#sanidadpublica - No era difícil de imaginar lo que esta semana concluye un artículo científico publicado en la British Medical Journal (Will austerity cuts dismantle the Spanish healthcare system?, BMJ 2013;346:f2363) sobre el impacto que la liquidación del sistema sanitario público está empezando a tener sobre la salud de los españoles. Era fácil pensar, como ya se denunció, que el apartheid sanitario que sufren casi un millón de extranjeros en situación irregular generaría bolsas de exclusión en las que prosperarían enfermedades prácticamente erradicadas en nuestro país. Y así está siendo. Era fácil pensar que el repago farmacéutico que deben afrontar miles de conciudadanos con dependencia severa y escasos recursos económicos iba a provocar el abandono de tratamientos imprescindibles para esas personas. Y así está ocurriendo. Era fácil pensar que el recorte salvaje en las plantillas del personal sanitario reduciría la calidad de la asistencia sanitaria, con la merma consiguiente de la prevención y el incremento dramático de las listas de espera. Y así viene sucediendo. Era fácil pensar que la laminación de los recursos destinados a la investigación biomédica acabarían por colapsar cientos de proyectos de investigación destinados a combatir enfermedades y a evitar el sufrimiento a miles de personas. Y eso es lo que está pasando. El esfuerzo colectivo y las políticas sanitarias impulsadas en las últimas décadas hicieron de nuestro sistema nacional de salud uno de los más eficientes y eficaces del mundo. Ahora vemos cómo la locura austericida y la fiebre privatizadora de quienes nos gobiernan, las dos caras de una misma moneda, están arruinándolo. No quieren oír hablar de otras fórmulas de gestión que, como en Andalucía, reduzcan costes sin descomponer el sistema. No lo quieren. Quebrada, por falta de recursos asignados a ella, la sanidad pública se abre un espacio infinitamente goloso a los buscadores de burbujas. Y en eso estamos.
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16 junio 2013
06 junio 2013
#FMI , y ahora qué?
Dice la dirección del Fondo Monetario Internacional que con Grecia se les fue la mano. Que las exigencias que planteó la troika para la concesión del primer rescate han resultado contraproducentes por exceso. Lo dicen cuando la sociedad griega ha entrado en coma, desangrada por la orgía austericida que ha condenado a la miseria, al desempleo y a la pérdida de derechos básicos a la mayoría de la población. ¿Y ahora, ahora qué? ¿Qué pasará cuando los dirigentes europeos reconozcan que las políticas liquidacionistas sólo han beneficiado a las élites económicofinancieras que dominan el mercado? ¿Qué quedará entonces de nuestro modelo social, de la más importante ventaja competitiva que tenemos los europeos para prosperar en el mundo multipolar que amanece? El reconocimiento del FMI respecto de Grecia, del daño y el dolor provocado a las personas por el fundamentalismo de la deuda, es un episodio más de la historia de una idea peligrosa. Aquella que ha puesto en el centro de las políticas públicas los números y ha expulsado a la ciudadanía. Algo no va bien, decía Tony Judt en su celebérrimo ensayo. Algo va muy mal cuando el futuro de Europa se está escribiendo contra el pueblo de Europa, contra la gente, contra sus derechos y sus proyectos legítimos de vida, sin dar ninguna explicación que nos haga entender por qué nuestro mundo se diluye bajo nuestros pies. Los huevos de la serpiente de la insolidaridad, del antieuropeismo, del fascismo están siendo incubados con el calor de millones de cuerpos extenuados, yacentes sobre el solar que anhelan los liquidacionistas. Cuando la virtud de la austeridad se convierte en el vicio del austericidio, sí, lo que va mal acabará yendo mucho peor.
Ver también en este blog:
22 abril 2013
La gran mentira de los austericidas
Se hace eco Paul Kugman en la columna que ha publicado en El País este fin de semana ("La depresión del Excel") del error matemático que llevó a modelizar equivocadamente el comportamiento de las economías occidentales en relación con el incremento del déficit y la deuda públicos. Viene a decir el Nobel estadounidense que cuando en 2010 se determinó que un país se aboca al abismo al alcanzar una deuda del 90 por ciento de su PIB se hizo partiendo de un error de tratamiento de los datos por la hoja de cálculo Excel. ¡Ahí es nada! De ser cierto lo que dice Kugman, y otros en las últimas semanas, nos encontraríamos ante un fiasco escalofriante: nada acredita que sea esa u otra cifra la que lleva al punto de no retorno en las cuentas públicas de un país. La razón académica del fundamentalismo austericida, de la supeditación de las políticas de reactivación a la reducción salvaje de los déficits públicos, partiría de cálculos erróneos. Tal vez así fuera, o tal vez lo de menos sea la razón científica y lo de más la voluntad decidida de las élites economicofinancieras europeas y sus capataces gubernamentales por aniquilar nuestro modelo de convivencia con la excusa de la crisis a la que ellos contribuyeron de forma esencial. En todo caso, un motivo más para la desconfianza en quienes dicen que no hay alternativas a la liquidación de lo público. Sabemos que no podemos gastar lo que no tenemos, pero también que hemos que gastar en lo que necesitamos para tener vida. Ese es el espacio de la política.
