Un año más tengo la satisfacción de dirigirme a vosotros y a vosotras en el día de la celebración de la Merced. De nuevo estamos aquí para celebrar, con la austeridad que requieren las circunstancias, el día de la patrona de las Instituciones Penitenciarias.
Decía Jean-Paul Sartre: "Al querer la libertad descubrimos que ella depende enteramente de la libertad de los demás. El hombre está condenado a ser libre. Ser libre no es querer hacer lo que se quiere, sino querer hacer lo que se puede."
Ana, ese es el trabajo que aquí realizáis: facilitar a quienes ven restringida su libertad en cumplimiento de la condena que les fue impuesta las herramientas necesarias para que vuelvan a ser libres, para que regresen al espacio público ciudadano ejerciendo su libertad desde el respeto a la libertad de los demás.
Es por ello, el vuestro, un trabajo supremo, una tarea vital para la sociedad: enseñar a quienes no supieron o no pudieron o no quisieron asumir su responsabilidad de hombres y mujeres libres a serlo en plenitud. Una labor admirable a la que dedicáis lo mejor de vuestra vida, con entrega y con profesionalidad, y por la que todos y todas os manifestamos nuestro reconocimiento. Especialmente en este tiempo difícil para el conjunto de la sociedad y, también, para el sistema penitenciario y para cuantos en él prestáis vuestro servicio público. Gracias, muchas gracias por vuestro compromiso.
La especificidad de nuestro Código Penal genera una paradoja no suficientemente conocida por la sociedad. Mirad, la tasa de criminalidad española es de 45 infracciones penales por cada 1.000 habitantes, muy por debajo de la media europea, situada en 67 infracciones, o de países como Alemania (con 74), Reino Unido (85) o Suecia (121). Sin embargo, pese a ser uno de los países con menor criminalidad de Europa, nuestro sistema penitenciario soporta el mayor número de internos de nuestro entorno: mientras la tasa media europea de ocupación penitenciaria es de 123 reclusos por cada 100.000 habitantes, en España llegamos a los 150 reclusos.
Esta realidad exige de un esfuerzo suplementario por parte de la Administración penitenciaria española para dar respuesta eficaz a los mandatos que nuestro ordenamiento jurídico establece en la materia. Ese esfuerzo se ha materializado en dos grandes ejes de actuación: por un lado las grandes inversiones movilizadas para la construcción de nuevas prisiones y centros de inserción social y para la renovación de las viejas infraestructuras; y por otro, la modernización del tratamiento penitenciario.
En este sentido, los excelentes resultados obtenidos por la experiencia piloto de la Unidad Terapéutica desarrollada durante años en la prisión de Asturias que ha reducido la tasa de reincidencia del 50 a poco más del 10 por 100, ha impulsado el desarrollo de una nueva política penitenciaria basada en la integración voluntaria de los internos en diferentes programas terapéuticos y de módulos de respeto y en la apertura de las prisiones a las sociedad.
En nuestra provincia podemos apreciar con claridad esas dos grandes líneas de actuación del Gobierno. Hemos ampliado y renovado notablemente nuestras infraestructuras penitenciarias, tanto con la puesta en servicio en 2009 de este centro modélico como con la progresiva modernización de Castellón I y con la próxima construcción, ya prevista en los planes del Ministerio, de un centro de inserción social de carácter provincial.
En relación con las nuevas prácticas de gestión penitenciaria, el decidido impulso dado por Ana Acosta y Olga Ballesteros al frente de sus equipos directivos en Albocàsser y Castellón ha hecho posible que los más de 2.200 internos de estos centros puedan beneficiarse de nuevas estrategias terapéuticas para facilitar su reinserción. Hoy más de 630 internos de las dos prisiones provinciales se encuentran insertos en algún programa de las unidades terapéuticas o de los módulos de respeto.
Estas nuevas unidades de cumplimiento se basan en el seguimiento voluntario por parte de los reclusos de unas normas pactadas entre todas las partes, y recogidas en un contrato que deben firmar los internos antes de entrar en el módulo. La supervisión del funcionamiento adecuado de estas unidades la realiza un equipo mixto formado por los propios internos y por funcionarios del centro, de tal modo que los reclusos asumen democráticamente la responsabilidad no sólo sobre sus propias acciones sino también sobre las del grupo al que pertenecen.
A esta nueva forma de trabajo se suma el compromiso de abrir la vida de las prisiones a la sociedad de la que proceden los internos y a la que volverán, y corresponsabilizar así a todos los estamentos sociales en el tratamiento de los ciudadanos y ciudadanas que por uno u otro motivo se encuentran temporalmente privados de libertad.
Para ello, desde la Comisión de Asistencia Social Penitenciaria de la provincia se han firmado convenios con 70 entidades públicas y privadas (de las que 43 son ayuntamientos), que han permitido la creación de más de 500 plazas para el cumplimiento de penas alternativas. Se han creado, así mismo, los consejos sociales penitenciarios, con participación de todas las entidades, asociaciones y empresas que colaboran con nuestras penitenciarías.
Por todo ello, por esta magnífica tarea realizada por los trabajadores penitenciarios de la provincia, no puede sorprendernos los reconocimientos a la excelencia que desde el Gobierno se han concedido a ambos centros. En 2008 fue la medalla de plata al mérito penitenciario a Ana Acosta por su labor al frente de Castellón II. En 2010 la mención de honor a las buenas prácticas penitenciarias concedida a las unidades terapéuticas de este mismo centro. Y en 2011, hoy, es Olga Ballesteros la que está recogiendo en la sede del Ministerio del Interior la medalla de plata al mérito penitenciario. Este año, también, el módulo de respeto de Castellón I es galardonado con la mención de honor a las buenas prácticas penitenciarias. Del mismo modo, un funcionario de esta casa, Alejandro Fernández, verá reconocida su entrega en el servicio con una mención de honor por relevante actuación.
Fruto también de la apuesta decidida por la apertura al resto de la sociedad es el extraordinario trabajo que prestan las entidades externas dentro del medio penitenciario. Este año, el reconocimiento de la Administración penitenciaria a dichas organizaciones, se personaliza en la labor de la Pastoral Penitenciaria de Castellón, que recibe hoy también la medalla de bronce al mérito penitenciario por su trabajo en este centro.
La puesta en marcha de todas estas políticas está revolucionando la forma de entender y practicar el trabajo penitenciario, fijando nuevos retos y exigiendo, aún más si cabe, de la dedicación plena de los trabajadores y las trabajadoras de nuestros centros. De ese compromiso saben bien Antonio, Faustino y José que este año reciben el reconocimiento por parte de todos nosotros por los 25 años dedicados a esta Institución, manteniendo intactas tanto la ilusión como la capacidad de trabajo. Muchas gracias a vosotros por vuestro ejemplo y a todos los que formáis parte de este gran colectivo por el gran sacrificio y abnegación con que realizáis este trabajo tan desconocido por la mayoría de la sociedad.
