24 septiembre 2008

Discurso con motivo de la celebración de Nuestra Señora de la Merced en el Centro Penitenciario Castellón I en 2008

Permitidme, antes de iniciar esta intervención, manifestar la más absoluta repulsa del Gobierno al fanatismo criminal de quienes quieren quebrar nuestra democracia a través de la violencia. Luis Conde fue asesinado el pasado domingo por la tiranía de la sinrazón etarra. Por él y por tantos como él, por sus familiares y amigos, por nuestra dignidad y nuestra libertad hemos de seguir trabajando con la fortaleza de la convicción para erradicar definitivamente el terror de nuestras vidas.

Un año más tengo la satisfacción de dirigirme a todos vosotros en el día de la Merced. De nuevo estamos aquí para celebrar el día de la patrona de las Instituciones Penitenciarias.

Lo hacemos, este año, con novedades importantes. Olga, esta es tu primera Merced como directora de este Centro. Hace poco más de tres meses te pusiste al frente de un magnífico equipo humano y profesional, del que tú misma has formado parte durante muchos años. Sé que este es el reconocimiento a una trayectoria profesional ejemplar; y tengo el convencimiento de que sabrás trasladar tu buen juicio y tu capacidad a toda la organización que diriges.

Sustituyes a un excelente compañero y a un hombre que durante años supo imprimir en este centro su vocación de servicio público y su buen hacer. Querido Antonio, gracias por todo cuanto nos has dado y ánimo para continuar con el mismo nivel de exigencia y dedicación en tu nuevo destino.

Esta es la primera Merced también del nuevo Centro Penitenciario Castellón II. Ana, bienvenida a esta tierra. Has asumido el encargo de poner en funcionamiento una penitenciaría modélica y de dirigir un equipo de más de 500 hombres y mujeres dispuestos a trabajar para que así sea. Pese a tu juventud tienes ya un largo recorrido profesional en el sistema penitenciario español. Los centros de Melilla y Topas, en Salamanca, conocen ya de tu capacidad para ahormar equipos e impulsar estrategias que favorezcan el adecuado funcionamiento del sistema. Sabéis, Olga y Ana, que el Gobierno tiene plena confianza en vosotras para llevar adelante vuestra encomiable tarea. No tengo ninguna duda de que nuestra sociedad es mejor si nuestras prisiones son mejores. Por eso os deseo lo mejor; vuestro éxito profesional será el de todos nosotros.

Hace casi 800 años, el 10 de agosto de 1218 Pedro Nolasco, gracias al apoyo y el impulso del rey Jaume I, fundó en Barcelona la Orden de los Mercedarios. Inicialmente encaminada al rescate y cuidado de los cristianos cautivos, a lo largo de los siglos fue derivando en la atención a las necesidades más acuciantes de los presos. Esa progresión se ha ido acelerando en los últimos tiempos.

Fijaos, hace ya dos siglos, en 1812, nuestra primera Constitución determinaba que: “Se dispondrán las cárceles de manera que sirvan para asegurar y no para molestar a los presos: así el alcaide tendrá a éstos en buena custodia y separados los que el juez mande tener sin comunicación; pero nunca en calabozos subterráneos ni malsanos”.

166 años después, la Constitución de 1978, en su artículo 25, establecía que: “Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados.”

Ese recorrido ha estado surcado por el compromiso de hombres y mujeres clarividentes, como Concepción Arenal, Rafael Salillas, Jiménez de Asúa o Victoria Kent, que tuvieron el arrojo de romper prejuicios y promover cambios revolucionarios que han permitido a lo largo del tiempo mejorar nuestro sistema penitenciario.

A menudo, en el debate público, se cuestiona la progresión humanitaria y dignificadora de nuestro régimen de cumplimiento penal. Frente a ello tenemos la obligación de explicar a la sociedad que ese proceso es fruto de décadas de experiencias y reflexiones que nos mostraron la línea a seguir, a pesar de las dificultades. Un caso paradigmático es la implantación experimental en 1889, en la prisión de Ceuta, del método de clasificación de reclusos de Walter Crofton. Establecía como medida para la reeducación de los internos cuatro grados: celular, instructivo, intermedio y de circulación libre o libertad condicional. Las críticas fueron furibundas. Años después, en 1901, se extendía el método Crofton a todas las prisiones españolas, y aún hoy perdura actualizado. Hemos de seguir trabajando para mejorar nuestro sistema penitenciario, aprovechando la experiencia vivida y las posibilidades que nos ofrecen las tecnologías actuales y explicando a la sociedad cómo lo hacemos.

