ya he dicho que el Gobierno ha cometido errores gruesos en esta crisis. El presidente debiera haber permanecido en La Moncloa este mes de agosto. No para saber o hacer más que desde Lanzarote; por pura cuestión escénica, litúrgica. Por la misma razón que él y sus ministros deberían haber puesto menos énfasis al defender la no participación de Marruecos en la movilización que llevó más de 70.000 personas a Ceuta. Marruecos es un socio necesario, por muchas razones, pero algo de sordina no hubiera venido mal. 

Cuando dejas espacios y tiempos otros los ocupan. E imponen un relato que no contempla complejidades ni legalidades pero que resulta, por muy falso que sea, asumible para muchos: hay que cazar y expulsar a los invasores para defender Ceuta y España ante la complicidad de Sánchez y el rey marroquí. "Sánchez traidor", "Sanchez, hijo de puta". Hoy el arzobispo de Oviedo llama a la "Reconquista" frente a los gobernantes fallidos. Milei dice que Sánchez ha permitido la entrada de "hordas extranjeras para destruir la identidad española". Trump afirma que "no ha visto nada igual" a lo de Ceuta...

Entiendo la preocupación, el hartazgo y el cabreo de la gente de Ceuta, sí. Pero no, lo de ayer de muchos en la Península no fue por solidaridad hacia ellos. Fue por odio. Núñez Feijóo y Abascal no pensaban en Ceuta, pensaban en triturar definitivamente un gobierno al que siempre han negado legitimidad. Leo que fueron manifestaciones de unidad, transversales, patrióticas. Lo siento pero yo no creo ni en esa unidad, ni en esa transversalidad ni en ese patriotismo. No. 

Expulsión de los moriscos. Vicente Carducho, 1627. Museo Nacional del Prado.
Expulsión de los moriscos. Vicente Carducho. 1627. Museo Nacional del Prado.


21 octubre 2013

Hollande y Valls se equivocan

El ministro socialista francés Manuel Valls se equivoca gravemente. Se equivoca también el presidente Hollande al dar cobertura a los dichos y los hechos de su ministro en materia de inmigración. El anatema público contra los ciudadanos gitanos inmigrados desde la Europa oriental a la Francia republicana y la insensible ejecución de la legislación a la muchacha Leonarda, detenida ante sus compañeros de clase para ser expulsada del país junto a su familia, han provocado el natural rechazo entre los progresistas galos y europeos. A nadie se le escapa la dificultad de la gestión de la inmigración en la vieja Europa y la necesaria aplicación de políticas que regulen los flujos migratorios. Nadie duda de la relación de ese fenómeno con la vigencia de discursos xenófobos y fascistas entre los sectores más vulnerables de nuestras sociedades. Pero el socialismo democrático debería saber ya a estas alturas que es en la pedagogía política donde encuentra una sus debilidades más determinantes. Abrazar la demagogia para contrarrestar el reforzamiento de la ultraderecha no hace sino retroalimentar a la bestia y desdibujar dramáticamente el sentido de una acción política de izquierdas, su compromiso con la decencia, la solidaridad y la justicia. No creo en la visión naif que algunos pretenden de la cuestión migratoria pero menos creo en quienes investidos de autoridad política y moral para liderar con sensibilidad la vida colectiva renuncian a ella para seducir a los enemigos de la convivencia.

18 diciembre 2012

Primer Año Triunfal del Liquidacionismo

Ayer, en plena celebración del Primer Año Triunfal del Liquidacionismo, el Tribunal Constitucional avalaba el recurso interpuesto por el Gobierno Vasco de Patxi López contra la segregación sanitaria decretada por Rajoy a los inmigrantes en sin papeles. Daba la razón a los socialistas vascos en su negativa a aplicar el apartheid sanitario en Euskadi y se basaba en tres argumentos básicos: es una medida inhumana que convierte en apestados a casi un millón de hombres y mujeres de entre nosotros; es ilegítima por anteponer razones de contabilidad a la protección de la salud de esas personas; y va contra la salud pública, la salud de todos, al propiciar la creación de ghettos en los que prospere sin control la enfermedad. Argumentos todos empleados desde hace meses por quienes alzamos nuestra voz contra la indecencia del Gobierno triunfal. No sé ahora que hará el Liquidacionismo, que harán la Comunidades Autónomas gobernadas por la derecha ante lo manifestado por el alto Tribunal. Seguramente, como Rajoy, mirarán para otro lado ideando soflamas contra Zapatero (¡ay José Luis! que diría Wyoming) y su herencia para seguir laminando derechos. Pero deben saber que lo que están haciendo en este como en muchos otros asuntos es una indignidad.