Buenos días, mucha suerte y feliz día de la Merced.
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24 septiembre 2011
24 septiembre 2010
Discurso con motivo de la celebración de Nuestra Señora de la Merced en el Centro Penitenciario Castellón I en 2010
Tengo la satisfacción de dirigirme a vosotros y a vosotras en el día de la celebración de la patrona de las Instituciones Penitenciarias. Esta festividad, que hoy conmemoramos con la sobriedad que los tiempos y la sociedad exigen, es una festividad que nos atañe a todos.
En primer lugar, atañe a los trabajadores y las trabajadoras que tienen la misión de garantizar el buen funcionamiento de los centros penitenciarios y a los internos e internas que cumplen su deuda con la sociedad en ellos.
Pero esta fiesta también nos concierne a quienes, de una u otra forma, estamos comprometidos con el Estado de Derecho y tenemos la responsabilidad de garantizar los derechos y las libertades de los ciudadanos. En una sociedad moderna y avanzada como la española es imposible entender la justicia, la seguridad y la libertad individual y colectiva, sin la existencia de un sistema penitenciario eficaz, entendido como responsabilidad compartida por la totalidad de la sociedad.
Por ello, la Merced es también la fiesta de los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, por su compromiso perpetuo e imprescindible con el adecuado funcionamiento del sistema; de los jueces, los fiscales y el conjunto de funcionarios y funcionarias que conforman la Administración de Justicia; de las distintas entidades públicas y privadas que trabajan con nuestros centros; de las empresas que generan actividad y empleo en los talleres; de los voluntarios y voluntarias y de tantas personas que contribuyen a mejorar nuestro sistema público penitenciario. Gracias a todos por vuestra colaboración.
Permitidme que haga aquí mención especial al personal de los servicios sanitarios penitenciarios y a los profesionales de la sanidad pública valenciana que día a día ejercitan la dignidad de su compromiso social en favor de la calidad de vida de los reclusos y reclusas de nuestras prisiones. Las obras de ampliación y mejora del módulo de judiciales del Hospital General de Castellón, concluidas este año, nos posibilitan la prestación de ese servicio esencial en condiciones de mayor calidad.
La provincia de Castellón cuenta, como todos sabéis, con dos centros penitenciarios que albergan cerca de 2.600 reclusos y en los que desarrollan su actividad profesional 860 empleados públicos. Al frente de los mismos se encuentran dos magníficos equipos directivos, liderados por Olga Ballesteros en Castellón I y Ana Acosta en Castellón II.
Ambos centros, a pesar del gran número de internos que deben ser atendidos, están especialmente ocupados en el desarrollo de programas terapéuticos y de reinserción de calidad. Gracias a ese esfuerzo, 426 internos e internas cursan estudios reglados no universitarios, 225 están matriculados en diversas especialidades de Formación Profesional, y 638 participan en programas deportivos y ocupacionales. En nuestros dos centros, 381 reclusos y reclusas tienen un puesto de trabajo remunerado, por el que cotizan, como el resto de empleados de nuestro país, a la Seguridad Social. Además, los programas específicos de intervención, como los destinados a condenados por violencia de género y drogodependientes, los talleres de igualdad de género, de desarrollo personal, de mediación en salud, etc. incorporan a 836 internos.
Durante este año, así mismo, se ha hecho un esfuerzo importante para posibilitar el cumplimiento eficaz de las penas de trabajo en beneficio de la comunidad. En estos momentos, 33 ayuntamientos de la provincia han firmado convenios con Instituciones Penitenciarias para proveer 196 plazas de cumplimiento. A ello hay que añadir 173 plazas ofertadas por 20 organizaciones públicas y privadas.
Los profesionales de nuestros centros penitenciarios están gestionando, también de forma ejemplar, los módulos de respeto de hombres y de mujeres en Castellón I o las dos unidades terapéuticas y educativas de Castellón II. En estos módulos de especial intervención se apuesta por el encuentro permanente entre profesionales e internos. Un modo de hacer donde priman la cohesión, la solidaridad, la comunicación y la tolerancia.
Gracias a la excelente labor de esos profesionales, a su esfuerzo constante y a su gran preparación, este año las unidades terapéuticas y educativas de Castellón II han sido galardonadas con la Mención Honorífica a las Buenas Prácticas en el Sistema Penitenciario. Dicho premio está siendo recogido en estos momentos de las manos del ministro del Interior, por la directora de Castellón II, acompañada de un educador y un interno del centro. Por este motivo, Ana Acosta no ha podido acompañarnos hoy y está siendo representada por el subdirector médico del centro.
Esta es también la realidad de nuestras prisiones. Más allá de titulares mediáticos; más allá de incomprensiones atávicas. Nuestros centros penitenciarios son instituciones vivas y vividas. Por ello tenemos la obligación dar a conocer lo mucho y bueno que se hace en ellas.
Por eso, y porque los ciudadanos tienen el derecho a saber en que se emplean los recursos del Estado y deben tener conciencia del esfuerzo que cada día realizan los trabajadores penitenciarios para conseguir que aquellos que un día se equivocaron recuperen su sitio en nuestra sociedad.
La vida dentro la cárcel no es fácil. Ni tampoco lo es el trabajo en ella. Sé de la dificultad y la dureza del trabajo de los funcionarios y funcionarias de prisiones. Por ello sólo puedo expresar mi admiración y la del Gobierno de España por aquellos que como Javier, Diego, Antonio, Leopoldo, Francisco Javier, Manuel, Ramón, Jesús Javier, Ángel y José Antonio han dedicado su vida profesional a esta institución. Quiero agradecer de forma especial su dedicación a Roberto, que recibe hoy una condecoración y quien, gracias a su rápida intervención, logró, hace unos meses, salvar la vida de un interno en la prisión de Castellón II.
Y ya para terminar. Quiero, en este acto institucional del día de la Merced, rendir tributo de admiración a un servidor público ejemplar que nos dejó hace muy pocos días. Quiero que el recuerdo entrañable y sincero a Julián Blanco ilumine esta jornada. Que su magisterio como empleado público y su compromiso con una sociedad mejor, más justa y más solidaria nos guíe en la enorme tarea que todos y todas tenemos por delante. Gracias Julián. Buenas tardes, mucha suerte y feliz día de la Merced.