| Paul Krugman en 2008. Foto de Prolineserver. Bajo licencia GFDL 1.2 |
13 febrero 2013
El viaducto de Contreras y el fetichismo de la desinversión pública
Más de 40 millones de euros es lo que costará a las empresas de transporte el cierre del viaducto de Contreras en la A3 que une Valencia y Madrid. Ese es el coste de la falta de mantenimiento y de los errores de una ejecución deficiente de las obras que a bombo y platillo inauguraran Zaplana y el Gobierno de Aznar hace 15 años. Contreras es un símbolo de cómo hicieron y hacen las cosas quienes nos gobiernan. Un ejemplo, también, de las consecuencias perversas del fetichismo de la desinversión pública. De cómo estamos echando a perder el capital social acumulado durante las últimas décadas. Del deterioro galopante de todo cuanto ha contribuido a la modernización de nuestro país a lo largo de este tiempo. Contreras es nuestra educación, nuestra sanidad, nuestro sistema de protección social, nuestras instituciones, nuestros derechos. Es el pan para hoy y el hambre para un mañana demoledor. Llegará ese día, si no lo remediamos, en que al despertar de esta pesadilla encontraremos las ruinas de lo que un día creímos ser y no supimos defender.
11 julio 2012
El liquidador
Dicen los medios que el presidente Rajoy anunciará en el Congreso las duras medidas que tomará el Consejo de Ministros el viernes. Eso dicen, aunque conocida la aversión del jefe de la derecha a dar cuentas ante el Parlamento yo no acabo de creerlo. En cualquier caso vamos a tener, de nuevo, muy malas noticias. El mismo Gobierno que con la mano derecha amnistía a los ricos defraudadores firma con la mano izquierda, decreto tras decreto, sentencias de pena máxima contra nuestro futuro. Es verdad que con la cobertura de la derecha europea en el poder, que sirve de coartada a la veda abierta contra la ciudadanía en España. No, no son medidas estas de austeridad, no confundamos. No tiene nada que ver lo que está haciendo este Gobierno con la austeridad exigible a quien gestiona la cosa pública. Es un programa de liquidación de nuestro modelo de convivencia, de nuestra forma de organización social. Una estrategia preconcebida, que conocían mucho antes de llegar a La Moncloa y que afecta a la economía como a otros ámbitos de la vida social. Actúan por delegación directa de los mandamases, con la convicción del capataz desclasado que fustiga a sus empleados hasta reventarlos. Este camino no nos va a traer el futuro: es el camino de la perdición.
05 marzo 2011
A 110 por hora
Publicado en Mediterráneo el 5 de marzo de 2011.
El próximo lunes, como aprobó el último Consejo de Ministros de febrero, la limitación de velocidad máxima en nuestras autovías y autopistas pasará de 120 a 110 kilómetros por hora. Una medida transitoria que el Gobierno ha acordado en un paquete de decisiones destinadas a minimizar el impacto que sobre nuestra factura petrolera puedan tener los cambios que, tan aceleradamente, se están produciendo en el norte de África y el Oriente Próximo.
España importa la práctica totalidad del petróleo que consumimos. Cada vez que llenamos el depósito de combustible de nuestros vehículos estamos comprando derivados de petróleos importados de Rusia, Irán, Arabia Saudí, Libia y otros países productores. Somos muy dependientes del crudo exterior y, consecuentemente, muy vulnerables a las subidas de su precio.
