Pedía el otro día el Gobierno portugués a sus ciudadanos que se cuidaran de enfermar para evitar el colapso del sistema sanitario público. Que no se pongan enfermos porque de lo contrario el Estado no les podrá garantizar la salud. En una Europa que está destinando cientos de miles de millones de euros a salvar a los bancos de su ruinosa gestión de los fondos depositados en ellos por los ciudadanos, la llamada del Gobierno luso evidencia la deriva antisocial de las políticas impuestas por las élites económicofinancieras de la Unión. Si el Estado es incapaz de garantizar la seguridad sanitaria de sus ciudadanos, para qué sirve el Estado. Y si Europa, otrora faro de la justicia social en el mundo, alienta la quiebra del proyecto social europeo, de qué nos sirve. Soy radicalmente europeista y tengo la plena convicción de que sólo la unión cooperativa de Europa, de sus políticas, de sus ambiciones colectivas y de su talento, nos garantizará el futuro. Pero no con estos mimbres. No. La Europa del nuevo tiempo será más social o no será, más imaginativa o no será, más igualitaria o no será. Defendamos lo que fuimos pero, sobretodo, alumbremos una nueva Europa para preservar nuestro futuro y el de nuestros hijos. Que el 13 nos sea propicio. Salud.
Mostrando entradas con la etiqueta Estado del bienestar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estado del bienestar. Mostrar todas las entradas
02 enero 2013
15 octubre 2012
Por una Europa de y para las gentes
La concesión del Nobel de la Paz de este año a la Unión Europea ha generado críticas sin fin. Es lo que tiene este estado de frustración creciente en que la crisis ha sumido a nuestra sociedad. Lo que hace apenas cinco años era percibido por gran parte de la ciudadanía como un espacio de referencia en la construcción de la democracia social es ahora objeto de repudio generalizado. Europa es vista por mucha gente, en España y en el resto de la Unión, como causa de la deriva antisocial de nuestro tiempo. Y creo firmemente que es ahora precisamente cuando necesitamos más Europa, más democracia europea, más cooperación europea, más integración europea. Las políticas de desguace del Estado social no son Europa, son políticas de una cierta Europa, la del mercadeo, la de la insolidaridad. No vamos a superar este tiempo derrumbando el sueño europeo. El fracaso de la Unión acabará por convertirnos en pequeños actores irrelevantes en el escenario global, más vulnerables. Por ello es imprescindible que las izquierdas europeas, que quienes tenemos la convicción de que el Estado del bienestar no es un impedimento sino nuestra mayor ventaja competitiva frente a otros modelos de desarrollo, articulemos políticas de ámbito supranacional que den respuesta certera a la coalición del gran capital europeo. Hemos de volver a soñar con una Europa libre, fuerte, solidaria, democrática. Una Europa de y para las gentes.
29 septiembre 2012
La responsabilidad de la ciudadanía en democracia
El desmantelamiento del sistema sanitario público por parte de la derecha gobernante continúa su camino. La implantación del repago en el transporte de los enfermos a los centros hospitalarios para seguir sus tratamientos oncológicos o de diálisis introduce nuevos factores de discriminación en nuestra sociedad. Y va a castigar de forma muy significativa a los ciudadanos y ciudadanas de las áreas rurales de nuestro país. Lo que viene ocurriendo con la sanidad pública durante los últimos meses, como en otros ámbitos, evidencia el valor de lo conseguido antaño y la vulnerabilidad de las conquistas sociales si no son defendidas convenientemente por la ciudadanía. Cuando el pueblo entrega el poder a quienes tienen sobradamente acreditada su aversión hacia el interés general les capacita para liquidarlo. La responsabilidad de los ciudadanos está en la defensa de lo de todos frente a quienes quieren el beneficio de la minoría. El pánico y la mentira son atenuantes de esa dejación de responsabilidad pero nunca eximentes. Porque la gente debe saber que cuando decide entregar la llave del gobierno a unos o a otros legítima unas u otras políticas, se corresponsabilidad de lo que sus elegidos hacen. Es imperativo que, de una vez por todas, aprendamos esta primera lección de la democracia.
10 septiembre 2012
Cohesión y competitividad
La profundidad del abismo que la crisis ha abierto en nuestra economía ha establecido que las decisiones tomadas por los poderes públicos, las empresas y la ciudadanía se valoricen exclusivamente por su eficacia económica. Son buenas, se dice, si generan más ahorro, mejor productividad o mayor competitividad. Y es verdad que esa es una vertiente capital a la hora de afrontar los retos que tenemos por delante. Pero no lo es menos que la liquidación del Estado social derivada de la unilateralidad de esa doctrina acabará por arruinar toda perspectiva de progreso futuro. La cohesión social ha sido la principal ventaja competitiva de Europa durante décadas, la que ha garantizado una razonable igualdad de oportunidades para la mayor parte de la población y la que ha posibilitado el más prolongado periodo de estabilidad en nuestro continente. Esa cohesión, conquistada al amparo de un Estado redistribuidor de riqueza que ha proveído de bienestar a la ciudadanía, sigue siendo nuestro más valioso factor de competitividad en un mundo del que ya no somos la referencia dominante y en el que diversos modelos de desarrollo pugnan por establecer nuevas hegemonías. El Estado social europeo ha de encontrar otros mecanismos redistributivos, nuevas fronteras, nuevas soluciones sí, pero no puede entrar en la memoria perdida de la historia. Nuestro Estado del bienestar ha sido eficaz en la redistribución de la riqueza; ahora ha se serlo también, y de forma perentoria, en la redistribución del conocimiento y de la participación política. Eso nos hará más fuertes frente a nuestros competidores y garantizará más bienestar a nuestros pueblos. Su liquidación nos hará irrelevantes en el nuevo mundo y sembrará de dolor nuestra sociedad.