En primer lugar, atañe a los trabajadores y las trabajadoras que tienen la misión de garantizar el buen funcionamiento de los centros penitenciarios y a los internos e internas que cumplen su deuda con la sociedad en ellos.
Pero esta fiesta también nos concierne a quienes, de una u otra forma, estamos comprometidos con el Estado de Derecho y tenemos la responsabilidad de garantizar los derechos y las libertades de los ciudadanos. En una sociedad moderna y avanzada como la española es imposible entender la justicia, la seguridad y la libertad individual y colectiva, sin la existencia de un sistema penitenciario eficaz, entendido como responsabilidad compartida por la totalidad de la sociedad.
Por ello, la Merced es también la fiesta de los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, por su compromiso perpetuo e imprescindible con el adecuado funcionamiento del sistema; de los jueces, los fiscales y el conjunto de funcionarios y funcionarias que conforman la Administración de Justicia; de las distintas entidades públicas y privadas que trabajan con nuestros centros; de las empresas que generan actividad y empleo en los talleres; de los voluntarios y voluntarias y de tantas personas que contribuyen a mejorar nuestro sistema público penitenciario. Gracias a todos por vuestra colaboración.
Permitidme que haga aquí mención especial al personal de los servicios sanitarios penitenciarios y a los profesionales de la sanidad pública valenciana que día a día ejercitan la dignidad de su compromiso social en favor de la calidad de vida de los reclusos y reclusas de nuestras prisiones. Las obras de ampliación y mejora del módulo de judiciales del Hospital General de Castellón, concluidas este año, nos posibilitan la prestación de ese servicio esencial en condiciones de mayor calidad.
La provincia de Castellón cuenta, como todos sabéis, con dos centros penitenciarios que albergan cerca de 2.600 reclusos y en los que desarrollan su actividad profesional 860 empleados públicos. Al frente de los mismos se encuentran dos magníficos equipos directivos, liderados por Olga Ballesteros en Castellón I y Ana Acosta en Castellón II.
Ambos centros, a pesar del gran número de internos que deben ser atendidos, están especialmente ocupados en el desarrollo de programas terapéuticos y de reinserción de calidad. Gracias a ese esfuerzo, 426 internos e internas cursan estudios reglados no universitarios, 225 están matriculados en diversas especialidades de Formación Profesional, y 638 participan en programas deportivos y ocupacionales. En nuestros dos centros, 381 reclusos y reclusas tienen un puesto de trabajo remunerado, por el que cotizan, como el resto de empleados de nuestro país, a la Seguridad Social. Además, los programas específicos de intervención, como los destinados a condenados por violencia de género y drogodependientes, los talleres de igualdad de género, de desarrollo personal, de mediación en salud, etc. incorporan a 836 internos.
Durante este año, así mismo, se ha hecho un esfuerzo importante para posibilitar el cumplimiento eficaz de las penas de trabajo en beneficio de la comunidad. En estos momentos, 33 ayuntamientos de la provincia han firmado convenios con Instituciones Penitenciarias para proveer 196 plazas de cumplimiento. A ello hay que añadir 173 plazas ofertadas por 20 organizaciones públicas y privadas.
Los profesionales de nuestros centros penitenciarios están gestionando, también de forma ejemplar, los módulos de respeto de hombres y de mujeres en Castellón I o las dos unidades terapéuticas y educativas de Castellón II. En estos módulos de especial intervención se apuesta por el encuentro permanente entre profesionales e internos. Un modo de hacer donde priman la cohesión, la solidaridad, la comunicación y la tolerancia.
Gracias a la excelente labor de esos profesionales, a su esfuerzo constante y a su gran preparación, este año las unidades terapéuticas y educativas de Castellón II han sido galardonadas con la Mención Honorífica a las Buenas Prácticas en el Sistema Penitenciario. Dicho premio está siendo recogido en estos momentos de las manos del ministro del Interior, por la directora de Castellón II, acompañada de un educador y un interno del centro. Por este motivo, Ana Acosta no ha podido acompañarnos hoy y está siendo representada por el subdirector médico del centro.
Esta es también la realidad de nuestras prisiones. Más allá de titulares mediáticos; más allá de incomprensiones atávicas. Nuestros centros penitenciarios son instituciones vivas y vividas. Por ello tenemos la obligación dar a conocer lo mucho y bueno que se hace en ellas.
Por eso, y porque los ciudadanos tienen el derecho a saber en que se emplean los recursos del Estado y deben tener conciencia del esfuerzo que cada día realizan los trabajadores penitenciarios para conseguir que aquellos que un día se equivocaron recuperen su sitio en nuestra sociedad.
La vida dentro la cárcel no es fácil. Ni tampoco lo es el trabajo en ella. Sé de la dificultad y la dureza del trabajo de los funcionarios y funcionarias de prisiones. Por ello sólo puedo expresar mi admiración y la del Gobierno de España por aquellos que como Javier, Diego, Antonio, Leopoldo, Francisco Javier, Manuel, Ramón, Jesús Javier, Ángel y José Antonio han dedicado su vida profesional a esta institución. Quiero agradecer de forma especial su dedicación a Roberto, que recibe hoy una condecoración y quien, gracias a su rápida intervención, logró, hace unos meses, salvar la vida de un interno en la prisión de Castellón II.
Y ya para terminar. Quiero, en este acto institucional del día de la Merced, rendir tributo de admiración a un servidor público ejemplar que nos dejó hace muy pocos días. Quiero que el recuerdo entrañable y sincero a Julián Blanco ilumine esta jornada. Que su magisterio como empleado público y su compromiso con una sociedad mejor, más justa y más solidaria nos guíe en la enorme tarea que todos y todas tenemos por delante. Gracias Julián. Buenas tardes, mucha suerte y feliz día de la Merced.
24 septiembre 2009
Discurso con motivo de la celebración de Nuestra Señora de la Merced en el Centro Penitenciario Castellón II en 2009
La de hoy es una jornada histórica para todos nosotros porque, por primera vez, celebramos la festividad de la Merced en Albocàsser, en el nuevo Centro Penitenciario Castellón II, que cumple ahora su primer año de vida. Y, aunque siempre es difícil y complicado poner en marcha un centro de estas características, creo que podemos decir, sin caer en la autocomplacencia, que las cosas han ido razonablemente bien durante este tiempo, gracias a la profesionalidad del personal que presta servicio en estas instalaciones, al buen hacer del equipo directivo que encabeza Ana Acosta y a las políticas impulsadas por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias del Gobierno de España.
