Espero francamente que Alfonso Bataller, el alcalde popularista de Castelló de la Plana, pueda y sepa dar las explicaciones convenientes ante el TSJ valenciano sobre las supuestas irregularidades detectadas en relación con determinadas contrataciones realizadas por la Conselleria de Sanidad con la trama Gürtel siendo él subsecretario de ese departamento del Consell. Lo espero por él y, sobretodo, por la reputación de la ciudad que gobierna. No lo va a tener fácil el alcalde castellonense. Ni él ni los otros cuatro altos cargos del Gobierno valenciano que han sido imputados por el Tribunal Superior en una de las múltiples causas abiertas por las andanzas de los amiguitos del alma en la Generalitat. Habrá que ver qué indicios han llevado al juez a imputar a Bataller y los suyos, pero los antecedentes de todo lo relacionado con Gürtel no parece favorecer la suerte de los aludidos. Dice el magistrado Ceres que los ha citado "habida cuenta de la presunta y aparente intervención relevante en la decisión de las contrataciones", adjudicaciones, recuerdo, que podrían haber derivado en una financiación irregular del PP valenciano. Hace cuatro años que estalló el caso Gürtel y el partido de Rajoy, Cospedal, Camps y los Fabra ha sido incapaz de dar una sola explicación convincente que lo aleje de las prácticas mafiosas denunciadas. La trama se ha convertido en una trituradora sin fin que está desollando vivo al partido que gobierna nuestras instituciones desde hace lustros y, lo que es mucho más grave, está arruinando irremisiblemente la reputación de nuestro país. No sé que dirá Alberto Fabra de todo esto, pero algo tendrá que decir. Y, por encima de todo, algo deberá de hacer, pero ya.
Mostrando entradas con la etiqueta alcalde. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alcalde. Mostrar todas las entradas
27 abril 2013
29 enero 2013
Alcaldes y alcaldesas de la dignidad democrática
Este fin de semana los alcaldes y alcaldesas socialistas de Castellón se han encerrado en la delegación provincial del Gobierno valenciano para exigir al Consell el pago de los más de 200 millones de euros que debe a los 135 consistorios castellonenses. Un acto de dignidad democrática, de lealtad para con sus vecinos, de compromiso con sus pueblos. Una deuda que, en muchos casos, arrastra la Generalitat desde los tiempos de la abundancia y que estrangula el presente y el futuro de la mayor parte de nuestros municipios. Representaban los ediles socialistas a otros muchos que, también desde las filas de los Fabra, callan en público lo que claman en privado por temor a las represalias políticas. Dicen los jefes de la derecha que es un acto populista, violento han llegado a calificarlo. ¿Mayor violencia institucional que el incumplimiento sistemático de las obligaciones de la Generalitat para con los ayuntamientos? Porque esa deuda es una deuda con la gente, con el pueblo. Una deuda con la sociedad, con todos, que arruina la capacidad de nuestros municipios para generar oportunidades de futuro y garantizar protección a los más vulnerables. Han sido años y años de compromisos incumplidos, de inversiones insatisfechas, de abandono de los ayuntamientos por parte del Consell. Ahora dicen que la caja está vacía y piden confianza. Es la misma caja en la que tantos buscaron y encontraron sus sobresueldos. Salud a los alcaldes y alcaldesas del pueblo, salud a la decencia y a la dignidad democráticas.
03 julio 2012
Rhamsés Ripollés, alcalde de Morella
02 diciembre 2011
Vicent Nebot
Emitido en el programa Castellón en la onda de Onda Cero Castellón el 29 de noviembre de 2011.
Buenos días Lorena:
Buenos días Lorena:
Hace poco más de un mes, en una de las muchas reuniones que he mantenido con alcaldes de los pueblos del interior de nuestra provincia y la Guardia Civil, estuve en Lucena. Al llegar al Ayuntamiento me sorprendió no ver allí al alcalde Vicent Nebot. No se encontraba bien, me dijo Gerardo Beltrán. Una vez concluida la reunión me acerqué a verlo, acompañado del alcalde de Costur, nuestro común amigo Gonzalo Centelles. Vicent estaba agotado aunque seguía teniendo buen aspecto. Hablamos con él durante un tiempo; nos manifestó su preocupación por la recaída, su cansancio por tantas sesiones de quimioterapia. Vicent estaba triste y nos transmitió su dolor.
