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07 enero 2015

Grecia y Europa

Puede ser que el gobierno alemán contemple la posibilidad de una Unión Europea sin Grecia. Lo dicen algunos medios teutones, aunque parte de ese gobierno, el SPD, lo niegue. Sea o no así, la cierto es que la Europa unida no puede serlo sin Grecia. Ni la Europa resumida del euro. Más allá del peso económico de ese país en el conjunto de la Unión (en torno al 2 por ciento del PIB total), la salida de Grecia escenificaría de manera incontrovertible el fracaso político del proyecto de integración europeo. Los griegos van a decidir sobre su gobierno en unas semanas. Nadie niega a estas alturas las tremendas responsabilidades de sus élites políticas en el desastre social y económico en el que se ha sumido la sociedad helena. Ni las consecuencias nefastas de la gestión de la quiebra griega por las autoridades europeas. La ciudadanía griega ha de poder elegir sin tutelas su nuevo gobierno, que deberá negociar con realismo un nuevo escenario que permita recuperar las constantes vitales del país dentro de la Unión. Una negociación que exigirá de la misma predisposición al acuerdo por parte de la Comisión Europea y del resto de centros de poder del continente, con imaginación y propósito de enmienda. Grecia sin Europa está condenada a más dolor, sin duda; pero Europa sin Grecia certificará la renuncia al único proyecto válido de futuro para las y los europeos: más Europa, más integrada, más solidaria. Nuestra historia común, que se inició en Grecia, así lo acredita.



03 octubre 2013

El fascismo alimentado

La detención e ingreso en prisión del líder de la ultraderechista Aurora Dorada griega pone el foco en la imprescindible reacción de las democracias frente a los populismos neofascistas que recorren la vieja Europa al socaire de la crisis social que sufrimos. La creciente fuerza electoral del radicalismo derechista en todo el continente y la sensación de impunidad instalada entre sus cabecillas debe ser combatida con todo el rigor que quepa dentro del Estado democrático, en defensa de un sistema de convivencia que es incompatible con la pujanza de quienes quieren aniquilarlo. Pero se cometería un error de bulto si restringiéramos al ámbito del Derecho la respuesta contra la violencia ultra. La descomposición de nuestro modelo de protección social víctima del austericidio, las contradicciones abonadas por el propio sistema y sus dificultades para adaptarse a los profundos cambios demográficos y sociales que vivimos, la relajación manifiesta de la pedagogía democrática y la quiebra de confianza institucional o la percepción ciudadana de la incapacidad de la Unión para garantizar el bienestar de las clases populares anidan, entre otros factores, en el cúmulo de vectores que alimentan a la bestia. Actuemos contra ellos con toda la fuerza de la Ley, por supuesto, sin contemporizaciones suicidas. Mas no olvidemos que el aliento que vigoriza al fascismo se encuentra entre millones de ciudadanos y ciudadanas que se sienten excluidos del sistema. Nada nuevo, pero bueno es recordarlo.

PD: en nada ayuda, aunque algunos piensen lo contrario, las manifestaciones de ciertos prohombres del socialismo francés anatemizando a determinadas minorías étnicas. Miradas de corto alcance.

Thomas Neumann. Calles con emblemas nazis en Berlín, el Día del Trabajo de 1937.
 Riksarkivet (National Archives of Norway), vía Flickr.

