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05 diciembre 2012

Igualdad


Dejó escrito Jean Jacques Rousseau que sólo las sociedades cohesionadas, aquellas, decía, en las que nadie pueda ser tan rico como para comprar a otro, ni tan pobre como para estar obligado a venderse para vivir, pueden garantizar la paz social necesaria para progresar. Hace 250 años que el sabio de Ginebra escribió estas palabras en pro de la igualdad en El contrato social. Hoy las políticas de desinversión pública y descapitalización social impuestas por las élites europeas y nacionales nos conducen, si la ciudadanía no lo remedia, a la destrucción del más preciado valor de nuestras sociedades: la cohesión, la justicia social, la igualdad de oportunidades para todos y todas. El fetichismo del déficit ha convertido la necesaria y deseable austeridad en la gestión de lo público en la coartada perfecta para la liquidación del sueño posible de la igualdad. Es falso que esa sea la vía para garantizar un futuro mejor a las y los europeos. Porque es, precisamente, la identidad igualitaria de la Europa social su más eficaz ventaja competitiva frente a otros modelos de crecimiento y desarrollo. Los Díaz Ferrán de turno, indignos e indecentes devoradores de dignidades y decencias ajenas, no pueden ganar esta batalla, no pueden robarnos también nuestra libertad para ser iguales siendo diferentes.

Demand the Beveridge Plan. 1944.
 London School of Economics Library, vía Flickr.
Documento sin restricciones conocidas de derechos de autor.
Comienza el sueño social europeo.


25 julio 2012

Gregorio Peces-Barba y la España civil

Gregorio Peces-Barba, en los párrafos finales de La España civil (Barcelona: Círculo de Lectores, 2005): "La España civil es la utopía del liberalismo y del socialismo, que otros países han visto como real y que en España siempre se vio frustrada hasta 1978. Estamos impulsando la plenitud de los valores de la modernidad; en eso consiste la España civil. Es la utopía de la seguridad, la utopía hobbesiana. Es la utopía de la libertad de la burguesía ascendente, que quiere el poder político y consigue plenamente la democracia liberal y la abre a todos los ciudadanos. Es la utopía lockiana generalizada. Es también la utopía de la igualdad, originariamente de la clase trabajadora, para disfrutar realmente de la libertad formal que se había otorgado a todos a partir de 1789. Es la utopía del socialismo democrático, la de Héller, Laski y Fernando de los Ríos. Es, finalmente, la utopía de la solidaridad, la de los movimientos sociales que quieren llevar adelante un mundo en condiciones para las generaciones futuras [...]. El impulso moral que supone la España civil implica el rechazo de lo peor del presente y la esperanza de lo mejor, es la condición para que la espera pueda ser esperanza [...]. Es también una ilusión para que no triunfen siempre los realistas, ni los cínicos y los posibilistas de cualquier calaña. Como dijo Weber en 1918, 'toda experiencia histórica confirma la verdad de que el hombre no hubiera obtenido lo posible si no hubiera pugnado una y otra vez por alcanzar los imposible'."