Miren, en febrero de 2001, el barril de petróleo costaba 27 dólares; hoy está por encima de los 115 dólares, y subiendo. Pero es que en los últimos tres meses se ha incrementado en un 35 por 100. Las turbulencias provocadas por la crisis política norteafricana en el mercado petrolero y la incertidumbre institucional generada en los países productores de la zona, así como la fuerte demanda de las economías emergentes y la especulación en los mercados de futuros de estos productos explican la tendencia al alza de los precios. En esta situación, y de mantenerse la cotización actual del barril, la factura petrolera española tendrá un sobrecoste en 2011 de más de 12.000 millones de euros: para hacerse una idea, el doble de lo que invierten todas las administraciones públicas españolas en I+D+i en un año.
En estas condiciones, el Gobierno, atendiendo al interés general (el de todos, el suyo también, amable lector), ha adoptado estas medidas de ahorro energético. Porque en estos momentos ningún gobierno ni organismo internacional en el mundo pueden pronosticar cuanto tiempo va a durar esta situación.
Algunos vuelven a recurrir al mantra populista de la improvisación. Este ha sido, con mucho, el Ejecutivo que ha apostado con mayor determinación por disminuir la dependencia energética de nuestro país, incrementar la eficiencia y diversificar nuestras fuentes de energía, con un esfuerzo enorme por las energías renovables. Las convulsiones del tiempo que vivimos exigen, ahora, en este momento, tomar estas medidas.
Dice González Pons que esto son cosas del soviet y del castrismo renaciente. Dolores de Cospedal afirma que Zapatero es como Franco por tomar estas medidas. Es decir, si transitamos a 120 vivimos en democracia y si vamos a 110 nos convertimos en una dictadura atroz. Sí, ese es el valor que separa, para la derecha española, la libertad de la opresión: 10 kilómetros por hora. No hay más consideraciones: Zapatero es un dictador y el Gobierno de España es un gobierno ilegítimo por hacernos ir a ¡110 kilómetros por hora en las autovías para ahorrar gasolina! Por circular, hemos de saberlo, a la misma velocidad que los estadounidenses, los suecos, los británicos, los rusos o los noruegos. A estas alturas ya nada nos asombra, bien cierto es. Se han dicho tantas barbaridades que a nadie extraña escuchar al Partido Popular afirmar que volvemos a los tiempos de Carrero Blanco y Arias Navarro.
En todo caso podrían preguntarle al alcalde de Castellón por qué ha disminuído la intensidad lumínica del alumbrado público de nuestra ciudad. O a la alcaldesa de la Vall d'Uixó, o al de Zorita, o al de Catí, o a tantos y tantos ayuntamientos de nuestra provincia que han puesto en marcha responsablemente planes de eficiencia energética en los últimos años. ¿Vivimos, acaso, en la pequeña Habana? ¿Es esto la Siberia soviética? ¡Basta ya de engaños y filibusterismo! ¡Basta ya!
El próximo lunes, como aprobó el último Consejo de Ministros de febrero, la limitación de velocidad máxima en nuestras autovías y autopistas pasará de 120 a 110 kilómetros por hora. Una medida transitoria que el Gobierno ha acordado en un paquete de decisiones destinadas a minimizar el impacto que sobre nuestra factura petrolera puedan tener los cambios que, tan aceleradamente, se están produciendo en el norte de África y el Oriente Próximo.
España importa la práctica totalidad del petróleo que consumimos. Cada vez que llenamos el depósito de combustible de nuestros vehículos estamos comprando derivados de petróleos importados de Rusia, Irán, Arabia Saudí, Libia y otros países productores. Somos muy dependientes del crudo exterior y, consecuentemente, muy vulnerables a las subidas de su precio.
Miren, en febrero de 2001, el barril de petróleo costaba 27 dólares; hoy está por encima de los 115 dólares, y subiendo. Pero es que en los últimos tres meses se ha incrementado en un 35 por 100. Las turbulencias provocadas por la crisis política norteafricana en el mercado petrolero y la incertidumbre institucional generada en los países productores de la zona, así como la fuerte demanda de las economías emergentes y la especulación en los mercados de futuros de estos productos explican la tendencia al alza de los precios. En esta situación, y de mantenerse la cotización actual del barril, la factura petrolera española tendrá un sobrecoste en 2011 de más de 12.000 millones de euros: para hacerse una idea, el doble de lo que invierten todas las administraciones públicas españolas en I+D+i en un año.
En estas condiciones, el Gobierno, atendiendo al interés general (el de todos, el suyo también, amable lector), ha adoptado estas medidas de ahorro energético. Porque en estos momentos ningún gobierno ni organismo internacional en el mundo pueden pronosticar cuanto tiempo va a durar esta situación.