Este domingo volví a coincidir con Gonzalo en Lucena. Nos abrazamos y recordamos con emoción aquel encuentro. Vicent había muerto. No pudo superar el segundo envite del cáncer en menos de dos años.
![]() |
| Agosto de 2008. Inauguración de las obras de restauración paisajística del antiguo vertedero de Lucena. |
Centenares de amigos y conciudadanos del alcalde Nebot acompañamos a Mari Carmen y sus hijas en ese momento terrible del adiós a un hombre tan especial. Despedimos al amigo, el compañero, al alcalde, al político, al socialista. Lucena lloró la muerte del que durante los últimos 24 años había liderado su vida pública.
Nunca olvidaremos su ironía, su criterio agudo, su sentido común, su sonrisa, su vocación inagotable de servidor público. Y su amor inmenso por Lucena, su tierra y la de los suyos. Aún recuerdo su ilusión, la pasada primavera, al mostrarme la ruta de los Molinos de Agua, por la que tanto había luchado. O su sano orgullo al visitar junto a su amigo del alma, Pepe Fabra, las obras del polideportivo municipal. O la restauración paisajística de la vieja escombrera. O la residencia para mayores. Tantos y tantos sueños de alcalde cumplidos por su tesón, su entrega y su compromiso.
Lucena te llora, querido Vicent. Te lloramos todos. Has sido un gran alcalde y un gran hombre.
A todos y a todas, buena suerte y que la semana les sea propicia. Salud, Lorena.
Con Vicent Nebot y Christina Rodríguez, visitando
la ruta de los Molinos de Agua. Marzo de 2011.
|
18 junio 2011
Ayuntamientos y democracia
Publicado en Mediterráneo el 18 de junio de 2011.
Hace una semana se constituyeron las nuevas corporaciones municipales surgidas de las elecciones del 22 de mayo. Los ciudadanos y las ciudadanas de Castellón elegimos ese día a quienes debían representarnos en nuestros ayuntamientos. Un ejercicio de democracia real: 290.000 castellonenses (el 70 por 100 del electorado) determinamos con nuestro voto quiénes debían asumir el liderazgo institucional de nuestro pueblo o de nuestra ciudad.
Los gobiernos locales, legitimados por la decisión de la ciudadanía, deberán asumir difíciles e importantes retos en el tiempo complejo que estamos viviendo. Sin duda el mayor de ellos será contribuir a crear las condiciones necesarias para la reactivación económica y la generación del empleo en sus municipios. Y en ello los ayuntamientos deben contar, imperiosamente, con la colaboración leal del resto de administraciones públicas. El Gobierno de España, el Govern de la Generalitat y la Diputación han de hacer causa común con la administración local para avanzar en el cambio que precisamos. Hemos de apostar por aquello que nos diferencia en la excelencia, por lo que sabemos hacer bien y nos singulariza en un mundo tremendamente competitivo. Y todo ello sin abandonar la realidad cotidiana, sin dejar a nadie en la estacada, sin renunciar a la exigencia democrática de una recuperación solidaria.
Regeneración económica, sí. Y regeneración política e institucional. Ese es el segundo mandato que deben interpretar los alcaldes y alcaldesas y el conjunto de los munícipes de la acción política del electorado castellonense. Nadie puede entender el resultado de las elecciones como la firma de un cheque en blanco para decidir sin convencer o para actuar sin consensuar.
Vivimos un tiempo crucial en el que tenemos sobre el tablero de juego lo esencial de nuestra forma de vivir y convivir. No es una cuestión menor. Creo, francamente, que es la cuestión mayor. Los ayuntamientos son la administración más próxima al ciudadano, la que la gente sentimos más propia, más nuestra. Son, también, la administración con mayor recorrido histórico, la más venerable. La ciudad, la polis, es el principio de la política; en ella nació la democracia, el gobierno del pueblo.
Pero la democracia no se reduce al ejercicio del voto cada cuatro años. Las elecciones son parte esencial de la democracia; no existe esta sin aquellas, pues es el voto libre y responsable de los ciudadanos y ciudadanas el que legitima la acción de los poderes públicos. Siendo esto así, es imperativo, no obstante, que el ejercicio del gobierno por parte de los gobernantes se lleve a cabo en conversación pública y transparente con una ciudadanía proactiva que vea garantizados los cauces de debate e influencia sobre la gestión de la res publica. Y es que el valor último de la democracia, aquello que la hace fuerte y sólida, es la participación del pueblo en la toma de decisiones de lo que le incumbe.