Ese movimiento permanente en busca de mayor eficacia y más dignidad lo protagonizáis a diario los funcionarios y las funcionarias de este centro. Gracias a vosotros se han puesto en marcha multitud de programas rehabilitadores. A lo largo de este año habéis organizado dos semanas culturales en torno al desarrollo sostenible y la multiculturalidad; habéis promovido programas de fomento de la lectura, talleres formativo-ocupacionales, y salidas programadas, entre ellas el peregrinaje por el Camino de Santiago; se han impulsado campañas con internos drogodependientes, con condenados por delitos de género y agresión sexual, programas de desarrollo personal con mujeres e internos extranjeros, de formación para el empleo, etc.

Todas estas iniciativas serían inviables sin la generosidad y el compromiso de las entidades, instituciones y empresas que colaboran con los fines sociales que nuestra institución persigue. Quiero aquí manifestar mi agradecimiento y el del Gobierno de España a las empresas TAU Cerámica, Stratos, Onix, Vidrepur y Estampaciones Metálicas que mantienen abiertos talleres productivos dentro de la prisión dando trabajo a más de 80 internos, y a las asociaciones PATIM, Proyecto Amigó, RETO, ARACA, a las UCAs de Castellón y provincia, Cruz Roja, Tots Units, Fundación “La Caixa”, Grupo Ávacos, Instituto Inter y Pastoral Penitenciaria sin cuya ayuda sería imposible desarrollar los programas terapéuticos que acabamos de nombrar.

Decía Miguel Hernández, desde su presido en Alicante, que “cada ciudad dormida exhala un silencio de cárcel”. Yo no creo en las cárceles silenciosas. Las creo vívidas, sentidas, intensas. Son parte de la sociedad y nada de ella les es ajeno. Como una escuela o un hospital. Y así hemos de entenderlas. Gracias, una vez más, a las personas y organizaciones que nos ayudáis a que quienes aquí están justamente privados de libertad no pierdan su dignidad.

Mercedes Gallizo, secretaria general de Instituciones Penitenciarias, ha dicho que: “El estado ha encomendado a esta institución una tarea extraordinariamente importante para la seguridad del país: custodiar a las personas que los jueces han decidido que deben pasar un tiempo privadas de libertad y proteger a la sociedad del riesgo que pueden representar para la libertad de los demás, y también ayudar a que el tiempo que permanecen en nuestra institución les sirva para reincorporarse a la sociedad como personas insertadas. Somos servidores del estado y por eso nos acompaña un plus de responsabilidad que asumimos con orgullo, pero que también queremos que sea reconocido.”

Este ha de ser un acto público de reconocimiento sincero a vuestro trabajo. En los próximos meses, cuando se complete el catálogo de Castellón II, seréis casi 800 los funcionarios y funcionarias que prestaréis vuestro servicio público penitenciario en nuestra provincia. A todos y a todas, cualesquieran que sean los destinos que ocupáis, mi más sentida admiración. Os necesitamos; vuestro trabajo es imprescindible para que esta sociedad avance en pos de la justicia, la libertad y la seguridad para todos.

Marco Antonio, Antonio, Salvador, Juan Antonio en vosotros personalizamos hoy ese reconocimiento. Gracias, muchas gracias. Representáis como nadie los valores de vocación y compromiso en los que creemos los servidores públicos. Enhorabuena por vuestros 25 años de servicio.

Muchas gracias

13 mayo 2008

Discurso con motivo del 164 aniversario de la fundación de la Guardia Civil

Rememorar hoy la creación, hace 164 años, de la Guardia Civil supone reconocer el sacrificio y la entrega de miles de hombres y mujeres que durante este tiempo han luchado por garantizar más y mejor seguridad a los españoles. Es reforzar el compromiso del Instituto con la ciudadanía, reafirmar su voluntad indeleble de servicio público esencial a disposición de nuestra sociedad.

El siglo XIX fue difícil, José Manuel. No más que otros, bien es cierto. Lo fue también el anterior y el que le siguió. Y lo es el que vivimos para muchos hombres y mujeres. La historia de la Humanidad es compleja; y no lo es menos la de la gente que vivimos, sentimos y trabajamos en este espacio privilegiado de la Europa mediterránea.

La Guardia Civil nació para salvaguardar el orden en una España que recién había vivido la revolución burguesa y que estaba alumbrando las instituciones liberales. Y pronto os convertisteis en piedra angular en la construcción del nuevo Estado. En menos de 10 años los efectivos pasaron de 3.200 a más de 10.000 hombres desplegados por todo el territorio español peninsular.