30 agosto 2012
La Gran Liquidación
La estrategia de la Gran Liquidación, de derechos y de dignidades, pasa necesariamente por la generación de un estado de caos que instale el pánico entre la ciudadanía. Nada para provocar la desorientación general como la confusión masiva, el marasmo, las idas y venidas sin concierto, el descrédito de las instituciones básicas para la convivencia. La sociedad entra así en fase de shock, asustada ante la ausencia de certezas y la huída del futuro que adivina tras cada uno de los episodios que desguazan el Estado social. En medio del desconcierto que abruma la decencia el Liquidador alza el dedo acusador contra los jóvenes, contra los viejos, contra los trabajadores, contra las mujeres, contra la política, contra los inmigrantes, contra, contra, contra... Chivos expiatorios, corderos ofrendados, sumideros de responsabilidades ajenas que terminarán por arrastrarnos a todos. Porque la Gran Liquidación se hace en contra de la generalidad, a pesar del pueblo. No es una salida a la crisis: es la destrucción del mundo que conocemos. Y ese mundo, levantado sobre el esfuerzo y el sacrificio, la sangre y la voluntad de millones de personas no merece acabar según la decisión de los liquidadores. Ese, nuestro mundo, precisa de cambios radicales, sí, pero no para ser menos sino para ser más decente; no para ser menos sino más democrático, más justo, más solidario, más corresponsable, más abierto, más libre. Hagámoslo.
![]() |
| "Demand the Beveridge Plan", página de Beveridge on Beveridge: recent speeches of Sir William Beveridge, editado por Joan S Clarke, [1944]. London School of Economics Library |
03 septiembre 2011
La deuda de todos
Publicado en Mediterráneo el 3 de septiembre de 2011.
¿Sabía usted que la deuda pública de Japón es del 225 por 100 de su producto interior bruto? Esto quiere decir que el Estado japonés debe más del doble de la riqueza del país. ¿Y sabe que desde 1945, de forma casi ininterrumpida, ha sido gobernado por un partido conservador? ¿Sabe que la deuda pública de la Italia de Berlusconi está en torno al 120 por 100 de su PIB? ¿Y que en ese país ha gobernado la derecha durante 48 de los últimos 60 años?
¿O que los gobiernos que mayor déficit y deuda pública han generado en Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial fueron los ejecutivos neoliberales de Reagan y de los dos Bush, padre e hijo? Y no lo hicieron precisamente para incrementar el gasto social o el bienestar de su ciudadanía.
Deben saber también que aquí, en nuestro país, en la Comunidad Valenciana la deuda de la Generalitat es del 17 por cien, la más alta de todas la Comunidades Autónomas. Después de 16 años desde que el Partido Popular asumiera las riendas del Gobierno valenciano, el endeudamiento de la Generalitat casi ha triplicado lo que suponía la deuda pública en 1995. Y que ese incremento de lo que debe nuestro sector público, el mayor de las administraciones autonómicas españolas, insisto, se ha producido al mismo tiempo que el índice de desarrollo valenciano ha sido uno de los que menos ha crecido de toda España según el estudio Desarrollo humano en España 1980-2007 realizado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) y publicado por la Obra Social de Bancaja en julio de 2010.
¿Por qué, pues, seguir escuchando sistemáticamente que los gobiernos de izquierda generan más déficit presupuestario y más deuda pública? Es un debate interesado que airea la derecha neoliberal y que los progresistas no hemos sabido contrarrestar acertadamente, bien por incapacidad para romper ese marco conceptual fijado por los conservadores o bien por el mantenimiento de posiciones fundamentalistas que no atienden a los cambios del mundo en que vivimos.
Miren, ajustarse a lo presupuestado no es una actitud neoliberal. Es una cuestión de buena gestión, de transparencia y de gobernanza. Ahora y siempre. Y las desviaciones sólo pueden ser justificadas por situaciones excepcionales que pongan en peligro la cohesión social o la capacidad de desarrollo de la sociedad. Gobernar sin atender al déficit alienta una espiral de ingobernabilidad que sólo genera sufrimiento a quienes menos tienen. Y hacerlo sin prestar atención al endeudamiento público difiere al futuro los problemas que se dice intentar resolver.
Ejercer la disciplina fiscal es una cuestión de prioridades. Es poner el foco en lo esencial y dejar a un lado lo accesorio. Es, por ejemplo, decidir si lo esencial es garantizar una formación de calidad, para los jóvenes y para todos durante toda la vida, u optar por seguir apostando por la propaganda de los megaproyectos insostenibles. Es saber que habrá que buscar financiación para hacer realidad nuestras aspiraciones antes de materializarlas y que esa financiación exige, ante todo, la corresponsabilidad fiscal de la ciudadanía en función de la riqueza de cada ciudadano y la transparencia en la gestión de los responsables públicos.