Algunos vuelven a recurrir al mantra populista de la improvisación. Este ha sido, con mucho, el Ejecutivo que ha apostado con mayor determinación por disminuir la dependencia energética de nuestro país, incrementar la eficiencia y diversificar nuestras fuentes de energía, con un esfuerzo enorme por las energías renovables. Las convulsiones del tiempo que vivimos exigen, ahora, en este momento, tomar estas medidas.
Dice González Pons que esto son cosas del soviet y del castrismo renaciente. Dolores de Cospedal afirma que Zapatero es como Franco por tomar estas medidas. Es decir, si transitamos a 120 vivimos en democracia y si vamos a 110 nos convertimos en una dictadura atroz. Sí, ese es el valor que separa, para la derecha española, la libertad de la opresión: 10 kilómetros por hora. No hay más consideraciones: Zapatero es un dictador y el Gobierno de España es un gobierno ilegítimo por hacernos ir a ¡110 kilómetros por hora en las autovías para ahorrar gasolina! Por circular, hemos de saberlo, a la misma velocidad que los estadounidenses, los suecos, los británicos, los rusos o los noruegos. A estas alturas ya nada nos asombra, bien cierto es. Se han dicho tantas barbaridades que a nadie extraña escuchar al Partido Popular afirmar que volvemos a los tiempos de Carrero Blanco y Arias Navarro.
En todo caso podrían preguntarle al alcalde de Castellón por qué ha disminuído la intensidad lumínica del alumbrado público de nuestra ciudad. O a la alcaldesa de la Vall d'Uixó, o al de Zorita, o al de Catí, o a tantos y tantos ayuntamientos de nuestra provincia que han puesto en marcha responsablemente planes de eficiencia energética en los últimos años. ¿Vivimos, acaso, en la pequeña Habana? ¿Es esto la Siberia soviética? ¡Basta ya de engaños y filibusterismo! ¡Basta ya!
02 octubre 2010
Presupuestos en positivo
Publicado en Mediterráneo el 2 de octubre de 2010
El pasado jueves conocimos el proyecto de los Presupuestos Generales del Estado para 2011. Unas cuentas públicas necesariamente austeras, porque así lo requiere el tiempo que vivimos en España y en el conjunto de la Unión Europea. Unos presupuestos, así mismo, para impulsar las reformas que precisa con urgencia nuestro país sin menoscabar la cohesión social.
Por ello el Gobierno ha fijado tres prioridades en el gasto público: el mantenimiento de las políticas sociales, el reforzamiento de las partidas destinadas a fomentar la I+D+i y la intensificación del esfuerzo público en educación. No en vano, los Presupuestos de 2011 van a ser los que consignen la mayor dotación para becas de estudio de nuestra historia.
Son unos presupuestos responsables, que no miran el rédito electoral fácil sino la solución eficaz a los problemas reales de España. Que persiguen la máxima optimización de cada euro de inversión. Que atienden a lo esencial para construir futuro, aun cuando para ello se tenga que ralentizar la capacidad inversora del Estado y reducir en un 16 por cien de media el gasto de los ministerios.
Unos presupuestos solidarios, en los que el gasto social se ha incrementado un 1,8 por cien. Más de dos mil millones de euros de ese esfuerzo en solidaridad llegarán a Castellón, especialmente destinados a nuestros pensionistas y desempleados.
Y unos presupuestos, también, que apuestan por la modernización y el progreso económico y la mejora de nuestras infraestructuras. Por ello, en 2011 el Gobierno de España incrementará un 15 por cien sus inversiones directas en la provincia de Castellón. Si la previsión de gasto para 2010 era de 175 millones de euros, en 2011 se superarán los 201 millones de euros. Una cifra importante, sin duda, toda vez que el incremento se produce en una coyuntura de austeridad y fuerte contención del gasto.
Mientras las inversiones del Gobierno en el conjunto de España se van a reducir en torno al 30 por cien, en Castellón subirán un 15 por cien respecto a 2010. Mientras algunos quieren ver en ello el “olvido” y el “castigo” del Gobierno de Rodríguez Zapatero a Castellón, los datos nos hablan de compromiso con el desarrollo de nuestra provincia y con el progreso de sus ciudadanos y ciudadanas.
Compromiso con el agua que necesitamos para consolidar nuestro desarrollo presente y futuro. Más de 95 millones de euros para el ahorro, la reutilización, la renovación y reforma de infraestructuras, la modernización de regadíos y la construcción de las desaladoras de Moncofa y Cabanes-Oropesa. Una voluntad cierta y decidida de completar el esfuerzo hecho en los últimos años para garantizar agua para siempre en nuestra tierra, con el convencimiento de que más que las pancartas son las inversiones planificadas las que están dando la solución que exigen los castellonenses.
