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12 marzo 2013

11-M, TICs y movilización popular

#11M Ayer se cumplieron nueve años de los atentados yihadistas de Atocha. Casi una década ha pasado ya desde aquella mañana de muerte y desolación provocada por el fanatismo islamista y que dió paso a unas jornadas estremecedoras, de recuerdo inolvidable para los demócratas españoles y europeos. La masacre criminal de Atocha derivó en el esperpento de un gobierno contumaz en la mentira ventajista sitiado por millones de ciudadanos y ciudadanas ávidos de verdad sobre el más grave ataque contra nuestra convivencia. Aquellos mentirosos (muchos de ellos hoy todavía en pimerísima línea de la política española) se enfrentaron a una movilización sin precedentes: la primera gran movilización popular del tiempo internet en nuestro país. Lo que ocurrió en las calles españolas aquellos tres días de marzo de 2004 no se hubiera producido sin la telefonía móvil, los SMS, el correo electrónico y el acceso instantáneo a los medios de comunicación extranjeros a través de la Red. Por primera vez el pueblo se ponía en pie contra la deslealtad de su Gobierno usando las armas del nuevo tiempo. Aún habría de pasar un año para la aparición de Facebook y tres hasta que circulara el primer tweet y ni siquiera se hablaba de las redes sociales telemáticas, pero las nuevas tecnologías de comunicación ya habían comenzado a cambiar nuestra forma de relacionarnos y de comportarnos políticamente. Hoy, tan sólo nueve años después, ya nada es igual, aunque algunos se empeñen en no querer verlo. Las movilizaciones contra los deshaucios o la reacción instantánea de la sociedad en torno a Gürtel, Bárcenas o Ponferrada lo atestiguan.

17 septiembre 2012

Madrid-Barcelona: escuchar a la calle

En menos de una semana más de millón y medio de personas han expresado en las calles de Madrid y Barcelona su rechazo al estado de cosas existente. Por razones aparentemente diversas, pero con una fuerza profunda concurrente, ciudadanos y ciudadanas de toda España manifiestan a diario su disgusto por cómo se están afrontando sus problemas. Es un movimiento heterogéneo, difícilmente identificable bajo una única bandera, con aspiraciones a menudo contradictorias, pero que ponen voz al hartazgo de una ciudadanía asustada por un futuro que ve cada vez más lejano. Cometerá un grave error el Gobierno y su partido si, amparándose en lo que llama la mayoría silenciosa, decide ignorar el sentir de quienes se movilizan a diario. También el PSOE y el resto de fuerzas políticas y sociales si no aciertan a interpretar adecuadamente el sentir de una parte creciente de la ciudadanía. Porque no se trata sólo de alegrar el oído de quienes lloran por lo que fuimos y no volveremos a ser sino de recrear la ilusión por el futuro, de refundar las bases de la confianza del pueblo con la democracia, de propiciar una corriente de cambio profunda y sólida entre la ciudadanía que lidere el tránsito a un nuevo modelo de convivencia y de crecimiento. Un tiempo en el que el rigor del vivir no se convierta en un rigor mortis.