Decía el presidente Azaña que “La libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres”. Yo creo que don Manuel estaba en lo cierto; la libertad convierte a los seres humanos en hombres y mujeres en toda su plenitud. No ha de sorprender que hablemos de libertad en un centro penitenciario. Porque todos tenemos ante nosotros un reto importante: conseguir que el mayor número posible de internos e internas alcance su plenitud como hombres y como mujeres una vez hayan cumplido su pena. Ayudar a los reclusos a reconocer sus errores, a rectificar y a poner rumbo hacia una vida de plenitud ciudadana, de compromiso social, supone un reto apasionante del que nuestra sociedad no puede abdicar. Debemos contribuir a que se sientan nuevamente hombres y mujeres libres.
Decía antes que Castellón II cumple su primer año de existencia. Un corto pero intenso trayecto, que os ha permitido poner en funcionamiento con la máxima eficacia esta infraestructura penitenciaria. A pesar de la complejidad del proceso, la normalidad ha sido la tónica dominante en el día a día de Castellón II, un centro que ya cuenta con 1.649 internos, 205 de los cuales realizan un trabajo remunerado. De estas personas que gozan de un puesto de trabajo y de un sueldo, 50 trabajan para las cuatro empresas externas que se han instalado en los talleres productivos de la prisión.
El trabajo es importante, sin duda, pero también lo es la formación. Por ello, 310 internos están siguiendo un curso de formación laboral que cuenta con distintas especialidades como lavandero-planchador, viverista, jardinero, electricista, soldador o informático a nivel de usuario. El objetivo final no es otro que la reinserción de estas personas en el mercado laboral, una vez que hayan cumplido condena que les ha conducido a prisión.
El sistema penitenciario español mantiene a los presos y penados en los centros en condiciones de dignidad, a lo que contribuye, sin duda, la práctica del deporte. En este centro de Albocàsser se hace más visible esta circunstancia, por tratarse de unas muy modernas instalaciones deportivas perfectamente equipadas, en las que alrededor de 450 internos practican varios deportes: fundamentalmente fútbol, fútbol-sala y pelota valenciana.
Castellón II es la novedad del último año en la provincia, pero no nos podemos olvidar del veterano centro de Castellón I, dirigido con gran acierto por Olga Ballesteros y su equipo. La prisión de la carretera de l’Alcora ha sufrido históricamente un problema de sobrepoblación. En la actualidad acoge a un total de 776 internos, una cifra importante, sin duda, pero inferior a la que se registraba hace tan sólo unos meses. Respecto a abril de 2009, se ha producido un descenso de la población reclusa de casi el 6%. Ahora Castellón I cuenta con 70 presos menos que el pasado mes de abril.
Sucede que España tiene una muy elevada población penitenciaria, sobre todo si comparamos nuestra realidad con la de otros países europeos de nuestro entorno. Esta elevada cantidad de internos tiene que ver con las particularidades del sistema judicial español, y con la eficacia del trabajo policial desarrollado por el Cuerpo Nacional de Policía y por la Guardia Civil. El generoso trabajo de los integrantes de ambos cuerpos está permitiendo reducir significativamente las tasas de criminalidad y aumentar de forma importante el índice de eficacia policial y la cifra de detenidos.
Como no podía ser de otro modo, a los funcionarios y funcionarias de Instituciones Penitenciarias que prestáis servicio en Castellón I y en Castellón II quiero agradeceros en nombre del Gobierno de España, y del conjunto de la sociedad, la extraordinaria labor que desarrolláis.
La gente no sabe mucho de las prisiones, ni de quien en ellas trabajáis a diario. Quizá porque no quiera saber; quizá porque vivimos en una sociedad que prefiere negar la evidencia de lo que no gusta. Por eso debéis reivindicaros; debemos reivindicar la dignidad del servicio público penitenciario. Sin vuestro trabajo la sociedad sería mucho menos libre, porque, sencillamente, sería mucho menos segura. Gracias por vuestro compromiso con todos nosotros, por tanto esfuerzo, por tanta dedicación. Por ser capaces de superar los retos emocionales del quehacer diario; o las incomprensiones generadas por avatares desgraciados.
Sin vuestra profesionalidad nuestros centros penitenciarios no podrían afrontar los múltiples programas rehabilitadores que están en marcha. Como los conveniados por Castellón I con la Universitat Jaume I, que permiten el desarrollo del practicum de los alumnos de Psicología y Derecho en el propio centro penitenciario o la realización de trabajos de los condenados en beneficio de la comunidad.
O la colaboración con la Agencia para la Mediación y la Integración y la Convivencia Social del Ayuntamiento de Castellón para poner en marcha programas de intervención con internos extranjeros.
Otras entidades como Cruz Roja, Patim, Proyecto Amigó o Pastoral Penitenciaria también colaboran con nuestras prisiones, a través de diversas actividades y programas. Hoy, en Madrid, el ministro Rubalcaba está entregando a la Fundación Patim, en la persona de su presidente Francisco López, la medalla de plata al Mérito Social Penitenciario como reconocimiento público a la importantísima tarea que realizáis.
Quiero dar las gracias a todas las asociaciones e instituciones que ayudan a los centros penitenciarios de la provincia de Castellón a poner en marcha una amplia gama de actividades rehabilitadoras a favor de los presos. Muchas gracias por vuestro compromiso. A vosotros, y a las empresas que colaboran para que los internos puedan disfrutar de un trabajo remunerado intramuros.
Para concluir quiero personalizar mi admiración y agradecimiento hacia todos vosotros en los servidores públicos a los que ahora se les hará entrega de las menciones honoríficas, gracias a Antonio Carretero, Santiago Rincón, Julio Blázquez, Emilio Llanos, Ester Guzmán, José Luis Martín y Manuel Burgos. Representáis los valores de compromiso y vocación de servicio en los que todos creemos.
Buenas tardes, mucha suerte y feliz día de la Merced. Muchas Gracias
Decía el presidente Azaña que “La libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres”. Yo creo que don Manuel estaba en lo cierto; la libertad convierte a los seres humanos en hombres y mujeres en toda su plenitud. No ha de sorprender que hablemos de libertad en un centro penitenciario. Porque todos tenemos ante nosotros un reto importante: conseguir que el mayor número posible de internos e internas alcance su plenitud como hombres y como mujeres una vez hayan cumplido su pena. Ayudar a los reclusos a reconocer sus errores, a rectificar y a poner rumbo hacia una vida de plenitud ciudadana, de compromiso social, supone un reto apasionante del que nuestra sociedad no puede abdicar. Debemos contribuir a que se sientan nuevamente hombres y mujeres libres.