Sin restricciones conocidas de derechos de autor

02 abril 2013

Imaginar y proponer una nueva Europa posible en un mundo nuevo

El Gobierno de David Cameron puso en marcha ayer el más profundo recorte del Estado del bienestar conocido en el Reino Unido desde los tiempos de Margaret Thatcher. La derecha gobernante sigue intensificando sus políticas de liquidación del en otros tiempos modélico Estado social británico. Allí como aquí y en el resto de Europa las élites en el poder están decididas a aniquilar el modelo de convivencia que convirtió nuestro continente en la referencia del progreso social en el mundo. Amparadas en el fetichismo de la reducción del déficit público a toda costa, convertido este en el único argumento contra la crisis, continúan en su estrategia de demolición de las políticas de igualación de derechos y oportunidades que hicieron fuerte a Europa en la segunda mitad del siglo pasado. Frente a ellas, frente a la voluntad liquidacionista de la derecha, las izquierdas europeas, viejas y nuevas, se muestran incapaces de articular discursos y propuestas solventes y creíbles que conciten el respaldo real de la mayoría social, más allá del corto plazo de una coyuntura electoral propicia. No pueden engañarse quienes crean que la solución está simplemente en proclamar la reconstrucción de lo que la derecha está deconstruyendo. Hemos, los progresistas, de imaginar y proponer una nueva Europa posible en un mundo radicalmente nuevo. Una Europa social, que rescate los valores de la igualdad y la libertad para todos y para todas, y que sepa competir desde el esfuerzo cooperativo para generar riqueza frente a los otros modelos de crecimiento que emergen con fuerza en el mundo. Si las izquierdas europeas no son capaces de renunciar al cortoplacismo de uno u otros cariz, si no son capaces de aparcar lo que las separa para abrazarse a lo mucho que las une, no habrá futuro para una Europa que merezca la pena ser vivida.

25 febrero 2013

El suicidio de Europa

Europa vive su momento más difícil desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El fantasma del miedo, de la desconfianza y de la incertidumbre se ha adueñado de la que hasta hace muy poco tiempo era la tierra prometida de la prosperidad y la cohesión social. Es la Europa del sur, pero también la atlántica y, cada vez más, el rico norte. La imposición, desde comienzos del año 10, de curas de adelgazamiento extremo como antídoto contra la crisis ha conducido a la Unión a un estado comatoso que no parece encontrar su fin. Europa se desangra, así en lo económico como en lo político y en lo social, y nada de cuanto se dice hacer para recuperar sus constantes vitales ofrece garantías de futuro. Es cierto que el cambio de paradigma que vivimos en nuestro mundo exige de los europeos más esfuerzos y cambios profundos en nuestro modelo de vida. Pero no lo es menos que el camino elegido por la coalición del gran capital continental para hacerlo está conduciendo al degolladero a la gran mayoría. Las izquierdas europeas tienen la obligación histórica de superar discursos y políticas nacionales para articular una respuesta viable en clave también continental. Y no sólo para defender lo que fuimos, también para alumbrar nuevos caminos de futuro en Europa. Lo contrario es la zozobra más absoluta, es el eurocidio, el suicidio de Europa.

30 enero 2013

Draghi en el Congreso: ni luz ni taquígrafos

La comparecencia, el próximo día 12, de Mario Draghi ante el Congreso de los Diputados a puerta cerrada, sin luz ni taquígrafos, abunda en la sensación tan extendida entre la ciudadanía de la lejanía de las instituciones europeas. Que el máximo responsable del Banco Central Europeo, nuestro banco central, imponga las condiciones de su intervención en el Congreso y que lo haga de esa manera no ayuda al imperativo restablecimiento de la confianza entre los ciudadanos y el proyecto político europeo. Entiendo que haya cuestiones sensibles respecto de las que deba mantenerse discreción pero hurtar al pueblo el conocimiento directo de lo que Draghi deba decir ante sus señorías es una mala decisión. Las políticas monetarias promovidas desde el BCE tienen incidencia directa sobre nuestra vida cotidiana y están en el sustrato del economicismo antisocial impuesto por las élites europeas. No es de recibo, pues, que quien tanto tiene que ver con lo que nos pasa imponga de ese modo la oscuridad informativa en la sede de nuestra soberanía. La aversión que hoy produce mucho de cuanto viene de los centros de decisión europeos está derivando en eurofobia galopante. Y eso, la quiebra por la base del sueño de la Europa unida, es lo peor que nos puede pasar si realmente queremos salir del agujero cósmico en que nos encontramos.