Estos son principios básicos que cobran especial vigencia en el nuevo tiempo en el que la centralidad del crecimiento mundial está basculando hacia áreas distintas a las que lo han hegemonizado en los últimos dos siglos. Estamos transitando de un mundo polarizado económicamente en las riberas del Atlántico norte a un mundo multipolar con nuevos actores crecientemente empoderados. Hoy, por ejemplo, sólo 2 de los 10 mayores fondos soberanos pertenecen a Estados de la OCDE. Esta es la nueva situación, nos guste o no.
Preservar nuestras políticas de cohesión y progreso social en el mundo que amanece exige de nuevos retos que han de ser suficientemente explicados y compartidos con la ciudadanía… porque “el futuro no es lo que era”.
¿Sabía usted que la deuda pública de Japón es del 225 por 100 de su producto interior bruto? Esto quiere decir que el Estado japonés debe más del doble de la riqueza del país. ¿Y sabe que desde 1945, de forma casi ininterrumpida, ha sido gobernado por un partido conservador? ¿Sabe que la deuda pública de la Italia de Berlusconi está en torno al 120 por 100 de su PIB? ¿Y que en ese país ha gobernado la derecha durante 48 de los últimos 60 años?
¿O que los gobiernos que mayor déficit y deuda pública han generado en Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial fueron los ejecutivos neoliberales de Reagan y de los dos Bush, padre e hijo? Y no lo hicieron precisamente para incrementar el gasto social o el bienestar de su ciudadanía.
Deben saber también que aquí, en nuestro país, en la Comunidad Valenciana la deuda de la Generalitat es del 17 por cien, la más alta de todas la Comunidades Autónomas. Después de 16 años desde que el Partido Popular asumiera las riendas del Gobierno valenciano, el endeudamiento de la Generalitat casi ha triplicado lo que suponía la deuda pública en 1995. Y que ese incremento de lo que debe nuestro sector público, el mayor de las administraciones autonómicas españolas, insisto, se ha producido al mismo tiempo que el índice de desarrollo valenciano ha sido uno de los que menos ha crecido de toda España según el estudio Desarrollo humano en España 1980-2007 realizado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) y publicado por la Obra Social de Bancaja en julio de 2010.
¿Por qué, pues, seguir escuchando sistemáticamente que los gobiernos de izquierda generan más déficit presupuestario y más deuda pública? Es un debate interesado que airea la derecha neoliberal y que los progresistas no hemos sabido contrarrestar acertadamente, bien por incapacidad para romper ese marco conceptual fijado por los conservadores o bien por el mantenimiento de posiciones fundamentalistas que no atienden a los cambios del mundo en que vivimos.
Miren, ajustarse a lo presupuestado no es una actitud neoliberal. Es una cuestión de buena gestión, de transparencia y de gobernanza. Ahora y siempre. Y las desviaciones sólo pueden ser justificadas por situaciones excepcionales que pongan en peligro la cohesión social o la capacidad de desarrollo de la sociedad. Gobernar sin atender al déficit alienta una espiral de ingobernabilidad que sólo genera sufrimiento a quienes menos tienen. Y hacerlo sin prestar atención al endeudamiento público difiere al futuro los problemas que se dice intentar resolver.
Ejercer la disciplina fiscal es una cuestión de prioridades. Es poner el foco en lo esencial y dejar a un lado lo accesorio. Es, por ejemplo, decidir si lo esencial es garantizar una formación de calidad, para los jóvenes y para todos durante toda la vida, u optar por seguir apostando por la propaganda de los megaproyectos insostenibles. Es saber que habrá que buscar financiación para hacer realidad nuestras aspiraciones antes de materializarlas y que esa financiación exige, ante todo, la corresponsabilidad fiscal de la ciudadanía en función de la riqueza de cada ciudadano y la transparencia en la gestión de los responsables públicos.
Estos son principios básicos que cobran especial vigencia en el nuevo tiempo en el que la centralidad del crecimiento mundial está basculando hacia áreas distintas a las que lo han hegemonizado en los últimos dos siglos. Estamos transitando de un mundo polarizado económicamente en las riberas del Atlántico norte a un mundo multipolar con nuevos actores crecientemente empoderados. Hoy, por ejemplo, sólo 2 de los 10 mayores fondos soberanos pertenecen a Estados de la OCDE. Esta es la nueva situación, nos guste o no.
Preservar nuestras políticas de cohesión y progreso social en el mundo que amanece exige de nuevos retos que han de ser suficientemente explicados y compartidos con la ciudadanía… porque “el futuro no es lo que era”.
04 junio 2011
Turismo social y oportunidades
Publicado en Mediterráneo el 4 de junio de 2011.
Este año se cumple el 25 aniversario del programa de vacaciones para mayores del Imserso. En 1986 un gobierno de Felipe González puso en marcha esta iniciativa y desde entonces millones de ciudadanos y ciudadanas de nuestro país han tenido la oportunidad de viajar con ese programa. Para muchos de ellos, sin duda, los viajes del Imserso han sido su primera oportunidad para conocer otras tierras, otras luces, otras culturas. El estado del bienestar que los españoles hemos construido en las últimas décadas, con nuestro trabajo y con nuestros impuestos, ha permitido a millones de mayores abrazar esa posibilidad que les facilita un envejecimiento activo y saludable. Y ha hecho posible, también, que nuestra industria turística tenga mayor actividad en los meses de invierno.
