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06 junio 2013

#FMI , y ahora qué?

Dice la dirección del Fondo Monetario Internacional que con Grecia se les fue la mano. Que las exigencias que planteó la troika para la concesión del primer rescate han resultado contraproducentes por exceso. Lo dicen cuando la sociedad griega ha entrado en coma, desangrada por la orgía austericida que ha condenado a la miseria, al desempleo y a la pérdida de derechos básicos a la mayoría de la población. ¿Y ahora, ahora qué? ¿Qué pasará cuando los dirigentes europeos reconozcan que las políticas liquidacionistas sólo han beneficiado a las élites económicofinancieras que dominan el mercado? ¿Qué quedará entonces de nuestro modelo social, de la más importante ventaja competitiva que tenemos los europeos para prosperar en el mundo multipolar que amanece? El reconocimiento del FMI respecto de Grecia, del daño y el dolor provocado a las personas por el fundamentalismo de la deuda, es un episodio más de la historia de una idea peligrosa. Aquella que ha puesto en el centro de las políticas públicas los números y ha expulsado a la ciudadanía. Algo no va bien, decía Tony Judt en su celebérrimo ensayo. Algo va muy mal cuando el futuro de Europa se está escribiendo contra el pueblo de Europa, contra la gente, contra sus derechos y sus proyectos legítimos de vida, sin dar ninguna explicación que nos haga entender por qué nuestro mundo se diluye bajo nuestros pies. Los huevos de la serpiente de la insolidaridad, del antieuropeismo, del fascismo están siendo incubados con el calor de millones de cuerpos extenuados, yacentes sobre el solar que anhelan los liquidacionistas. Cuando la virtud de la austeridad se convierte en el vicio del austericidio, sí, lo que va mal acabará yendo mucho peor.

Ver también en este blog:

22 abril 2013

La gran mentira de los austericidas


Se hace eco Paul Kugman en la columna que ha publicado en El País este fin de semana ("La depresión del Excel") del error matemático que llevó a modelizar equivocadamente el comportamiento de las economías occidentales en relación con el incremento del déficit y la deuda públicos. Viene a decir el Nobel estadounidense que cuando en 2010 se determinó que un país se aboca al abismo al alcanzar una deuda del 90 por ciento de su PIB se hizo partiendo de un error de tratamiento de los datos por la hoja de cálculo Excel. ¡Ahí es nada! De ser cierto lo que dice Kugman, y otros en las últimas semanas, nos encontraríamos ante un fiasco escalofriante: nada acredita que sea esa u otra cifra la que lleva al punto de no retorno en las cuentas públicas de un país. La razón académica del fundamentalismo austericida, de la supeditación de las políticas de reactivación a la reducción salvaje de los déficits públicos, partiría de cálculos erróneos. Tal vez así fuera, o tal vez lo de menos sea la razón científica y lo de más la voluntad decidida de las élites economicofinancieras europeas y sus capataces gubernamentales por aniquilar nuestro modelo de convivencia con la excusa de la crisis a la que ellos contribuyeron de forma esencial. En todo caso, un motivo más para la desconfianza en quienes dicen que no hay alternativas a la liquidación de lo público. Sabemos que no podemos gastar lo que no tenemos, pero también que hemos que gastar en lo que necesitamos para tener vida. Ese es el espacio de la política.

Paul Krugman en 2008. Foto de Prolineserver. Bajo licencia GFDL 1.2





15 abril 2013

Europa: la vorágine autodestructiva

En una entrevista publicada ayer por El País George Soros insistía en los efectos catastróficos que están teniendo para la Europa unida las políticas de restricción del gasto público imperantes en la eurozona. Coincidía Soros con las advertencias del Fondo Monetario Internacional sobre la incapacidad de los gobiernos europeos para reactivar la economía. La sociedad del Viejo Continente, entregada a políticas de recortes sin fin desde 2010, se ha convertido en una rémora para el crecimiento de la economía mundial. La constatación irrefutable de que tantos sacrificios, tantas historias personales truncadas sobre el altar de la mal llamada austeridad, están resultando vanos para reconducir la situación terminará por arruinar irreversiblemente a la Unión. La ceguera del poder político y financiero europeo, enrocado en una actitud calamitosa de liquidación a ultranza del modelo social que nos ha hecho diferentes en el mundo, está alejando hasta tal punto a la ciudadanía del compromiso europeista que hoy resulta difícil imaginar que un día se recupere el impulso necesario para restañar las heridas provocadas por estos años negros. Los europeos han dado muestras sobradas a lo largo de la Historia de lo que son capaces de hacerse los unos a los otros en tiempos de división y de zozobra. Quienes hoy imponen esta estrategia de autodestrucción deberán asumir ante las generaciones futuras la responsabilidad de cuanto ocurra bajo el manto oscuro de sus políticas.