Compromiso también con la modernización de nuestra conectividad ferroviaria. Los trenes AVE llegarán a Castellón en los próximos meses, acortando la duración del viaje a o desde Madrid a 2 horas y 50 minutos. Pero el Gobierno va a seguir trabajando para incorporar de inmediato a la iniciativa privada en la construcción de la nueva línea de alta velocidad Castellón-Valencia. Está previsto en los presupuestos, como la continuación de los estudios informativos del corredor Castellón-Tarragona, de los accesos ferroviarios al puerto y de la prolongación del servicio de cercanías a Benicàssim. Del mismo modo, el estudio de viabilidad de la conexión mediante cercanías a Vinaròs.
Se dará, con los nuevos presupuestos, el impulso definitivo a las obras de la variante de la N340 entre Peñíscola y Vinaròs y a los proyectos constructivos de la A7 entre Vilanova d’Alcolea y el Perelló, así como a las actuaciones de mejora de la N232 en el puerto de Querol y el entorno de Morella. Del mismo modo, se ejecutarán las obras del nuevo paseo marítimo de Benicàssim y se iniciarán las del parador de turismo de Morella, entre otras inversiones.
Estos son los presupuestos posibles en un tiempo difícil para todos. Los presupuestos que nos han de permitir consolidar la recuperación y afianzar las nuevas pautas de desarrollo que precisamos.
El pasado jueves conocimos el proyecto de los Presupuestos Generales del Estado para 2011. Unas cuentas públicas necesariamente austeras, porque así lo requiere el tiempo que vivimos en España y en el conjunto de la Unión Europea. Unos presupuestos, así mismo, para impulsar las reformas que precisa con urgencia nuestro país sin menoscabar la cohesión social.
Por ello el Gobierno ha fijado tres prioridades en el gasto público: el mantenimiento de las políticas sociales, el reforzamiento de las partidas destinadas a fomentar la I+D+i y la intensificación del esfuerzo público en educación. No en vano, los Presupuestos de 2011 van a ser los que consignen la mayor dotación para becas de estudio de nuestra historia.
Son unos presupuestos responsables, que no miran el rédito electoral fácil sino la solución eficaz a los problemas reales de España. Que persiguen la máxima optimización de cada euro de inversión. Que atienden a lo esencial para construir futuro, aun cuando para ello se tenga que ralentizar la capacidad inversora del Estado y reducir en un 16 por cien de media el gasto de los ministerios.
Unos presupuestos solidarios, en los que el gasto social se ha incrementado un 1,8 por cien. Más de dos mil millones de euros de ese esfuerzo en solidaridad llegarán a Castellón, especialmente destinados a nuestros pensionistas y desempleados.
Y unos presupuestos, también, que apuestan por la modernización y el progreso económico y la mejora de nuestras infraestructuras. Por ello, en 2011 el Gobierno de España incrementará un 15 por cien sus inversiones directas en la provincia de Castellón. Si la previsión de gasto para 2010 era de 175 millones de euros, en 2011 se superarán los 201 millones de euros. Una cifra importante, sin duda, toda vez que el incremento se produce en una coyuntura de austeridad y fuerte contención del gasto.
Mientras las inversiones del Gobierno en el conjunto de España se van a reducir en torno al 30 por cien, en Castellón subirán un 15 por cien respecto a 2010. Mientras algunos quieren ver en ello el “olvido” y el “castigo” del Gobierno de Rodríguez Zapatero a Castellón, los datos nos hablan de compromiso con el desarrollo de nuestra provincia y con el progreso de sus ciudadanos y ciudadanas.
Compromiso con el agua que necesitamos para consolidar nuestro desarrollo presente y futuro. Más de 95 millones de euros para el ahorro, la reutilización, la renovación y reforma de infraestructuras, la modernización de regadíos y la construcción de las desaladoras de Moncofa y Cabanes-Oropesa. Una voluntad cierta y decidida de completar el esfuerzo hecho en los últimos años para garantizar agua para siempre en nuestra tierra, con el convencimiento de que más que las pancartas son las inversiones planificadas las que están dando la solución que exigen los castellonenses.