El turismo social tiene pues esa doble vertiente: su carácter redistributivo, de igualación de oportunidades, y su efecto multiplicador, de generación de riqueza. En Castellón, durante los últimos tres años, 32.300 pensionistas han viajado con este programa del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Treinta y dos mil historias personales enriquecidas por las políticas de solidaridad que todos hacemos posibles con nuestro compromiso fiscal.
También la industria turística castellonense se beneficia del programa. En el último trienio más de 100.000 plazas hoteleras han sido ocupadas por turistas del Imserso, generando más de 28 millones de euros de negocio y 7.500 empleos. Es este un claro ejemplo de las sinergias que generan las políticas de bienestar en el impulso de la actividad económica y del empleo. Muchas empresas turísticas de esta tierra sobreviven a la estacionalidad estival propia de nuestro modelo turístico gracias a esa actividad. Y debemos perseverar en la consolidación de esa oferta.
Este año, miles de pensionistas austriacos beneficiarios de programas de turismo social de su país se han alojado en hoteles de Peñíscola y han recorrido nuestra provincia durante la primavera al amparo de un convenio suscrito con la Generalitat y la Diputación. Y se prevé que en los próximos años continúe esa fructífera relación.
No podemos dejar pasar estas oportunidades. Castellón reúne condiciones óptimas para afianzar una oferta de turismo social solvente que contribuya a desestacionalizar esta actividad económica clave para nuestro futuro. El verano seguirá siendo el tiempo preferido por quienes vienen de fuera para conocernos y disfrutar de lo mucho que aquí pueden encontrar. Pero es imprescindible que escrutemos todas las opciones que permitan ampliar temporalmente nuestra agenda turística. Y una de ellas, sin duda, son los programas vacacionales destinados a personas mayores, ya sean promovidos por el Gobierno de España, por los gobiernos autonómicos o por otras instituciones y organizaciones nacionales o extranjeras.
La riqueza paisajística, patrimonial, cultural y gastronómica de Castellón nos ofrece una plataforma excepcional para incrementar nuestra competitividad turística. Las infraestructuras que nos comunican con el mundo y que garantizan la llegada de los potenciales viajeros, aún teniendo que ser mejoradas y ampliadas, nos hacen un destino accesible para millones de personas. Pero el alma, el alma de nuestra apuesta turística son los emprendedores y las emprendedoras que cada día abren sus negocios, sus restaurantes, sus hoteles, sus comercios, sus balnearios en Montanejos o en Morella o en Vinaròs o en Segorbe. Ellos son quienes, con su esfuerzo, su talento, su perseverancia y su responsabilidad, han de protagonizar el salto adelante que precisa el sector turístico castellonense.
Este año se cumple el 25 aniversario del programa de vacaciones para mayores del Imserso. En 1986 un gobierno de Felipe González puso en marcha esta iniciativa y desde entonces millones de ciudadanos y ciudadanas de nuestro país han tenido la oportunidad de viajar con ese programa. Para muchos de ellos, sin duda, los viajes del Imserso han sido su primera oportunidad para conocer otras tierras, otras luces, otras culturas. El estado del bienestar que los españoles hemos construido en las últimas décadas, con nuestro trabajo y con nuestros impuestos, ha permitido a millones de mayores abrazar esa posibilidad que les facilita un envejecimiento activo y saludable. Y ha hecho posible, también, que nuestra industria turística tenga mayor actividad en los meses de invierno.
El turismo social tiene pues esa doble vertiente: su carácter redistributivo, de igualación de oportunidades, y su efecto multiplicador, de generación de riqueza. En Castellón, durante los últimos tres años, 32.300 pensionistas han viajado con este programa del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Treinta y dos mil historias personales enriquecidas por las políticas de solidaridad que todos hacemos posibles con nuestro compromiso fiscal.
También la industria turística castellonense se beneficia del programa. En el último trienio más de 100.000 plazas hoteleras han sido ocupadas por turistas del Imserso, generando más de 28 millones de euros de negocio y 7.500 empleos. Es este un claro ejemplo de las sinergias que generan las políticas de bienestar en el impulso de la actividad económica y del empleo. Muchas empresas turísticas de esta tierra sobreviven a la estacionalidad estival propia de nuestro modelo turístico gracias a esa actividad. Y debemos perseverar en la consolidación de esa oferta.
Este año, miles de pensionistas austriacos beneficiarios de programas de turismo social de su país se han alojado en hoteles de Peñíscola y han recorrido nuestra provincia durante la primavera al amparo de un convenio suscrito con la Generalitat y la Diputación. Y se prevé que en los próximos años continúe esa fructífera relación.
No podemos dejar pasar estas oportunidades. Castellón reúne condiciones óptimas para afianzar una oferta de turismo social solvente que contribuya a desestacionalizar esta actividad económica clave para nuestro futuro. El verano seguirá siendo el tiempo preferido por quienes vienen de fuera para conocernos y disfrutar de lo mucho que aquí pueden encontrar. Pero es imprescindible que escrutemos todas las opciones que permitan ampliar temporalmente nuestra agenda turística. Y una de ellas, sin duda, son los programas vacacionales destinados a personas mayores, ya sean promovidos por el Gobierno de España, por los gobiernos autonómicos o por otras instituciones y organizaciones nacionales o extranjeras.