03 mayo 2008

El camarote y la parte contratante

Publicado en Mediterráneo el 3 de mayo de 2008

¿Se acuerdan ustedes de cuántos personajes había en el camarote de los hermanos Marx? No lo recuerdo con exactitud pero estoy convencido de que eran más de una docena: los Marx, la manicura, el fontanero, los camareros, la limpiadora… Cada uno a lo suyo; las circunstancias eran lo de menos: cada uno cumplía con su papel a pesar de los codazos propios y ajenos. “Pase, pase” decía Groucho a quien llamaba a la puerta.

No sé si alguien en el Partido Popular ha decidido escenificar una nueva versión del camarote, convencido de que la realidad puede superar con creces la ficción. ¿Se imaginan a Rajoy, Aguirre, Camps, Zaplana, Pizarro, Costa, Aznar, Sáenz de Santamaría… a codazos en el “camarote de Mariano”? Cada uno a lo suyo y todos con el dedo en ojo ajeno. Da igual lo que ocurra fuera de allí; ellos a lo suyo. “Y dos huevos duros… Tres”. Sí, yo creo que sí que se lo imaginan.

Con ese panorama no es de extrañar que más de uno se lance a poner en marcha ocurrencias de alto voltaje mediático para dejarse ver y hacerse notar en semejante barullo. Es un pavoneo hueco que, lejos de pretender resolver los problemas de la ciudadanía, busca un puesto de privilegio en la alocada carrera sucesoria al frente de la derecha española.

Por supuesto que en ello están los conservadores valencianos. ¿O es posible encontrar otra explicación a que la asignatura de Educación para la ciudadanía se pretenda impartir en inglés en los colegios e institutos de la Comunidad Valenciana? Ya puestos podrían hacerlo en mandarín, habida cuenta del despertar imparable de China como potencia mundial. Y, por qué no, dar la filosofía en alemán y la religión en latín.

Son únicos en lo de volver todo del revés y liar a los ciudadanos hasta confundirlos. En el fondo, y mal que les pese, son marxistas por los cuatro costados. Marxistas de Groucho, ya me entienden. Ahora han sacado lo del “compromiso de integración de los inmigrantes”. Otro brindis al sol carente de sentido. Ellos saben que no tiene el más mínimo valor jurídico. Saben que ese contrato de integración es papel mojado porque no tiene ninguna cobertura legal. Da igual. Miren, en España (y la Comunidad Valenciana es España, salvo que también en eso quieran confundirnos) los inmigrantes están sujetos al imperio de la ley. Como cualquier otro ciudadano. Nadie estamos al margen de la legalidad y sólo los jueces pueden determinar quien incumple la ley y cómo debe ser sancionado por ello.

La ocurrencia del “compromiso de integración” no es más que eso, una ocurrencia. Nuestras leyes están para ser cumplidas por todos quienes vivimos en España, sin excepción, sin espacios para la impunidad. Esas leyes son las que establecen qué obligaciones y qué derechos tenemos; son ellas las que definen nuestro modelo de convivencia y nuestra escala de valores.

Por supuesto que es exigible a quien decide construir su futuro en nuestra tierra que conozca y reconozca nuestra forma de entender la vida y de convivir. Y que sepa acomodarse a nuestro entorno cultural sin que ello suponga perder su identidad. Para eso están las leyes. Y para eso, también, están las políticas educativas y sociales que nos ayuden a todos a vivir en la diversidad.

Bien que lo siento pero a mí lo del “contrato de inmigración” me recuerda aquello de “la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”. Pues eso: Groucho.