Niccolo Caranti. George Soros, Trento, 2012. Wikimedia.
Bajo licencia Creative Commons CC BY-SA 3.0.

20 marzo 2013

Chipre nos duele

Dicen estar molestos los jefes de la cosa del euro con el rechazo del Parlamento chipriota a las condiciones del rescate impuestas a la ciudadanía de ese país. Que ellos, afirman, ya han dicho su última palabra respecto de que parte del rescate ha de venir vía sustracción o robo de los ahorros que los chipriotas tienen, muchos o pocos, en sus bancos. Y que la negativa va a incomodar todavía más a los inversores internacionales, léase mercados, porque mina la confianza en la Unión. Y esto lo dicen quienes incumplieron con esa oferta los acuerdos vigentes respecto de la garantía de los depósitos bancarios de todos los ciudadanos europeos y quienes han cambiado tres veces en dos días los términos del rescate. La desconfianza en la Unión y en nuestra moneda, el cabreo de la gente y la falta de expectativas de recuperación y de futuro la está provocando la dirigencia europea con su negativa furibunda a aceptar una realidad tozuda: la Europa que conocemos y que queremos se desangra a borbotones en manos de una élite sorda y ciega incapaz de gobernar esta crisis en beneficio del interés general de los europeos. Soy radicalmente europeista y estoy convencido de que sin más Europa no saldremos de esta situación con bien. Pero la locura en que están instalados nuestros dirigentes me obliga a decir ¡todo con Europa, nada con esta Europa! Ya está bien.

File:Cyprus lrg.jpg
Chipre desde el espacio. NASA, 2003. Wikimedia Commons. Documento en el dominio público

11 diciembre 2012

Berlusconi

La reaparición en la escena política italiana y europea de Berlusconi al tiempo que los líderes de la Unión recibían el Nobel de La Paz resulta inquietante. Soy de los que piensa que el sueño de la Europa unida puesto en marcha hace más de medio siglo por Schuman y Monet merece el reconocimiento de la Historia, a pesar de que las tinieblas del presente oculten su valor en la construcción de todo aquello por lo que ahora luchamos. Tal vez por eso la antiEuropa, el berlusconismo, ha decidido recobrar su protagonismo. La miseria del personaje y de todo cuanto representa nos devuelve a la evidencia de los males de una Europa enferma. La exaltación del machismo más aberrante y de la xenofobia más insolidaria, la apropiación de lo público por el gran capital sin necesidad de intermediarios, la corrupción sistemática, la bufa perpetua hacia la Justicia y las instituciones democráticas, la incapacidad de las izquierdas para construir alternativas atractivas para la mayoría social, la manipulación sin límite de los medios de comunicación... Berlusconi es el epítome de la deriva que vivimos. Resulta difícil imaginar para un paseante por los patios florentinos que ese pueblo de talento irrepetible pueda haber encumbrado la zafiedad de esa manera. Es verdad que no somos los españoles los más indicados para afear la actitud política de los italianos, pero como europeos debemos rebelarnos. El regreso de Berlusconi supondría un episodio más, y no menor, en el proceso de deconstrucción política y moral de Europa. No podemos resignarnos.


Silvio Berlusconi y George W. Bush en Camp David. Septiembre de 2002.
Wikimedia Commons. Documento en el dominio público

15 octubre 2012

Por una Europa de y para las gentes

La concesión del Nobel de la Paz de este año a la Unión Europea ha generado críticas sin fin. Es lo que tiene este estado de frustración creciente en que la crisis ha sumido a nuestra sociedad. Lo que hace apenas cinco años era percibido por gran parte de la ciudadanía como un espacio de referencia en la construcción de la democracia social es ahora objeto de repudio generalizado. Europa es vista por mucha gente, en España y en el resto de la Unión, como causa de la deriva antisocial de nuestro tiempo. Y creo firmemente que es ahora precisamente cuando necesitamos más Europa, más democracia europea, más cooperación europea, más integración europea. Las políticas de desguace del Estado social no son Europa, son políticas de una cierta Europa, la del mercadeo, la de la insolidaridad. No vamos a superar este tiempo derrumbando el sueño europeo. El fracaso de la Unión acabará por convertirnos en pequeños actores irrelevantes en el escenario global, más vulnerables. Por ello es imprescindible que las izquierdas europeas, que quienes tenemos la convicción de que el Estado del bienestar no es un impedimento sino nuestra mayor ventaja competitiva frente a otros modelos de desarrollo, articulemos políticas de ámbito supranacional que den respuesta certera a la coalición del gran capital europeo. Hemos de volver a soñar con una Europa libre, fuerte, solidaria, democrática. Una Europa de y para las gentes.