La riqueza paisajística, patrimonial, cultural y gastronómica de Castellón nos ofrece una plataforma excepcional para incrementar nuestra competitividad turística. Las infraestructuras que nos comunican con el mundo y que garantizan la llegada de los potenciales viajeros, aún teniendo que ser mejoradas y ampliadas, nos hacen un destino accesible para millones de personas. Pero el alma, el alma de nuestra apuesta turística son los emprendedores y las emprendedoras que cada día abren sus negocios, sus restaurantes, sus hoteles, sus comercios, sus balnearios en Montanejos o en Morella o en Vinaròs o en Segorbe. Ellos son quienes, con su esfuerzo, su talento, su perseverancia y su responsabilidad, han de protagonizar el salto adelante que precisa el sector turístico castellonense.
03 febrero 2011
Acordando el futuro
Emitido en el programa Castellón en la onda de Onda Cero Castellón el 1 de febrero de 2011.
Buenos días Lorena:
Permíteme, en este tiempo de dificultades, que dedique este espacio que tan amablemente me cedéis a celebrar el acuerdo social sobre las reformas que están cerrando estos días el Gobierno de España, los sindicatos y los empresarios.
Es bueno, para todos, para cada uno de nosotros y para la sociedad española en su conjunto, que encontremos espacios de acuerdo y de concertación para afrontar las importantes reformas que necesitamos.
Estamos en un tiempo nuevo que exige nuevas políticas y decididas apuestas para asegurarnos un futuro mejor. Y, sin duda, el pacto con los agentes sociales sobre las pensiones, las políticas activas de empleo, la negociación colectiva o la política industrial y energética es una buena noticia. A ese acuerdo fundamental quiere el Gobierno sumar también a los grupos parlamentarios para impulsarlo con toda determinación.
Sé que el camino de reformas iniciado por el Gobierno estos últimos años ha generado desconcierto a muchos ciudadanos. Y a una parte importante del electorado progresista. Pero créanme que se ha hecho y se está haciendo lo necesario para salir de la mayor crisis que ha sufrido el mundo desarrollado y, por supuesto, España en las últimas décadas. Y no ha sido fácil.
Había que reformar ahora el sistema público de pensiones, para que quienes hoy tienen 40 años tengan garantizada su pensión cuando se jubilen. Había que reformar ahora las políticas de empleo, para que la recuperación genere empleo de calidad y estable. Había que emprender muchas reformas para que el dolor que esta crisis ha provocado a tantas familias no se vuelva a repetir. Para salvar nuestro estado del bienestar y la cohesión social sin renunciar a un crecimiento basado en más productividad, más competitividad y más solidaridad.
Por todo ello, Lorena, quiero mostrar aquí el reconocimiento del Gobierno de España a la Unión General de Trabajadores, a Comisiones Obreras y a la Confederación Española de Organizaciones Empresariales por su compromiso con nuestro futuro.
A todas y a todos, buena suerte. Y que la semana les sea propicia. Salud, Lorena.
Buenos días Lorena:
Permíteme, en este tiempo de dificultades, que dedique este espacio que tan amablemente me cedéis a celebrar el acuerdo social sobre las reformas que están cerrando estos días el Gobierno de España, los sindicatos y los empresarios.
Es bueno, para todos, para cada uno de nosotros y para la sociedad española en su conjunto, que encontremos espacios de acuerdo y de concertación para afrontar las importantes reformas que necesitamos.
Estamos en un tiempo nuevo que exige nuevas políticas y decididas apuestas para asegurarnos un futuro mejor. Y, sin duda, el pacto con los agentes sociales sobre las pensiones, las políticas activas de empleo, la negociación colectiva o la política industrial y energética es una buena noticia. A ese acuerdo fundamental quiere el Gobierno sumar también a los grupos parlamentarios para impulsarlo con toda determinación.
Sé que el camino de reformas iniciado por el Gobierno estos últimos años ha generado desconcierto a muchos ciudadanos. Y a una parte importante del electorado progresista. Pero créanme que se ha hecho y se está haciendo lo necesario para salir de la mayor crisis que ha sufrido el mundo desarrollado y, por supuesto, España en las últimas décadas. Y no ha sido fácil.
Había que reformar ahora el sistema público de pensiones, para que quienes hoy tienen 40 años tengan garantizada su pensión cuando se jubilen. Había que reformar ahora las políticas de empleo, para que la recuperación genere empleo de calidad y estable. Había que emprender muchas reformas para que el dolor que esta crisis ha provocado a tantas familias no se vuelva a repetir. Para salvar nuestro estado del bienestar y la cohesión social sin renunciar a un crecimiento basado en más productividad, más competitividad y más solidaridad.
Por todo ello, Lorena, quiero mostrar aquí el reconocimiento del Gobierno de España a la Unión General de Trabajadores, a Comisiones Obreras y a la Confederación Española de Organizaciones Empresariales por su compromiso con nuestro futuro.