02 enero 2013

No se me resfríen

Pedía el otro día el Gobierno portugués a sus ciudadanos que se cuidaran de enfermar para evitar el colapso del sistema sanitario público. Que no se pongan enfermos porque de lo contrario el Estado no les podrá garantizar la salud. En una Europa que está destinando cientos de miles de millones de euros a salvar a los bancos de su ruinosa gestión de los fondos depositados en ellos por los ciudadanos, la llamada del Gobierno luso evidencia la deriva antisocial de las políticas impuestas por las élites económicofinancieras de la Unión. Si el Estado es incapaz de garantizar la seguridad sanitaria de sus ciudadanos, para qué sirve el Estado. Y si Europa, otrora faro de la justicia social en el mundo, alienta la quiebra del proyecto social europeo, de qué nos sirve. Soy radicalmente europeista y tengo la plena convicción de que sólo la unión cooperativa de Europa, de sus políticas, de sus ambiciones colectivas y de su talento, nos garantizará el futuro. Pero no con estos mimbres. No. La Europa del nuevo tiempo será más social o no será, más imaginativa o no será, más igualitaria o no será. Defendamos lo que fuimos pero, sobretodo, alumbremos una nueva Europa para preservar nuestro futuro y el de nuestros hijos. Que el 13 nos sea propicio. Salud.

05 diciembre 2012

Igualdad


Dejó escrito Jean Jacques Rousseau que sólo las sociedades cohesionadas, aquellas, decía, en las que nadie pueda ser tan rico como para comprar a otro, ni tan pobre como para estar obligado a venderse para vivir, pueden garantizar la paz social necesaria para progresar. Hace 250 años que el sabio de Ginebra escribió estas palabras en pro de la igualdad en El contrato social. Hoy las políticas de desinversión pública y descapitalización social impuestas por las élites europeas y nacionales nos conducen, si la ciudadanía no lo remedia, a la destrucción del más preciado valor de nuestras sociedades: la cohesión, la justicia social, la igualdad de oportunidades para todos y todas. El fetichismo del déficit ha convertido la necesaria y deseable austeridad en la gestión de lo público en la coartada perfecta para la liquidación del sueño posible de la igualdad. Es falso que esa sea la vía para garantizar un futuro mejor a las y los europeos. Porque es, precisamente, la identidad igualitaria de la Europa social su más eficaz ventaja competitiva frente a otros modelos de crecimiento y desarrollo. Los Díaz Ferrán de turno, indignos e indecentes devoradores de dignidades y decencias ajenas, no pueden ganar esta batalla, no pueden robarnos también nuestra libertad para ser iguales siendo diferentes.

Demand the Beveridge Plan. 1944.
 London School of Economics Library, vía Flickr.
Documento sin restricciones conocidas de derechos de autor.
Comienza el sueño social europeo.


15 octubre 2012

Por una Europa de y para las gentes

La concesión del Nobel de la Paz de este año a la Unión Europea ha generado críticas sin fin. Es lo que tiene este estado de frustración creciente en que la crisis ha sumido a nuestra sociedad. Lo que hace apenas cinco años era percibido por gran parte de la ciudadanía como un espacio de referencia en la construcción de la democracia social es ahora objeto de repudio generalizado. Europa es vista por mucha gente, en España y en el resto de la Unión, como causa de la deriva antisocial de nuestro tiempo. Y creo firmemente que es ahora precisamente cuando necesitamos más Europa, más democracia europea, más cooperación europea, más integración europea. Las políticas de desguace del Estado social no son Europa, son políticas de una cierta Europa, la del mercadeo, la de la insolidaridad. No vamos a superar este tiempo derrumbando el sueño europeo. El fracaso de la Unión acabará por convertirnos en pequeños actores irrelevantes en el escenario global, más vulnerables. Por ello es imprescindible que las izquierdas europeas, que quienes tenemos la convicción de que el Estado del bienestar no es un impedimento sino nuestra mayor ventaja competitiva frente a otros modelos de desarrollo, articulemos políticas de ámbito supranacional que den respuesta certera a la coalición del gran capital europeo. Hemos de volver a soñar con una Europa libre, fuerte, solidaria, democrática. Una Europa de y para las gentes.