Compromiso también con la modernización de nuestra conectividad ferroviaria. Los trenes AVE llegarán a Castellón en los próximos meses, acortando la duración del viaje a o desde Madrid a 2 horas y 50 minutos. Pero el Gobierno va a seguir trabajando para incorporar de inmediato a la iniciativa privada en la construcción de la nueva línea de alta velocidad Castellón-Valencia. Está previsto en los presupuestos, como la continuación de los estudios informativos del corredor Castellón-Tarragona, de los accesos ferroviarios al puerto y de la prolongación del servicio de cercanías a Benicàssim. Del mismo modo, el estudio de viabilidad de la conexión mediante cercanías a Vinaròs.
Se dará, con los nuevos presupuestos, el impulso definitivo a las obras de la variante de la N340 entre Peñíscola y Vinaròs y a los proyectos constructivos de la A7 entre Vilanova d’Alcolea y el Perelló, así como a las actuaciones de mejora de la N232 en el puerto de Querol y el entorno de Morella. Del mismo modo, se ejecutarán las obras del nuevo paseo marítimo de Benicàssim y se iniciarán las del parador de turismo de Morella, entre otras inversiones.
Estos son los presupuestos posibles en un tiempo difícil para todos. Los presupuestos que nos han de permitir consolidar la recuperación y afianzar las nuevas pautas de desarrollo que precisamos.
24 julio 2010
Austeridad responsable
Publicado en Mediterráneo el 24 de julio de 2010
Tengan la certeza de que esto no resulta fácil para ningún gobierno. Son medidas impopulares; pero son, como decía el ministro Blanco en el Congreso, imprescindibles para navegar en este nuevo tramo de la crisis con garantías de mantener la recuperación y afrontar con éxito los nuevos retos del futuro. El Gobierno de España lo entiende así, para no renunciar a ninguno de los objetivos estratégicos de se consideran necesarios para nuestra tierra y para el conjunto de España. Y estoy convencido de que así lo entienden también desde otros gobiernos. ¿O creen ustedes que los responsables del Consell de la Generalitat se sienten satisfechos al ralentizar hasta la parálisis el TRAM de la Plana o la circunvalación de Castellón o renunciar a Mundo Ilusión? ¿O el equipo de gobierno local de la capital al verse incapaz de construir el nuevo edificio municipal sobre el viejo asilo o acometer sus muchos otros proyectos pendientes?
Sí, estamos en un momento difícil para Castellón y para el conjunto de Europa. Un tiempo de dificultad que va a alumbrar un nuevo período de prosperidad, sin duda, más sostenible, más razonable y más equilibrada; pero para ello, para salir de este tiempo complejo y construir un futuro de progreso hay que tomar ahora decisiones con determinación.
La coyuntura que vivimos exige de las administraciones españolas la reducción drástica del déficit entre ingresos y gastos provocado por la crisis y sanear el endeudamiento público y privado que tenemos con el exterior. Hemos de hacerlo impulsando políticas de progreso que garanticen mayor cohesión social y territorial, que nos permitan transitar a un nuevo modelo de desarrollo más sostenible y competitivo y que minimicen en la mayor medida posible el impacto de la crisis sobre la gente.
Es comprensible que en primera instancia las políticas de austeridad y reducción del gasto público, tan necesarias en este momento, generen desasosiego y frustración entre los ciudadanos. Sin embargo, cometeríamos un error garrafal, unos y otros, si mientras tanto convirtiéramos la reivindicación responsable y le exigencia razonable en un quejido autoindulgente y victimizador que nos cerrara la salida hacia el futuro. Tenemos limitaciones, seguro. Necesitamos que esas infraestructuras estratégicas estén cuanto antes, sin duda. Pero no partimos de cero, ni mucho menos; no podemos dejar de crear espacios de futuro ahogados en el lamento. Porque tenemos la fuerza, la capacidad, los recursos y el talento necesarios para avanzar con los muchos y buenos mimbres de que ya disponemos ahora.
Mire, en enero del 2011, usted o yo podremos subirnos en un tren AVE en Castellón y llegar menos de tres horas después a Madrid; y lo mismo podrán hacer quienes hagan el recorrido inverso. Reduciremos en hora y media el tiempo en recorrer ese trayecto. Y, mientras tanto, trabajaremos para que en el 2014 dispongamos de la nueva plataforma para viajeros entre Valencia y Castellón. Esto es lo que ahora podemos hacer. Esto es lo que el país, en las actuales circunstancias, se puede permitir. Este es el compromiso cierto y asumible con nuestro futuro: trabajar, trabajar y trabajar. No nos engañemos... y no nos dejemos engañar.
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