07 febrero 2008

Tostadas de Cañete y españolidad

Publicado en Mediterráneo en febrero de 2008

No sé qué opinarán los miles de trabajadores extranjeros que se ganan honradamente la vida en los bares y restaurantes castellonenses sobre el diputado Arias Cañete. No sé qué consideración les merece sus gracietas de señorito andaluz sobre los buenos y los malos camareros, la tostada, la manteca colorà, los boquerones con vinagre y el café con leche. Dice este hombre que ahora los camareros ya no son como los de antes; ahora nos atienden con acento extranjero y nos miran con ojos extraños… ¡Malditos inmigrantes!, debía estar pensando: qué chapuceros son estos aprovechados que vienen pidiendo trabajo y nos pagan con tanta ingratitud. Hasta tal punto son ingratos que responden a tanta solidaridad saturando nuestro sistema público de salud para hacerse mamografías o exigir que les receten antibióticos. ¡Si es que no se puede ser bueno con esta gente!

Cañete es un tipo memorable. Un arquetipo, diría yo. Es esa España rancia, negra, xenófoba, machista, deleznablemente clasista que tantos queremos dejar en el pasado. Pero tiene una virtud: dice en voz alta lo que muchos de sus correligionarios piensan y callan por tacticismo electoral.

El Partido Popular nos está vendiendo estos días su oferta en materia de inmigración. Mariano Rajoy nos habla de una especie de contrato de españolidad para luchar contra la poligamia y la ablación del clítoris. Dicen ellos, los populistas, que Zapatero es el culpable de que tengamos tantos inmigrantes; dicen que la política blanda del Gobierno socialista permite a los delincuentes extranjeros campar por nuestra tierra sin temor a nada; dicen que miramos hacia otro lado y que no hemos hecho nada para evitar la existencia de miles y miles de indocumentados en situación irregular.

El problema de Rajoy se llama memoria. ¿Alguien podría confiar en un pirómano que después de ocho años quemando bosques se ofrezca para dirigir la lucha contra el fuego? Miren, los datos son tozudos; tanto que, a menudo, nos evitan extendernos en explicaciones.

En enero del año 2000 había en nuestra provincia 10.326 extranjeros censados. Cuatro años después eran 52.247, ¡cinco veces más! Hagan memoria: Aznar era el presidente del Gobierno y Rajoy su vicepresidente. Y recuerden, también: entre febrero de 2001 y julio de 2002 fue Rajoy el ministro del Interior, responsable de la gestión de extranjería en aquellos tiempos.

Durante esos años se produjeron dos regularizaciones masivas de extranjeros. Regularizaciones en las que estar en posesión de un billete de autobús, de un tíquet de compra en un supermercado o de una receta médica era suficiente para acreditar la estancia e iniciar el expediente de autorización de residencia. Créanme: ni rastro del contrato de españolidad que ahora dicen que van a exigir si gobiernan. Por esta vía regularizaron su situación 12.800 extranjeros en nuestra provincia entre marzo de 2000 y julio de 2001, rechazándose sólo un 16 por 100 de las solicitudes presentadas.

Más aún. A pesar de que más del 60 por 100 de extranjeros censados en nuestra provincia estaban indocumentados (sin papeles) y en situación irregular en ese período, entre enero de 2001 y diciembre de 2003 sólo fueron detenidas en aplicación de la Ley de Extranjería 407 personas. La comparación resulta bochornosa: 2.047 fueron detenidas en los años 2005, 2006 y 2007, a pesar de que este último año más de 40.000 ciudadanos rumanos se convirtieron en comunitarios y quedaron al margen de la aplicación de esa ley. Fíjense: en 2001, con Rajoy en el Ministerio del Interior, se detuvieron en Castellón 2,8 extranjeros por cada 1.000 empadronados. En 2006 fueron 13,9 por 1000.

Estos son los datos. Saquen ustedes las conclusiones. Para mí, el Gobierno Aznar-Rajoy fue absolutamente incapaz de gestionar adecuadamente el fenómeno inmigratorio. No lo hicieron ni en el ámbito de los derechos ni en el de las obligaciones; ni administrativa ni policialmente supieron qué hacer. Tal vez porque sólo veían en la desesperación de los miles de hombres y mujeres que venían a nuestra tierra una extraordinaria oportunidad para incorporar al mercado laboral español mano de obra barata y sin derechos. Ya lo dejó escrito Max Frisch: “Queremos mano de obra, pero nos llegan personas”. Y en eso, en lo de reconocer los derechos de las personas Rajoy anda perdido.