A todas y a todos, buena suerte. Y que la semana les sea propicia. Salud, Lorena.
18 septiembre 2010
Gasto para la dignidad
Publicado en Mediterráneo el 18 de septiembre de 2010.
1.250 millones de euros. Casi 210.000 millones de las antiguas pesetas. Ese es el gasto que asumirá el Estado en 2010 para atender las más de 130.000 pensiones que perciben miles de ciudadanos y ciudadanas castellonenses: pensiones de jubilación, de viudedad y orfandad, de invalidez; pensiones derivadas del antiguo seguro obligatorio de vejez e invalidez (SOVI); pensiones no contributivas. Un gasto de solidaridad, de justicia social, de compromiso con la dignidad.
El sistema público de pensiones es una de las patas que sustenta nuestro Estado del bienestar, junto con los sistemas sanitario, educativo y de atención a la dependencia. Constituyen el núcleo duro de las políticas públicas que hacen del modelo social europeo el más justo e integrador del mundo. Por ello, desde el restablecimiento de la democracia a finales de los años 70 todos los gobiernos españoles han prestado especial atención al fortalecimiento del sistema de pensiones.
España llegó más tarde que el resto de la Europa occidental a las políticas de bienestar; pero el esfuerzo colectivo sostenido a lo largo de las tres últimas décadas nos ha permitido dotarnos de una estructura pública de inserción, protección y promoción social homologable al de las sociedades avanzadas de nuestro entorno. Es cierto que queda mucho por hacer, pero ha sido también mucho lo que hemos hecho.
La acción del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, su compromiso radical con esas políticas de la solidaridad y de la dignidad, ha permitido incrementar las pensiones mínimas en estos últimos seis años en más del 32 por 100, siendo este el período de mayor crecimiento de la historia de nuestro sistema de protección social. En Castellón, por ejemplo, la pensión media ha pasado de 6.958 euros anuales en diciembre de 2004 a 9.464 euros en julio de este año, lo que supone un incremento del 36 por 100 y una revalorización neta (descontado el IPC acumulado en esos seis años) del 20 por 100.
Ese compromiso del Gobierno y el esfuerzo de la sociedad española en estos años cobra especial sentido en nuestra tierra. Castellón ocupa uno de los últimos lugares, entre las provincias de España, en cuanto al valor de las pensiones que perciben nuestros pensionistas. Esto ha venido siendo así históricamente, por razón del tipo de crecimiento económico y desarrollo social sobre el que se ha construido nuestra realidad actual.
En julio de 2010 la pensión media de jubilación percibida por los castellonenses con derecho a ella es de 10.409 euros anuales, la séptima más baja de toda España, sólo por encima de Córdoba, Cáceres, Zamora, Almería, Lugo y Ourense. Hemos ganado un lugar con relación al año 2000 y desde enero de 2005 hemos subido relativamente más que el conjunto del país, pero seguimos estando en el pelotón de cola del ranking provincial, notablemente por debajo de la media nacional.
El mapa de las pensiones de jubilación es un reflejo fiel del mapa de las cotizaciones. Pensiones más bajas hoy refieren a cotizaciones menores ayer, como es fácil reconocer. He leído que algunos, en su ceguera partidista, han llegado a decir en las últimas semanas que el responsable de que nuestras pensiones sean más bajas que en la mayor parte de España es el presidente Zapatero; es, han dicho, una nueva muestra de su obsesiva tendencia a castigar a la gente de Castellón. Quien esto dice no hace más que desacreditarse a sí mismo.
Los y las castellonenses deberíamos ser los más interesados en mantener las políticas de la dignidad para nuestros pensionistas. El Gobierno, a pesar de las excepcionales dificultades por las que atraviesa la economía española y europea, va a seguir trabajando en ello. En 2010 todas las pensiones se han incrementado en un 1 por 100. En 2011 las pensiones mínimas, las no contributivas y las del SOVI lo harán de acuerdo con el incremento del coste de la vida. Este es un esfuerzo de todos que a todos compete. Para continuar, tan pronto superemos las dificultades presentes, con el compromiso de restablecer la línea de crecimiento iniciada en 2005. Por solidaridad, por dignidad y por justicia.
1.250 millones de euros. Casi 210.000 millones de las antiguas pesetas. Ese es el gasto que asumirá el Estado en 2010 para atender las más de 130.000 pensiones que perciben miles de ciudadanos y ciudadanas castellonenses: pensiones de jubilación, de viudedad y orfandad, de invalidez; pensiones derivadas del antiguo seguro obligatorio de vejez e invalidez (SOVI); pensiones no contributivas. Un gasto de solidaridad, de justicia social, de compromiso con la dignidad.
El sistema público de pensiones es una de las patas que sustenta nuestro Estado del bienestar, junto con los sistemas sanitario, educativo y de atención a la dependencia. Constituyen el núcleo duro de las políticas públicas que hacen del modelo social europeo el más justo e integrador del mundo. Por ello, desde el restablecimiento de la democracia a finales de los años 70 todos los gobiernos españoles han prestado especial atención al fortalecimiento del sistema de pensiones.
España llegó más tarde que el resto de la Europa occidental a las políticas de bienestar; pero el esfuerzo colectivo sostenido a lo largo de las tres últimas décadas nos ha permitido dotarnos de una estructura pública de inserción, protección y promoción social homologable al de las sociedades avanzadas de nuestro entorno. Es cierto que queda mucho por hacer, pero ha sido también mucho lo que hemos hecho.