Decía antes que Castellón II cumple su primer año de existencia. Un corto pero intenso trayecto, que os ha permitido poner en funcionamiento con la máxima eficacia esta infraestructura penitenciaria. A pesar de la complejidad del proceso, la normalidad ha sido la tónica dominante en el día a día de Castellón II, un centro que ya cuenta con 1.649 internos, 205 de los cuales realizan un trabajo remunerado. De estas personas que gozan de un puesto de trabajo y de un sueldo, 50 trabajan para las cuatro empresas externas que se han instalado en los talleres productivos de la prisión.
El trabajo es importante, sin duda, pero también lo es la formación. Por ello, 310 internos están siguiendo un curso de formación laboral que cuenta con distintas especialidades como lavandero-planchador, viverista, jardinero, electricista, soldador o informático a nivel de usuario. El objetivo final no es otro que la reinserción de estas personas en el mercado laboral, una vez que hayan cumplido condena que les ha conducido a prisión.
El sistema penitenciario español mantiene a los presos y penados en los centros en condiciones de dignidad, a lo que contribuye, sin duda, la práctica del deporte. En este centro de Albocàsser se hace más visible esta circunstancia, por tratarse de unas muy modernas instalaciones deportivas perfectamente equipadas, en las que alrededor de 450 internos practican varios deportes: fundamentalmente fútbol, fútbol-sala y pelota valenciana.
Castellón II es la novedad del último año en la provincia, pero no nos podemos olvidar del veterano centro de Castellón I, dirigido con gran acierto por Olga Ballesteros y su equipo. La prisión de la carretera de l’Alcora ha sufrido históricamente un problema de sobrepoblación. En la actualidad acoge a un total de 776 internos, una cifra importante, sin duda, pero inferior a la que se registraba hace tan sólo unos meses. Respecto a abril de 2009, se ha producido un descenso de la población reclusa de casi el 6%. Ahora Castellón I cuenta con 70 presos menos que el pasado mes de abril.
Sucede que España tiene una muy elevada población penitenciaria, sobre todo si comparamos nuestra realidad con la de otros países europeos de nuestro entorno. Esta elevada cantidad de internos tiene que ver con las particularidades del sistema judicial español, y con la eficacia del trabajo policial desarrollado por el Cuerpo Nacional de Policía y por la Guardia Civil. El generoso trabajo de los integrantes de ambos cuerpos está permitiendo reducir significativamente las tasas de criminalidad y aumentar de forma importante el índice de eficacia policial y la cifra de detenidos.
Como no podía ser de otro modo, a los funcionarios y funcionarias de Instituciones Penitenciarias que prestáis servicio en Castellón I y en Castellón II quiero agradeceros en nombre del Gobierno de España, y del conjunto de la sociedad, la extraordinaria labor que desarrolláis.
La gente no sabe mucho de las prisiones, ni de quien en ellas trabajáis a diario. Quizá porque no quiera saber; quizá porque vivimos en una sociedad que prefiere negar la evidencia de lo que no gusta. Por eso debéis reivindicaros; debemos reivindicar la dignidad del servicio público penitenciario. Sin vuestro trabajo la sociedad sería mucho menos libre, porque, sencillamente, sería mucho menos segura. Gracias por vuestro compromiso con todos nosotros, por tanto esfuerzo, por tanta dedicación. Por ser capaces de superar los retos emocionales del quehacer diario; o las incomprensiones generadas por avatares desgraciados.
Sin vuestra profesionalidad nuestros centros penitenciarios no podrían afrontar los múltiples programas rehabilitadores que están en marcha. Como los conveniados por Castellón I con la Universitat Jaume I, que permiten el desarrollo del practicum de los alumnos de Psicología y Derecho en el propio centro penitenciario o la realización de trabajos de los condenados en beneficio de la comunidad.
O la colaboración con la Agencia para la Mediación y la Integración y la Convivencia Social del Ayuntamiento de Castellón para poner en marcha programas de intervención con internos extranjeros.
Otras entidades como Cruz Roja, Patim, Proyecto Amigó o Pastoral Penitenciaria también colaboran con nuestras prisiones, a través de diversas actividades y programas. Hoy, en Madrid, el ministro Rubalcaba está entregando a la Fundación Patim, en la persona de su presidente Francisco López, la medalla de plata al Mérito Social Penitenciario como reconocimiento público a la importantísima tarea que realizáis.
Quiero dar las gracias a todas las asociaciones e instituciones que ayudan a los centros penitenciarios de la provincia de Castellón a poner en marcha una amplia gama de actividades rehabilitadoras a favor de los presos. Muchas gracias por vuestro compromiso. A vosotros, y a las empresas que colaboran para que los internos puedan disfrutar de un trabajo remunerado intramuros.
Para concluir quiero personalizar mi admiración y agradecimiento hacia todos vosotros en los servidores públicos a los que ahora se les hará entrega de las menciones honoríficas, gracias a Antonio Carretero, Santiago Rincón, Julio Blázquez, Emilio Llanos, Ester Guzmán, José Luis Martín y Manuel Burgos. Representáis los valores de compromiso y vocación de servicio en los que todos creemos.
Buenas tardes, mucha suerte y feliz día de la Merced. Muchas Gracias
24 septiembre 2008
Discurso con motivo de la celebración de Nuestra Señora de la Merced en el Centro Penitenciario Castellón I en 2008
Permitidme, antes de iniciar esta intervención, manifestar la más absoluta repulsa del Gobierno al fanatismo criminal de quienes quieren quebrar nuestra democracia a través de la violencia. Luis Conde fue asesinado el pasado domingo por la tiranía de la sinrazón etarra. Por él y por tantos como él, por sus familiares y amigos, por nuestra dignidad y nuestra libertad hemos de seguir trabajando con la fortaleza de la convicción para erradicar definitivamente el terror de nuestras vidas.
Un año más tengo la satisfacción de dirigirme a todos vosotros en el día de la Merced. De nuevo estamos aquí para celebrar el día de la patrona de las Instituciones Penitenciarias.
Lo hacemos, este año, con novedades importantes. Olga, esta es tu primera Merced como directora de este Centro. Hace poco más de tres meses te pusiste al frente de un magnífico equipo humano y profesional, del que tú misma has formado parte durante muchos años. Sé que este es el reconocimiento a una trayectoria profesional ejemplar; y tengo el convencimiento de que sabrás trasladar tu buen juicio y tu capacidad a toda la organización que diriges.
Sustituyes a un excelente compañero y a un hombre que durante años supo imprimir en este centro su vocación de servicio público y su buen hacer. Querido Antonio, gracias por todo cuanto nos has dado y ánimo para continuar con el mismo nivel de exigencia y dedicación en tu nuevo destino.