10 septiembre 2012

Cohesión y competitividad

La profundidad del abismo que la crisis ha abierto en nuestra economía ha establecido que las decisiones tomadas por los poderes públicos, las empresas y la ciudadanía se valoricen exclusivamente por su eficacia económica. Son buenas, se dice, si generan más ahorro, mejor productividad o mayor competitividad. Y es verdad que esa es una vertiente capital a la hora de afrontar los retos que tenemos por delante. Pero no lo es menos que la liquidación del Estado social derivada de la unilateralidad de esa doctrina acabará por arruinar toda perspectiva de progreso futuro. La cohesión social ha sido la principal ventaja competitiva de Europa durante décadas, la que ha garantizado una razonable igualdad de oportunidades para la mayor parte de la población y la que ha posibilitado el más prolongado periodo de estabilidad en nuestro continente. Esa cohesión, conquistada al amparo de un Estado redistribuidor de riqueza que ha proveído de bienestar a la ciudadanía, sigue siendo nuestro más valioso factor de competitividad en un mundo del que ya no somos la referencia dominante y en el que diversos modelos de desarrollo pugnan por establecer nuevas hegemonías. El Estado social europeo ha de encontrar otros mecanismos redistributivos, nuevas fronteras, nuevas soluciones sí, pero no puede entrar en la memoria perdida de la historia. Nuestro Estado del bienestar ha sido eficaz en la redistribución de la riqueza; ahora ha se serlo también, y de forma perentoria, en la redistribución del conocimiento y de la participación política. Eso nos hará más fuertes frente a nuestros competidores y garantizará más bienestar a nuestros pueblos. Su liquidación nos hará irrelevantes en el nuevo mundo y sembrará de dolor nuestra sociedad.

20 junio 2012

Sin prisas, ¡oiga!

Puede que Rajoy tenga razón cuando nos dice que en la reunión del G20 nadie le ha presionado para que se acelere la concreción del rescate bancario. Puede. Lo mismo dijo hace poco más de una semana. Puede que Merkel mintiera ante los medios apenas unos minutos antes en ese sentido. Puede que cuando Obama ha pedido en rueda de prensa que el Gobierno español debe "clarificar" cuanto antes los términos del rescate no tuviera voluntad de presionar. Puede que lo que dicen que dijo Hollande en esa misma línea durante la reunión tampoco haya ocurrido. Pero da la sensación de que nuestro primer ministro piensa que de lo que él dice sólo nos enteramos en España. Y no parece que le haya servido de escarmiento el revuelo provocado por su irresponsable explicación del rescate el domingo del fútbol. Así mal defiende nuestros intereses. Que en casa el corifeo mediático le haga la ola sólo sirve para consumo interno. Fuera lo ven de otra manera, a él y y al país que representa.

19 junio 2012

Europa se desangra

Hace unos meses nos decían que muerto Zapatero y reinante Rajoy se restablecería la confianza en España y se acabaría nuestra desgracia. Después nos dijeron que había que sangrar lo público para que así fuera. Hace una semana el presidente declaraba ufano que el rescate bancario (que dijo haber impueso a Europa) nos haría de fiar ante el mundo y llegaría la salvación. Hace tres días la fiesta iba a llegar tras las elecciones griegas. ¿Cuánto tiempo más ha de pasar, y cuánto sufrimiento, para que la derecha europea y española se convenzan de que están aplicando la terapia equivocada? ¿Cuántos parados más, cuántas empresas quebradas? Hay que adecuar el Estado del bienestar a las nuevas circunstancias históricas, sin duda. Hay que ajustar las finanzas públicas a nuestras posibilidades, también. Pero es imperativo impulsar políticas de estímulo, planes de crecimiento para reactivar nuestra economía. Y no para volver a lo de antes, que no volverá. Sino para propiciar el alumbramiento de un nuevo modelo que, sin perder el carácter social de Europa, restablezca nuestra competitividad y nuestra capacidad para generar futuro en un mundo cada vez más complejo. Europa se desangra. No la dejemos morir.