La acción del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, su compromiso radical con esas políticas de la solidaridad y de la dignidad, ha permitido incrementar las pensiones mínimas en estos últimos seis años en más del 32 por 100, siendo este el período de mayor crecimiento de la historia de nuestro sistema de protección social. En Castellón, por ejemplo, la pensión media ha pasado de 6.958 euros anuales en diciembre de 2004 a 9.464 euros en julio de este año, lo que supone un incremento del 36 por 100 y una revalorización neta (descontado el IPC acumulado en esos seis años) del 20 por 100.
Ese compromiso del Gobierno y el esfuerzo de la sociedad española en estos años cobra especial sentido en nuestra tierra. Castellón ocupa uno de los últimos lugares, entre las provincias de España, en cuanto al valor de las pensiones que perciben nuestros pensionistas. Esto ha venido siendo así históricamente, por razón del tipo de crecimiento económico y desarrollo social sobre el que se ha construido nuestra realidad actual.
En julio de 2010 la pensión media de jubilación percibida por los castellonenses con derecho a ella es de 10.409 euros anuales, la séptima más baja de toda España, sólo por encima de Córdoba, Cáceres, Zamora, Almería, Lugo y Ourense. Hemos ganado un lugar con relación al año 2000 y desde enero de 2005 hemos subido relativamente más que el conjunto del país, pero seguimos estando en el pelotón de cola del ranking provincial, notablemente por debajo de la media nacional.
El mapa de las pensiones de jubilación es un reflejo fiel del mapa de las cotizaciones. Pensiones más bajas hoy refieren a cotizaciones menores ayer, como es fácil reconocer. He leído que algunos, en su ceguera partidista, han llegado a decir en las últimas semanas que el responsable de que nuestras pensiones sean más bajas que en la mayor parte de España es el presidente Zapatero; es, han dicho, una nueva muestra de su obsesiva tendencia a castigar a la gente de Castellón. Quien esto dice no hace más que desacreditarse a sí mismo.
Los y las castellonenses deberíamos ser los más interesados en mantener las políticas de la dignidad para nuestros pensionistas. El Gobierno, a pesar de las excepcionales dificultades por las que atraviesa la economía española y europea, va a seguir trabajando en ello. En 2010 todas las pensiones se han incrementado en un 1 por 100. En 2011 las pensiones mínimas, las no contributivas y las del SOVI lo harán de acuerdo con el incremento del coste de la vida. Este es un esfuerzo de todos que a todos compete. Para continuar, tan pronto superemos las dificultades presentes, con el compromiso de restablecer la línea de crecimiento iniciada en 2005. Por solidaridad, por dignidad y por justicia.
29 mayo 2010
Gatopardos
Publicado en Mediterráneo el 29 de mayo de 2010
Hace unas semanas, en el hospital Vall d'Hebron de Barcelona, se realizaba el primer trasplante total de cara del mundo. El equipo multidisciplinar dirigido por Joan Pere Barret abría un nuevo tiempo en la vida de un hombre jóven que padecía gravísimas deformaciones en su rostro. Era el decimoprimer trasplante facial de la historia; de los once, tres se han efectuado en España, en otros tantos hospitales públicos de Valencia, Sevilla y Barcelona.
Pocos días después, el pasado 19 de mayo, el Parlamento Europeo aprobaba una directiva sobre trasplantes inspirada en el modelo español. Esta norma europea, que deberá ser incorporada a las legislaciones nacionales de los países miembros de la Unión en el plazo de dos años, se ha elaborado partiendo de la ejemplar experiencia de gestión de trasplantes desarrollada en España desde 1990 y pretende salvar la vida de las 20.000 personas que mueren cada año en Europa por falta de órganos.
En las últimas décadas hemos sido capaces de situar nuestro sistema sanitario público en la vanguardia de la práctica médica mundial. Una conquista del conjunto de la sociedad española, impulsada por gobiernos de diverso signo y por las distintas Administraciones públicas y financiada con los impuestos de todos nosotros. Un esfuerzo de país. En la sanidad como en otros espacios de solidaridad, de creatividad y de generación de riqueza. En los últimos treinta años hemos protagonizado un proceso de modernización y desarrollo económico, político y social sin precedente en nuestra historia. Es razonable que sintamos, por ello, un sano orgullo colectivo que no puede ser diluido por la severidad de la crisis que padecemos.
Es incuestionable que atravesamos un momento enormemente difícil. Para España y para Europa. Un tiempo turbulento y confuso que amenaza con arrumbar el modelo de vida por el que tanto hemos trabajado las ciudadanas y los ciudadanos europeos durante tantas décadas. Legítimamente, nos sentimos orgullosos de nuestra sociedad del bienestar, de sus instrumentos de concertación y cohesión social. Del papel de Europa en el mundo como referencia de progreso para millones y millones de hombres y mujeres. Por ello, debemos actuar con determinación en la defensa y actualización de nuestra forma de vida.