Para ello es imprescindible que los responsables públicos sepan escuchar lo que dice la gente y explicarle su acción de gobierno. Hablar con razón y con verdad, abiertamente a la ciudadanía. Buscar y encontrar su complicidad para profundizar en la democracia, sin caer en el populismo que termina por acabar con ella. Y hacerlo siempre con lealtad hacia el bien común y las normas que legítimamente nos hemos dado.
Los 135 alcaldes y alcaldesas de Castellón han asumido el compromiso y la responsabilidad de liderar sus pueblos y ciudades en tiempos difíciles. Merecen por ello el respeto de todos y de todas; respeto mutuo que exige reciprocidad hacia la ciudadanía soberana en forma de más y mejor participación en la vida pública.
Hace una semana se constituyeron las nuevas corporaciones municipales surgidas de las elecciones del 22 de mayo. Los ciudadanos y las ciudadanas de Castellón elegimos ese día a quienes debían representarnos en nuestros ayuntamientos. Un ejercicio de democracia real: 290.000 castellonenses (el 70 por 100 del electorado) determinamos con nuestro voto quiénes debían asumir el liderazgo institucional de nuestro pueblo o de nuestra ciudad.
Los gobiernos locales, legitimados por la decisión de la ciudadanía, deberán asumir difíciles e importantes retos en el tiempo complejo que estamos viviendo. Sin duda el mayor de ellos será contribuir a crear las condiciones necesarias para la reactivación económica y la generación del empleo en sus municipios. Y en ello los ayuntamientos deben contar, imperiosamente, con la colaboración leal del resto de administraciones públicas. El Gobierno de España, el Govern de la Generalitat y la Diputación han de hacer causa común con la administración local para avanzar en el cambio que precisamos. Hemos de apostar por aquello que nos diferencia en la excelencia, por lo que sabemos hacer bien y nos singulariza en un mundo tremendamente competitivo. Y todo ello sin abandonar la realidad cotidiana, sin dejar a nadie en la estacada, sin renunciar a la exigencia democrática de una recuperación solidaria.
Regeneración económica, sí. Y regeneración política e institucional. Ese es el segundo mandato que deben interpretar los alcaldes y alcaldesas y el conjunto de los munícipes de la acción política del electorado castellonense. Nadie puede entender el resultado de las elecciones como la firma de un cheque en blanco para decidir sin convencer o para actuar sin consensuar.
Vivimos un tiempo crucial en el que tenemos sobre el tablero de juego lo esencial de nuestra forma de vivir y convivir. No es una cuestión menor. Creo, francamente, que es la cuestión mayor. Los ayuntamientos son la administración más próxima al ciudadano, la que la gente sentimos más propia, más nuestra. Son, también, la administración con mayor recorrido histórico, la más venerable. La ciudad, la polis, es el principio de la política; en ella nació la democracia, el gobierno del pueblo.
Pero la democracia no se reduce al ejercicio del voto cada cuatro años. Las elecciones son parte esencial de la democracia; no existe esta sin aquellas, pues es el voto libre y responsable de los ciudadanos y ciudadanas el que legitima la acción de los poderes públicos. Siendo esto así, es imperativo, no obstante, que el ejercicio del gobierno por parte de los gobernantes se lleve a cabo en conversación pública y transparente con una ciudadanía proactiva que vea garantizados los cauces de debate e influencia sobre la gestión de la res publica. Y es que el valor último de la democracia, aquello que la hace fuerte y sólida, es la participación del pueblo en la toma de decisiones de lo que le incumbe.
Para ello es imprescindible que los responsables públicos sepan escuchar lo que dice la gente y explicarle su acción de gobierno. Hablar con razón y con verdad, abiertamente a la ciudadanía. Buscar y encontrar su complicidad para profundizar en la democracia, sin caer en el populismo que termina por acabar con ella. Y hacerlo siempre con lealtad hacia el bien común y las normas que legítimamente nos hemos dado.
Los 135 alcaldes y alcaldesas de Castellón han asumido el compromiso y la responsabilidad de liderar sus pueblos y ciudades en tiempos difíciles. Merecen por ello el respeto de todos y de todas; respeto mutuo que exige reciprocidad hacia la ciudadanía soberana en forma de más y mejor participación en la vida pública.