Esta es la primera Merced también del nuevo Centro Penitenciario Castellón II. Ana, bienvenida a esta tierra. Has asumido el encargo de poner en funcionamiento una penitenciaría modélica y de dirigir un equipo de más de 500 hombres y mujeres dispuestos a trabajar para que así sea. Pese a tu juventud tienes ya un largo recorrido profesional en el sistema penitenciario español. Los centros de Melilla y Topas, en Salamanca, conocen ya de tu capacidad para ahormar equipos e impulsar estrategias que favorezcan el adecuado funcionamiento del sistema. Sabéis, Olga y Ana, que el Gobierno tiene plena confianza en vosotras para llevar adelante vuestra encomiable tarea. No tengo ninguna duda de que nuestra sociedad es mejor si nuestras prisiones son mejores. Por eso os deseo lo mejor; vuestro éxito profesional será el de todos nosotros.
Hace casi 800 años, el 10 de agosto de 1218 Pedro Nolasco, gracias al apoyo y el impulso del rey Jaume I, fundó en Barcelona la Orden de los Mercedarios. Inicialmente encaminada al rescate y cuidado de los cristianos cautivos, a lo largo de los siglos fue derivando en la atención a las necesidades más acuciantes de los presos. Esa progresión se ha ido acelerando en los últimos tiempos.
Fijaos, hace ya dos siglos, en 1812, nuestra primera Constitución determinaba que: “Se dispondrán las cárceles de manera que sirvan para asegurar y no para molestar a los presos: así el alcaide tendrá a éstos en buena custodia y separados los que el juez mande tener sin comunicación; pero nunca en calabozos subterráneos ni malsanos”.
166 años después, la Constitución de 1978, en su artículo 25, establecía que: “Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados.”
Ese recorrido ha estado surcado por el compromiso de hombres y mujeres clarividentes, como Concepción Arenal, Rafael Salillas, Jiménez de Asúa o Victoria Kent, que tuvieron el arrojo de romper prejuicios y promover cambios revolucionarios que han permitido a lo largo del tiempo mejorar nuestro sistema penitenciario.
A menudo, en el debate público, se cuestiona la progresión humanitaria y dignificadora de nuestro régimen de cumplimiento penal. Frente a ello tenemos la obligación de explicar a la sociedad que ese proceso es fruto de décadas de experiencias y reflexiones que nos mostraron la línea a seguir, a pesar de las dificultades. Un caso paradigmático es la implantación experimental en 1889, en la prisión de Ceuta, del método de clasificación de reclusos de Walter Crofton. Establecía como medida para la reeducación de los internos cuatro grados: celular, instructivo, intermedio y de circulación libre o libertad condicional. Las críticas fueron furibundas. Años después, en 1901, se extendía el método Crofton a todas las prisiones españolas, y aún hoy perdura actualizado. Hemos de seguir trabajando para mejorar nuestro sistema penitenciario, aprovechando la experiencia vivida y las posibilidades que nos ofrecen las tecnologías actuales y explicando a la sociedad cómo lo hacemos.
Ese movimiento permanente en busca de mayor eficacia y más dignidad lo protagonizáis a diario los funcionarios y las funcionarias de este centro. Gracias a vosotros se han puesto en marcha multitud de programas rehabilitadores. A lo largo de este año habéis organizado dos semanas culturales en torno al desarrollo sostenible y la multiculturalidad; habéis promovido programas de fomento de la lectura, talleres formativo-ocupacionales, y salidas programadas, entre ellas el peregrinaje por el Camino de Santiago; se han impulsado campañas con internos drogodependientes, con condenados por delitos de género y agresión sexual, programas de desarrollo personal con mujeres e internos extranjeros, de formación para el empleo, etc.
Todas estas iniciativas serían inviables sin la generosidad y el compromiso de las entidades, instituciones y empresas que colaboran con los fines sociales que nuestra institución persigue. Quiero aquí manifestar mi agradecimiento y el del Gobierno de España a las empresas TAU Cerámica, Stratos, Onix, Vidrepur y Estampaciones Metálicas que mantienen abiertos talleres productivos dentro de la prisión dando trabajo a más de 80 internos, y a las asociaciones PATIM, Proyecto Amigó, RETO, ARACA, a las UCAs de Castellón y provincia, Cruz Roja, Tots Units, Fundación “La Caixa”, Grupo Ávacos, Instituto Inter y Pastoral Penitenciaria sin cuya ayuda sería imposible desarrollar los programas terapéuticos que acabamos de nombrar.
Decía Miguel Hernández, desde su presido en Alicante, que “cada ciudad dormida exhala un silencio de cárcel”. Yo no creo en las cárceles silenciosas. Las creo vívidas, sentidas, intensas. Son parte de la sociedad y nada de ella les es ajeno. Como una escuela o un hospital. Y así hemos de entenderlas. Gracias, una vez más, a las personas y organizaciones que nos ayudáis a que quienes aquí están justamente privados de libertad no pierdan su dignidad.
Mercedes Gallizo, secretaria general de Instituciones Penitenciarias, ha dicho que: “El estado ha encomendado a esta institución una tarea extraordinariamente importante para la seguridad del país: custodiar a las personas que los jueces han decidido que deben pasar un tiempo privadas de libertad y proteger a la sociedad del riesgo que pueden representar para la libertad de los demás, y también ayudar a que el tiempo que permanecen en nuestra institución les sirva para reincorporarse a la sociedad como personas insertadas. Somos servidores del estado y por eso nos acompaña un plus de responsabilidad que asumimos con orgullo, pero que también queremos que sea reconocido.”
Este ha de ser un acto público de reconocimiento sincero a vuestro trabajo. En los próximos meses, cuando se complete el catálogo de Castellón II, seréis casi 800 los funcionarios y funcionarias que prestaréis vuestro servicio público penitenciario en nuestra provincia. A todos y a todas, cualesquieran que sean los destinos que ocupáis, mi más sentida admiración. Os necesitamos; vuestro trabajo es imprescindible para que esta sociedad avance en pos de la justicia, la libertad y la seguridad para todos.
Marco Antonio, Antonio, Salvador, Juan Antonio en vosotros personalizamos hoy ese reconocimiento. Gracias, muchas gracias. Representáis como nadie los valores de vocación y compromiso en los que creemos los servidores públicos. Enhorabuena por vuestros 25 años de servicio.
Muchas gracias
Un año más tengo la satisfacción de dirigirme a todos vosotros en el día de la Merced. De nuevo estamos aquí para celebrar el día de la patrona de las Instituciones Penitenciarias.
Lo hacemos, este año, con novedades importantes. Olga, esta es tu primera Merced como directora de este Centro. Hace poco más de tres meses te pusiste al frente de un magnífico equipo humano y profesional, del que tú misma has formado parte durante muchos años. Sé que este es el reconocimiento a una trayectoria profesional ejemplar; y tengo el convencimiento de que sabrás trasladar tu buen juicio y tu capacidad a toda la organización que diriges.