Cuando concluya la crisis, el mundo no volverá a ser el mismo. Esta crisis no es un paréntesis que se cierre para volver al estado de cosas anterior. No. Así en España como en el conjunto de la Unión. Las tendencias que se fueron gestando desde los años 80 y 90 del siglo pasado se van a consolidar y la multipolaridad nos va a restar, a los europeos, centralidad en el nuevo tiempo.
Y ante ello caben tres actitudes. Seguir interpretando la misma música sin inmutarnos por lo que ocurre a nuestro alrededor, como los músicos de la recreación filmográfica del hundimiento del Titánic. O pretender introducir algunos cambios cosméticos para que todo siga igual en el fondo, como advierte don Fabrizzio di Salina, el viejo aristócrata siciliano que Giuseppe Tomasi di Lampedusa retratara en El gatopardo.
O afrontar con rigor, sensatez y serenidad la nueva realidad para preservar nuestro modelo de bienestar actualizando sus instrumentos de solidaridad, incrementando nuestra competitividad en el mundo, reforzando los mecanismos de concertación y gobierno de la Unión Europea, racionalizando el gasto público y renovando decididamente el pacto político entre las instituciones democráticas y la voluntad popular.
Vivimos un momento histórico. Emilio Ontiveros, en su conferencia en la UJI del pasado día 20, en el magnífico ciclo auspiciado por el ITC, dijo que “esta crisis ocupa la segunda posición en el podium de las grandes crisis que ha sufrido la Humanidad, sólo por detrás de la del 29”. España y Europa, nuestra forma de vivir y entender la ciudadanía, requieren de ese esfuerzo.
Hace unas semanas, en el hospital Vall d'Hebron de Barcelona, se realizaba el primer trasplante total de cara del mundo. El equipo multidisciplinar dirigido por Joan Pere Barret abría un nuevo tiempo en la vida de un hombre jóven que padecía gravísimas deformaciones en su rostro. Era el decimoprimer trasplante facial de la historia; de los once, tres se han efectuado en España, en otros tantos hospitales públicos de Valencia, Sevilla y Barcelona.
Pocos días después, el pasado 19 de mayo, el Parlamento Europeo aprobaba una directiva sobre trasplantes inspirada en el modelo español. Esta norma europea, que deberá ser incorporada a las legislaciones nacionales de los países miembros de la Unión en el plazo de dos años, se ha elaborado partiendo de la ejemplar experiencia de gestión de trasplantes desarrollada en España desde 1990 y pretende salvar la vida de las 20.000 personas que mueren cada año en Europa por falta de órganos.
En las últimas décadas hemos sido capaces de situar nuestro sistema sanitario público en la vanguardia de la práctica médica mundial. Una conquista del conjunto de la sociedad española, impulsada por gobiernos de diverso signo y por las distintas Administraciones públicas y financiada con los impuestos de todos nosotros. Un esfuerzo de país. En la sanidad como en otros espacios de solidaridad, de creatividad y de generación de riqueza. En los últimos treinta años hemos protagonizado un proceso de modernización y desarrollo económico, político y social sin precedente en nuestra historia. Es razonable que sintamos, por ello, un sano orgullo colectivo que no puede ser diluido por la severidad de la crisis que padecemos.
Es incuestionable que atravesamos un momento enormemente difícil. Para España y para Europa. Un tiempo turbulento y confuso que amenaza con arrumbar el modelo de vida por el que tanto hemos trabajado las ciudadanas y los ciudadanos europeos durante tantas décadas. Legítimamente, nos sentimos orgullosos de nuestra sociedad del bienestar, de sus instrumentos de concertación y cohesión social. Del papel de Europa en el mundo como referencia de progreso para millones y millones de hombres y mujeres. Por ello, debemos actuar con determinación en la defensa y actualización de nuestra forma de vida.
Cuando concluya la crisis, el mundo no volverá a ser el mismo. Esta crisis no es un paréntesis que se cierre para volver al estado de cosas anterior. No. Así en España como en el conjunto de la Unión. Las tendencias que se fueron gestando desde los años 80 y 90 del siglo pasado se van a consolidar y la multipolaridad nos va a restar, a los europeos, centralidad en el nuevo tiempo.
Y ante ello caben tres actitudes. Seguir interpretando la misma música sin inmutarnos por lo que ocurre a nuestro alrededor, como los músicos de la recreación filmográfica del hundimiento del Titánic. O pretender introducir algunos cambios cosméticos para que todo siga igual en el fondo, como advierte don Fabrizzio di Salina, el viejo aristócrata siciliano que Giuseppe Tomasi di Lampedusa retratara en El gatopardo.
O afrontar con rigor, sensatez y serenidad la nueva realidad para preservar nuestro modelo de bienestar actualizando sus instrumentos de solidaridad, incrementando nuestra competitividad en el mundo, reforzando los mecanismos de concertación y gobierno de la Unión Europea, racionalizando el gasto público y renovando decididamente el pacto político entre las instituciones democráticas y la voluntad popular.
Vivimos un momento histórico. Emilio Ontiveros, en su conferencia en la UJI del pasado día 20, en el magnífico ciclo auspiciado por el ITC, dijo que “esta crisis ocupa la segunda posición en el podium de las grandes crisis que ha sufrido la Humanidad, sólo por detrás de la del 29”. España y Europa, nuestra forma de vivir y entender la ciudadanía, requieren de ese esfuerzo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
