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30 septiembre 2014

La economía colaborativa y el paradigma del compartir

Compartí hace dos días a través de las redes un artículo sobre la economía colaborativa o la economía del compartir que expresaba certeramente algunas convicciones que, con menos claridad, os he trasladado desde esta ventana en más de una ocasión. La revolución que se está produciendo en nuestras relaciones sociales, políticas y económicas en torno al concepto compartir. El cambio radical que se está operando en nuestra forma de relacionarnos, de conocer, de intercambiar, de trabajar, de entender el mundo al que damos vida. Compartimos más que nunca, emociones, sensaciones, conocimientos, negocios, compromisos. Y lo hacemos de forma distinta a como lo entendíamos hace apenas una década. Hoy el papel de la intermediación se desdibuja, así en la economía como en la vida política. Una ciudadanía crecientemente habituada a compartir desde las redes sociales sus experiencias o sus reflexiones, o a buscar trabajo, comprar, pagar sus impuestos, organizar sus vacaciones sin recurrir a intermediarios hasta hace nada imprescindibles mira cada vez con mayor desconfianza la intermediación política. Compartir está en la base de la nueva civilización que estamos pariendo. Compartir el talento y también la aberración. Otra forma de entender el tiempo y el espacio, la proximidad y la distancia, lo colectivo y lo individual. Y que convive, por supuesto, con lo viejo, como siempre ha ocurrido en todo cambio civilizatorio. Quienes así no lo entiendan se verán progresivamente alejados de la vanguardia del cambio. Que esa nueva sociedad sea más o menos inclusiva, más o menos igualitaria o más o menos decente depende de que quienes creemos en esos valores universales sepamos incorporarlos a la nueva realidad.

Manifiesto de la economia colaborativa, en Albert Garcia Pujadas

06 junio 2012

Liderar el progreso

Liderazgo, decía el otro día Felipe González, es hacerse cargo del estado de ánimo de los demás. La empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro y de tomar decisiones compartiendo miradas. Porque liderar no es mandar, como gobernar en democracia no es imponer. Necesitamos ya, así en España como en el País Valenciano y en Europa, de nuevas formas de ejercer el gobierno de los intereses públicos. Una nueva manera de concertar voluntades, de aunar esfuerzos y de hacer creíble la política para la gente. Un liderazgo para el progreso, que reste poder a los poderosos y empodere a la ciudadanía. Un liderazgo que sepa imaginar, que nos permita soñar sin perder el pulso de la realidad, que sea sincero y abomine del populismo. Un verdadero rescate democrático, como decía ayer Ximo Puig, que ponga las instituciones y la política al servicio de la mayoría social. Eso es lo que necesitamos también, y especialmente, para recobrar el pulso de la economía y de la creación de empleo. Ese es el principal reto que tenemos por delante.