Sustituyes a un excelente compañero y a un hombre que durante años supo imprimir en este centro su vocación de servicio público y su buen hacer. Querido Antonio, gracias por todo cuanto nos has dado y ánimo para continuar con el mismo nivel de exigencia y dedicación en tu nuevo destino.
Esta es la primera Merced también del nuevo Centro Penitenciario Castellón II. Ana, bienvenida a esta tierra. Has asumido el encargo de poner en funcionamiento una penitenciaría modélica y de dirigir un equipo de más de 500 hombres y mujeres dispuestos a trabajar para que así sea. Pese a tu juventud tienes ya un largo recorrido profesional en el sistema penitenciario español. Los centros de Melilla y Topas, en Salamanca, conocen ya de tu capacidad para ahormar equipos e impulsar estrategias que favorezcan el adecuado funcionamiento del sistema. Sabéis, Olga y Ana, que el Gobierno tiene plena confianza en vosotras para llevar adelante vuestra encomiable tarea. No tengo ninguna duda de que nuestra sociedad es mejor si nuestras prisiones son mejores. Por eso os deseo lo mejor; vuestro éxito profesional será el de todos nosotros.
Hace casi 800 años, el 10 de agosto de 1218 Pedro Nolasco, gracias al apoyo y el impulso del rey Jaume I, fundó en Barcelona la Orden de los Mercedarios. Inicialmente encaminada al rescate y cuidado de los cristianos cautivos, a lo largo de los siglos fue derivando en la atención a las necesidades más acuciantes de los presos. Esa progresión se ha ido acelerando en los últimos tiempos.
Fijaos, hace ya dos siglos, en 1812, nuestra primera Constitución determinaba que: “Se dispondrán las cárceles de manera que sirvan para asegurar y no para molestar a los presos: así el alcaide tendrá a éstos en buena custodia y separados los que el juez mande tener sin comunicación; pero nunca en calabozos subterráneos ni malsanos”.
166 años después, la Constitución de 1978, en su artículo 25, establecía que: “Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados.”
Ese recorrido ha estado surcado por el compromiso de hombres y mujeres clarividentes, como Concepción Arenal, Rafael Salillas, Jiménez de Asúa o Victoria Kent, que tuvieron el arrojo de romper prejuicios y promover cambios revolucionarios que han permitido a lo largo del tiempo mejorar nuestro sistema penitenciario.
A menudo, en el debate público, se cuestiona la progresión humanitaria y dignificadora de nuestro régimen de cumplimiento penal. Frente a ello tenemos la obligación de explicar a la sociedad que ese proceso es fruto de décadas de experiencias y reflexiones que nos mostraron la línea a seguir, a pesar de las dificultades. Un caso paradigmático es la implantación experimental en 1889, en la prisión de Ceuta, del método de clasificación de reclusos de Walter Crofton. Establecía como medida para la reeducación de los internos cuatro grados: celular, instructivo, intermedio y de circulación libre o libertad condicional. Las críticas fueron furibundas. Años después, en 1901, se extendía el método Crofton a todas las prisiones españolas, y aún hoy perdura actualizado. Hemos de seguir trabajando para mejorar nuestro sistema penitenciario, aprovechando la experiencia vivida y las posibilidades que nos ofrecen las tecnologías actuales y explicando a la sociedad cómo lo hacemos.
Ese movimiento permanente en busca de mayor eficacia y más dignidad lo protagonizáis a diario los funcionarios y las funcionarias de este centro. Gracias a vosotros se han puesto en marcha multitud de programas rehabilitadores. A lo largo de este año habéis organizado dos semanas culturales en torno al desarrollo sostenible y la multiculturalidad; habéis promovido programas de fomento de la lectura, talleres formativo-ocupacionales, y salidas programadas, entre ellas el peregrinaje por el Camino de Santiago; se han impulsado campañas con internos drogodependientes, con condenados por delitos de género y agresión sexual, programas de desarrollo personal con mujeres e internos extranjeros, de formación para el empleo, etc.
Todas estas iniciativas serían inviables sin la generosidad y el compromiso de las entidades, instituciones y empresas que colaboran con los fines sociales que nuestra institución persigue. Quiero aquí manifestar mi agradecimiento y el del Gobierno de España a las empresas TAU Cerámica, Stratos, Onix, Vidrepur y Estampaciones Metálicas que mantienen abiertos talleres productivos dentro de la prisión dando trabajo a más de 80 internos, y a las asociaciones PATIM, Proyecto Amigó, RETO, ARACA, a las UCAs de Castellón y provincia, Cruz Roja, Tots Units, Fundación “La Caixa”, Grupo Ávacos, Instituto Inter y Pastoral Penitenciaria sin cuya ayuda sería imposible desarrollar los programas terapéuticos que acabamos de nombrar.
Decía Miguel Hernández, desde su presido en Alicante, que “cada ciudad dormida exhala un silencio de cárcel”. Yo no creo en las cárceles silenciosas. Las creo vívidas, sentidas, intensas. Son parte de la sociedad y nada de ella les es ajeno. Como una escuela o un hospital. Y así hemos de entenderlas. Gracias, una vez más, a las personas y organizaciones que nos ayudáis a que quienes aquí están justamente privados de libertad no pierdan su dignidad.
Mercedes Gallizo, secretaria general de Instituciones Penitenciarias, ha dicho que: “El estado ha encomendado a esta institución una tarea extraordinariamente importante para la seguridad del país: custodiar a las personas que los jueces han decidido que deben pasar un tiempo privadas de libertad y proteger a la sociedad del riesgo que pueden representar para la libertad de los demás, y también ayudar a que el tiempo que permanecen en nuestra institución les sirva para reincorporarse a la sociedad como personas insertadas. Somos servidores del estado y por eso nos acompaña un plus de responsabilidad que asumimos con orgullo, pero que también queremos que sea reconocido.”
Este ha de ser un acto público de reconocimiento sincero a vuestro trabajo. En los próximos meses, cuando se complete el catálogo de Castellón II, seréis casi 800 los funcionarios y funcionarias que prestaréis vuestro servicio público penitenciario en nuestra provincia. A todos y a todas, cualesquieran que sean los destinos que ocupáis, mi más sentida admiración. Os necesitamos; vuestro trabajo es imprescindible para que esta sociedad avance en pos de la justicia, la libertad y la seguridad para todos.
Marco Antonio, Antonio, Salvador, Juan Antonio en vosotros personalizamos hoy ese reconocimiento. Gracias, muchas gracias. Representáis como nadie los valores de vocación y compromiso en los que creemos los servidores públicos. Enhorabuena por vuestros 25 años de servicio.
