martes, 9 de diciembre de 2014

Ser progresista

En este tiempo de trazo grueso y estruendo perpetuo parecen desdibujarse los límites entre ser o no ser progresista. Dicen algunos que ya no sirven las viejas etiquetas de izquierda y derecha, los matices que nos han servido para definir territorios contrapuestos en el entendimiento de la convivencia y del orden social. Puede que tengan razón quienes así piensan. Yo me resisto, no obstante, a ello. Para mí ser progresista es creer que el pasado no puede arruinar el futuro. Que el cielo se toma por convencimiento y no por asalto. Es denunciar la impostura y combatir la deslealtad hacia quienes necesitan compromiso. Y ser firme en lo que iguala sin renunciar a la diferencia. Progresista es, para mí, conmoverse por la cotidianidad privada y desconfiar de la heroicidad pública. Sentir sin perder la razón y razonar sin abandonar el sentimiento. Comprender, aún sin entender, los motivos del otro. Luchar por defender a aquellos y aquellas que obligan a callar. Imaginar espacios intransitados para compartir sueños de igualdad. Ser libre y hacer que otros lo sean, de verdad, sin dominación alguna. Es, también, preferir una sonrisa tierna a una carcajada estruendosa, la palabra al golpe, la lealtad a la fidelidad. Convencer. Denunciar. Conmover. Sentir. Razonar. Comprender. Luchar. Imaginar. Soñar. Igualar. Distinguir. Liberar. Sonreír. Hablar. Escuchar. Futuro. Eso es para mí ser progresista.


Lewis Hine. Little spinner in Globe Cotton Mill. Overseer said she was regularly employed there. Augusta, Ga, January 1909. The U.S. National Archives. Sin restricciones de derechos por autor conocidas