#sanidadpublica - No era difícil de imaginar lo que esta semana concluye un artículo científico publicado en la British Medical Journal (Will austerity cuts dismantle the Spanish healthcare system?, BMJ 2013;346:f2363) sobre el impacto que la liquidación del sistema sanitario público está empezando a tener sobre la salud de los españoles. Era fácil pensar, como ya se denunció, que el apartheid sanitario que sufren casi un millón de extranjeros en situación irregular generaría bolsas de exclusión en las que prosperarían enfermedades prácticamente erradicadas en nuestro país. Y así está siendo. Era fácil pensar que el repago farmacéutico que deben afrontar miles de conciudadanos con dependencia severa y escasos recursos económicos iba a provocar el abandono de tratamientos imprescindibles para esas personas. Y así está ocurriendo. Era fácil pensar que el recorte salvaje en las plantillas del personal sanitario reduciría la calidad de la asistencia sanitaria, con la merma consiguiente de la prevención y el incremento dramático de las listas de espera. Y así viene sucediendo. Era fácil pensar que la laminación de los recursos destinados a la investigación biomédica acabarían por colapsar cientos de proyectos de investigación destinados a combatir enfermedades y a evitar el sufrimiento a miles de personas. Y eso es lo que está pasando. El esfuerzo colectivo y las políticas sanitarias impulsadas en las últimas décadas hicieron de nuestro sistema nacional de salud uno de los más eficientes y eficaces del mundo. Ahora vemos cómo la locura austericida y la fiebre privatizadora de quienes nos gobiernan, las dos caras de una misma moneda, están arruinándolo. No quieren oír hablar de otras fórmulas de gestión que, como en Andalucía, reduzcan costes sin descomponer el sistema. No lo quieren. Quebrada, por falta de recursos asignados a ella, la sanidad pública se abre un espacio infinitamente goloso a los buscadores de burbujas. Y en eso estamos.
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16 junio 2013
06 abril 2013
Lamela, el capataz de la liquidación
Tuve el privilegio de conocer a Luis Montes hace unos años con motivo de una conferencia ofrecida por el médico en Castellón. Hacía ya tiempo que había comenzado la cacería contra Montes y sus compañeros del hospital Severo Ochoa puesta en marcha por el Gobierno de Esperanza Aguirre e Ignacio González en Madrid. De él dijeron que era el "doctor Muerte". Corría el año 2005. Ni rastro de la crisis. Años de bonanza, de vino y rosas. Pero ya entonces Aguirre había encargado a Manuel Lamela la voladura del sistema sanitario público madrileño para ponerla en manos amigas. Lamela, el capataz de la liquidación, se ensañó desde el primer momento contra los sanitarios del Severo, a los que denunció por "mala práxis médica". Se había iniciado ya la solución final contra la sanidad pública y había que desacreditar a diestro y siniestro para estrangularla. Ahora hemos sabido que el capataz de Aguirre es socio en una de las empresas beneficiadas por la privatización que él mismo impulsó. Como Güemes, otro liquidador beneficiado, Lamela sacó tajada. En enero de 2007, la Audiencia de Madrid archivó la denuncia. Montes y sus compañeros y compañeras siguen trabajando con dignidad al servicio de la sociedad. Y los Lamela, los Güemes y tantos otros siguen sembrando de misera moral e indignidad nuestro país. ¡Qué asco!
02 enero 2013
No se me resfríen
Pedía el otro día el Gobierno portugués a sus ciudadanos que se cuidaran de enfermar para evitar el colapso del sistema sanitario público. Que no se pongan enfermos porque de lo contrario el Estado no les podrá garantizar la salud. En una Europa que está destinando cientos de miles de millones de euros a salvar a los bancos de su ruinosa gestión de los fondos depositados en ellos por los ciudadanos, la llamada del Gobierno luso evidencia la deriva antisocial de las políticas impuestas por las élites económicofinancieras de la Unión. Si el Estado es incapaz de garantizar la seguridad sanitaria de sus ciudadanos, para qué sirve el Estado. Y si Europa, otrora faro de la justicia social en el mundo, alienta la quiebra del proyecto social europeo, de qué nos sirve. Soy radicalmente europeista y tengo la plena convicción de que sólo la unión cooperativa de Europa, de sus políticas, de sus ambiciones colectivas y de su talento, nos garantizará el futuro. Pero no con estos mimbres. No. La Europa del nuevo tiempo será más social o no será, más imaginativa o no será, más igualitaria o no será. Defendamos lo que fuimos pero, sobretodo, alumbremos una nueva Europa para preservar nuestro futuro y el de nuestros hijos. Que el 13 nos sea propicio. Salud.
27 diciembre 2012
Quieren que callemos
Vuelven a hacer sonar los jerifaltes de la derecha la cantinela de la regulación del derecho de huelga. Lo proclamó ayer de nuevo el presidente madrileño Ignacio González en relación con la huelga que mantienen los y las profesionales de la sanidad pública en su Comunidad. Lo han reclamado también respecto del derecho a manifestarse. Dicen que tanto derecho genera mucho follón y que así no pueden cumplir su sacrosanta misión de sacarnos del marasmo en que tantos derechos nos han metido. Insiste este hombre, como ya hiciera su jefa Aguirre hace unos meses, en que son los huelguistas los que quiebran los derechos sanitarios de los ciudadanos. Lo dicen quienes hoy culminarán su manifiesta voluntad privatizadora de la salud pública en la Asamblea de Madrid. Los liquidadores generalizarán allí, perfeccionado y aumentado, el modelo Alzira, santo y seña de la sanidad zaplanista que Fabra quiere también llevar a todo el País Valenciano. Madrid y Valencia de nuevo unidas en el redivivo eje de la prosperidad, el eje que parió Bankia y la Gürtel y sobre el que los liquidadores ansían construir una nueva burbuja nacida de la mercantilización de la salud de todos. Quieren que callemos, quieren que los sanitarios callen, que los ciudadanos callen, que nadie rechiste. Ellos saben lo que se hacen.
| Sturrock, John, and TUC (UK). Health Services Committee. National Health Service (UK). 1982. International Institute of Social History, vía Europeana. |
25 noviembre 2012
La Generalitat que no paga
Parece que los farmacéuticos no se fían de la última pirueta contable ideada por el Consell de la Generalitat Valenciana para pagar los casi 500 millones que les adeuda. Van a continuar las colas interminables en las farmacias y el creciente desabastecimiento de medicinas necesarias para miles de ciudadanos en el País Valenciano. Alberto Fabra ya no tiene crédito ante nadie. Se jugaron el patrimonio de todos en la ruleta de las vanidades y las desvergüenzas en tiempos de bonanza y ahora no tienen con qué pagar. Porque la deuda a las farmacias va rodando desde hace años y la crisis no ha hecho más que precipitar una situación larvada durante tiempo. Ahora dicen que pagarán con los dineros que ha prestado el Gobierno de España a través del fondo de liquidez autonómica, el FLA. ¿Y qué pasará dentro de tres meses y de seis y dentro de un año? Fabra no paga a nadie y, lo que es peor, nadie espera cobrar de Fabra. No saben ni pueden sacarnos de este atolladero en que nos han metido. Y Camps dando clases de ética en la muy católica universidad católica de Valencia. País!!!!
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