Muchas gracias
24 septiembre 2007
Discurso con motivo de la celebración de Nuestra Señora de la Merced en el Centro Penitenciario de Castellón en 2007
Tengo la satisfacción de dirigirme por primera vez a vosotros y a vosotras en el día de la celebración de la Merced… y me gustaría comenzar leyendo este testimonio:
“Era yo un chico de las calles y no fui a escuela alguna. Robé para subsistir y dormí en techos y subterráneos de la inmensa y salvaje ciudad de Nueva York. De haber permanecido en las calles no hubiera sabido quizá que rumbo tomar. Me sacaron de ellas, fui enviado a la cárcel, y he aquí que algo que la mayoría hubiera considerado una gran injusticia resultó ser lo mejor que pudo sucederme nunca. En la prisión no experimenté la absurda torpeza de la juventud; en ella tuve que tratar con hombres, (con tristes hombres), y con el tiempo (tres años en total), tiempo en que leí miles de grandes libros. Cuando abandoné el lugar a los 20 años de edad, era un autodidacta en humanidades. Esto no significa que la prisión sea un buen lugar, por supuesto. Cualquier puerta de hierro cerrada sobre un hombre es algo triste y terrible. Pero no está en mi idiosincrasia rechazar algo desagradable cuando ese algo, de alguna extraña manera me ha sido beneficioso.”
Estas palabras corresponden a Gregory Corso, quien a pesar de estar internado en instituciones de acogida y reforma desde los trece años, y de haberse criado sólo en las peores calles de Nueva York, tras su paso por la cárcel, abandonó su incipiente carrera como delincuente para convertirse en uno de los mejores poetas norteamericanos de la generación beat.
Queridos amigos, queridas amigas, el testimonio con que he abierto mi intervención recoge con claridad el sentido de la prisión, la razón de ser de vuestro trabajo.
Quiero agradeceros en nombre del Gobierno de España y de tantos Gregorys Corsos anónimos, para los que su paso por la prisión ha supuesto un cambio de rumbo radical en su vida, la extraordinaria labor que desarrolláis en las instituciones penitenciarias de nuestro país.
Sé que vuestro trabajo es a menudo ignorado por el resto de la sociedad. Sé que vuestro esfuerzo no siempre recibe el reconocimiento que merece. Pero quiero que sepáis que a vosotros y a vosotras os debemos que nuestra sociedad sea mucho más segura y mucho más decente. Gracias, por ello, por hacernos a todos más libres.
La eficacia de nuestro sistema penitenciario se fundamenta en vuestra profesionalidad y vuestro compromiso. Pero sería injusto haceros responsables únicos de su buen o mal funcionamiento. Y la Administración penitenciaria lo sabe bien.
Hace ya mucho tiempo que la influencia de Michel Foucault rompió con el panoptismo que había regido las prisiones de los países de nuestro entorno durante la primera mitad del siglo XX. En su Vigilar y castigar, el sabio francés puso radicalmente en cuestión aquellos muros, aquellos cerrojos, aquellas celdas. Y quebró el concepto de vigilancia radial, inspirador de nuestras viejas prisiones modelo, donde un vigilante observaba a multitud de reclusos sin ser visto ni mezclarse con ellos.
Foucault abrió paso a un sistema penitenciario más humano y más responsable, en el que el funcionario dejaba de ser mero vigilante para implicarse directamente en la vida del recluso, conociéndole, sabiendo de sus problemas y siguiendo la evolución de su conducta dándole los medios para que pudiera modificar su comportamiento.
Ahora estamos insertos en un proceso intensivo de socialización y personalización de las políticas penitenciarias que exigen de más y mejores recursos y de una creciente intervención de los agentes sociales en las estrategias de rehabilitación de la población reclusa.
Para ello vamos a seguir ampliando la oferta de programas específicos orientados a determinados tipos de delincuentes. Porque la sociedad precisa que su reinserción, una vez cumplida su condena, sea plena, dejando atrás los comportamientos delincuenciales por los que fueron privados de libertad.
Y continuaremos, asimismo, profundizando en todas aquellas medidas organizativas y tecnológicas que garanticen que quienes cumplen su pena fuera de la prisión lo hagan con las debidas condiciones de seguridad y contribuyendo convenientemente al bien común.
Todo ello requiere, amigos y amigas, del concurso decidido de instituciones, empresas y organizaciones sociales. Y sé que el trabajo impulsado desde la dirección de este centro en ese sentido ha sido encomiable. Hoy tenemos ya varios acuerdos de colaboración con ayuntamientos de la provincia, que ofertan puestos de trabajo para el cumplimiento de penas fuera de la prisión. Y contamos con la confianza y el apoyo decidido de numerosas empresas y organizaciones profesionales y de voluntarios sin las que la prisión no podría llevar a cabo muchas de las actividades rehabilitadoras actuales. A todos quiero trasladaros el agradecimiento del Gobierno. Vuestro compromiso es imprescindible para que nuestro sistema penitenciario sea eficaz.
Voy ya a terminar. La Merced de 2008 contará en nuestra provincia con un nuevo centro penitenciario. En el primer semestre del próximo año entrará en servicio el Centro Penitenciario Castellón II, que junto a los de Estremera en Madrid, Morón de la Frontera y el recién inaugurado del Puerto de Santamaría introducirán la red penitenciaria española en el siglo XXI. No son empeños aislados. El Plan de amortización y creación de centros penitenciarios 2006-2012 contempla la construcción de 14 nuevas prisiones, más de 30 centros de inserción social y cinco unidades para madres.
El Gobierno de España está comprometido decididamente en modernizar nuestro sistema penitenciario con el convencimiento de que así mejorará nuestra sociedad. Sé que los trabajadores y las trabajadoras de este centro estáis viviendo este proceso con un notable esfuerzo personal. Sé que, a pesar del esfuerzo sostenido de la Administración penitenciaria en estos últimos años, vuestras condiciones de trabajo son mejorables. Pero con la misma convicción os digo que el Gobierno no cejará en su apuesta por construir un sistema penitenciario que garantice vuestra plena realización personal y profesional.
Para concluir quiero personalizar mi admiración y agradecimiento hacia todos vosotros en los trabajadores a los que ahora se les hará entrega de las menciones honoríficas. Pedro, Isabel, Pedro Luis, Adolfo, Álvaro Ignacio. Gracias, muchas gracias. Representáis como nadie los valores de vocación y compromiso en los que creemos los servidores públicos. Enhorabuena por vuestros 25 años de servicio.
Muchas gracias
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