17 junio 2012

Socialismo mayoritario

François Hollande Journées de Nantes
François Hollande, por Jean-Marc Ayrault
[CC-BY-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)]
El fin de semana electoral europeo ha confirmado en Francia y en Grecia las tendencias establecidas en los últimos meses. El socialismo francés ha conseguido la mayoría absoluta para su proyecto de reactivación del crecimiento europeo como palanca fundamental para la salida de la crisis. En Grecia la derecha ha ganado con mayoría simple y Syriza ha confirmado su hegemonía en la izquierda. En ambos casos, sin embargo, se ha dado un resultado altamente preocupante: el ascenso electoral de la extrema derecha. El Frente Popular de Le Pen vuelve a la Asamblea Nacional en unas elecciones que han conocido récord de abstención. Los neonazis, por su parte, han reafirmado su presencia electoral en el mapa parlamentario griego. Haremos mal si minimizamos el alcance de esa noticia. Europa no puede encogerse de hombros ante la presencia institucional de quienes dicen defender al pueblo proclamando el regreso a la sinrazón. Las fuerzas democráticas deben prestar atención a los motivos que llevan a ciudadanos y ciudadanas europeas a apoyar a los heraldos de la violencia y la discriminación. Los partidos mayoritarios no pueden aplazar su compromiso con la democracia de la gente: deben escuchar más y mejor el rumor que viene del pueblo; deben abrirse más y mejor para que más ciudadanos se sientan representados en ellos; deben hablar más y mejor con la ciudadanía. Aborrecer el cortoplacismo tacticista y atender al dolor y el miedo que recorre Europa. Lo de Francia y Grecia no son casos aislados.

12 junio 2012

La izquierda necesaria

La izquierda ha ganado la primera vuelta de las legislativas francesas. El Partido Socialista podría hacerse con la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional si se cumplen los pronósticos para la segunda vuelta. Es una buena noticia para todos, también para España y para el conjunto de la Unión. El proyecto europeo precisa con urgencia de nuevas políticas, de un nuevo impulso para salvar el tiempo que vivimos. Estamos en una encrucijada que nos muestra dos direcciones: más Europa social o el fin de la Europa que conocemos. Esa es la alternativa. No va a ser fácil. La izquierda europea, y especialmente el socialismo democrático, no puede fallar. En Francia, en Alemania o aquí, los progresistas tenemos la obligación histórica de rescatar a Europa del cenagal en que se encuentra. Y no servirá buscar en el cajón de los recuerdos para encontrar las viejas recetas que sirvieron hace 50 años. El mundo ha cambiado radicalmente; ya no somos el centro del mundo, ya no podemos construir nuestra prosperidad a costa del resto. Tendremos que afrontar los nuevos retos con la fuerza de nuestros ideales de siempre (libertad, igualdad, solidaridad, austeridad, modernidad) pero con políticas nuevas que abran nuestras democracias de forma sincera a la gente; que nos capaciten para competir mejor, más eficazmente con otros actores mundiales; que preserven nuestra justicia redistributiva haciéndola realmente justa. Con la convicción de que es precisamente nuestro modelo social el que debe garantizarnos ventajas competitivas frente a otros. Sabiendo que nada es gratis, que todo, lo que fuimos y lo que queramos ser, es fruto del esfuerzo y de la responsabilidad de cada uno de nosotros. Europa ya no puede seguir languideciendo mientras se hunde el viejo mundo. Ha de recobrar la ilusión del futuro. De lo contrario solo seremos pasado, triste, gris y doloroso pasado.




06 junio 2012

Liderar el progreso

Liderazgo, decía el otro día Felipe González, es hacerse cargo del estado de ánimo de los demás. La empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro y de tomar decisiones compartiendo miradas. Porque liderar no es mandar, como gobernar en democracia no es imponer. Necesitamos ya, así en España como en el País Valenciano y en Europa, de nuevas formas de ejercer el gobierno de los intereses públicos. Una nueva manera de concertar voluntades, de aunar esfuerzos y de hacer creíble la política para la gente. Un liderazgo para el progreso, que reste poder a los poderosos y empodere a la ciudadanía. Un liderazgo que sepa imaginar, que nos permita soñar sin perder el pulso de la realidad, que sea sincero y abomine del populismo. Un verdadero rescate democrático, como decía ayer Ximo Puig, que ponga las instituciones y la política al servicio de la mayoría social. Eso es lo que necesitamos también, y especialmente, para recobrar el pulso de la economía y de la creación de empleo. Ese es el principal reto que tenemos por delante.