01 septiembre 2007
Alcaldes de l'Alcalatén
Publicado en Mediterráneo en septiembre de 2007
Era la media tarde del martes 28 de agosto cuando me confirmaron la gravedad del incendio declarado pocas horas antes en Les Useres. El fuego se había enrocado, había tomado vigor alimentado por el viento y el asfixiante calor ambiental. Toneladas de combustible vegetal estaban a su alcance en nuestros montes y barrancos para ser convertidos en cenizas. Sin quererlo, en muy pocas horas, l’Alcalatén se convertiría en portada de los noticiarios de todos los medios de comunicación.
Les Useres, Costur, Atzaneta, l’Alcora, Llucena, Figueroles. Miles de hectáreas del corazón castellonense se cubrieron de tonos grises. Les confieso que aún ahora, una semana después, siento el olor de la tierra quemada. Pero más allá de la catástrofe, el fuego de l’Alcalatén me ha enseñado el valor y la fuerza de la gente, la solidaridad y el sentimiento de comunidad. Fue admirable el trabajo de cuantos participaron en las tareas de extinción, desde los técnicos del puesto de mando hasta los cientos de bomberos, brigadistas, guardias civiles, pilotos y militares que se jugaron la vida para combatir el fuego. A todos ellos debemos estarles enormemente agradecidos.
Veo ahora los ojos enrojecidos de Delia Valero, la alcaldesa de Les Useres, al recibirme aquella tarde. Su pesar por el dolor de sus vecinos y su fuerza para darles ánimos y para organizar la intendencia. Ella y su gente estuvieron siempre allí, alentando a quienes venían del frente de fuego y preparando cafés, bocadillos, refrescos…
Y Gonzalo, Gonzalo Centelles, casi tres décadas luchando día a día por su pueblo. El jueves por la mañana, después de la noche terrible en que Costur vio las llamas en sus calles, su alcalde acudió al puesto de mando lleno de dolor físico y moral. Sus manos tiznadas de negro y la mirada dura de quien llora la desgracia de su gente.
Era la media tarde del martes 28 de agosto cuando me confirmaron la gravedad del incendio declarado pocas horas antes en Les Useres. El fuego se había enrocado, había tomado vigor alimentado por el viento y el asfixiante calor ambiental. Toneladas de combustible vegetal estaban a su alcance en nuestros montes y barrancos para ser convertidos en cenizas. Sin quererlo, en muy pocas horas, l’Alcalatén se convertiría en portada de los noticiarios de todos los medios de comunicación.
Pero me van a permitir que no insista en cuántos recursos ni en qué estrategia se siguió para reducir el incendio. Los medios de comunicación lo han glosado reiteradamente estos días y no haría aquí más que cansarles si lo hiciera de nuevo. Me interesa más destacar un aspecto sobre el que no se ha escrito tanto, que ha aparecido con mayor discreción en la prensa. Quiero expresar mi reconocimiento al arrojo, a la capacidad de liderazgo y al compromiso de los alcaldes de los municipios afectados.
Recuerdo también la expresión inquieta y preocupada del alcalde de Atzaneta, Ximo Escrig, y su continuo ir y venir. Estuvo alerta en todo momento y junto a sus vecinos cuando el incendio cubrió de desolación sus tierras. Él temía, mucho antes de que ocurriera, lo que acabó ocurriendo.
Los tres fueron ejemplo de servicio y de entrega a sus pueblos. Como Vicent Nebot, de Llucena. Sabía la batalla que estábamos librando; lamentablemente no era su primer gran incendio. Y, por supuesto, estuvo también ahí. Y facilitó con todos los medios a su alcance la instalación en su pueblo del puesto de mando la noche del jueves.
No olvido la voz angustiada de Javier Peris al otro lado del teléfono cuando las llamas se acercaban a la Foia, en l’Alcora. “Las veo llegar”, me decía, “las veo llegar, ya están aquí”. Él también estaba junto a su gente, como siempre. Y Luis Gregori, el alcalde de Figueroles.
Delia, Ximo, Gonzalo, Vicent, Javier, Luis. A todos muchas gracias por saber liderar, por saber luchar, por saber escuchar. Gracias por darnos este ejemplo de lealtad y compromiso.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