Las comarcas de Castellón os vieron llegar en diciembre de 1844. Sot de Ferrer y Forcall fueron los primeros municipios que conocieron de la presencia de la Guardia Civil. Y pronto se establecería el mando provincial en Castellón de la Plana.

Vuestra misión esencial fue contribuir a articular una realidad política e institucional nueva. Consolidar el modelo de Estado surgido de las convulsiones de la primera mitad del XIX. Os convertisteis en servidores públicos privilegiados en la edificación de la España que hoy conocemos.

Desde entonces habéis acompañado el tránsito de la sociedad española hacia la modernidad. Este camino recorrido por los españoles no ha sido lineal; ha conocido momentos de intensificación democrática y retrocesos dramáticos. Tiempos de progreso se han alternado con períodos oscuros.

Ahora a todos nos cabe la satisfacción de haber consolidado la democracia y de ser protagonistas activos de la construcción de nuestro futuro colectivo.

En ese tiempo por venir la Guardia Civil seguirá trabajando por la seguridad y los derechos de todos. De la única manera que sabéis hacerlo: con lealtad a la sociedad que os da sentido. Lo habéis hecho siempre, preservando la legalidad y con sentido de Estado.

Hoy, en la España democrática, sentimos la necesidad de honraros y de animaros a seguir en esa misión benemérita de abrir espacios de seguridad. En todo caso, teniente coronel, las sociedades cambian y vosotros sois, como nadie, ejemplo de actualización permanente, de adaptación a la realidad de una sociedad cambiante como la nuestra.

Por eso, tantos años después, los hombres y mujeres que viven, sueñan y trabajan en nuestras comarcas siguen queriéndoos. Siguen demandando vuestro servicio. Siguen viendo en la Guardia Civil la garantía de sus proyectos y de su voluntad de hacer de la nuestra una tierra próspera.

No podían imaginar González Bravo y Narváez hace 164 años que hoy estaríais desplegados por todo el mundo. Desde 1989, año en que comenzaron las intervenciones de la Guardia Civil en el exterior, cuatro mil miembros del Instituto han participado en operaciones fuera de nuestro país. Lo han hecho en la protección de los derechos humanos de la población y en la asistencia a otros servicios policiales; en la supervisión de procesos electorales o la protección de autoridades y legaciones diplomáticas. En todo caso han sabido dejar la impronta de profesionalidad y eficacia que os caracteriza. Embajadores de excepción, han llevado lo mejor de nuestra experiencia colectiva por todo el planeta.

En este momento, hay guardias y oficiales adscritos a esta Comandancia en Senegal y en Bosnia. Todos, como vosotros y vosotras, trabajando por una sociedad mejor. Esa es vuestra grandeza.

Hoy tenéis más y mejores medios que nunca y estáis más preparados para hacer vuestro trabajo. Todos, todos lo sabemos. Y todos, todos sabemos que lo estáis haciendo. Aquellas honorables parejas de guardias civiles que recorrían a pie nuestra tierra han dado paso a un servicio policial público altamente cualificado y valorado en todo el mundo. Sois el reflejo de la sociedad a la que pertenecéis: moderna, comprometida, avanzada, con afán de justicia y permanente voluntad de mejorar.

Sentid el reconocimiento del Gobierno y de la sociedad. Sabed que cada uno de vosotros portáis el compromiso de más libertad, más seguridad y más igualdad para todos y cada uno de vuestros conciudadanos. Esta es la esencia de vuestro trabajo.

Esa gratitud de la sociedad se manifiesta hoy en las condecoraciones que os han sido entregadas. A todos y a todas, enhorabuena. Que estas condecoraciones os animen a seguir sirviendo a los españoles. A quienes habéis pasado a la reserva o al retiro, mi admiración más sincera.

Permitidme terminar fundiendo estas palabras con el recuerdo a Raúl Centeno y Fernando Trapero, los últimos compañeros asesinados por la sinrazón etarra. A ellos y a todos cuantos dieron su vida defendiendo nuestra democracia, muchas gracias.

03 mayo 2008

El camarote y la parte contratante

Publicado en Mediterráneo el 3 de mayo de 2008

¿Se acuerdan ustedes de cuántos personajes había en el camarote de los hermanos Marx? No lo recuerdo con exactitud pero estoy convencido de que eran más de una docena: los Marx, la manicura, el fontanero, los camareros, la limpiadora… Cada uno a lo suyo; las circunstancias eran lo de menos: cada uno cumplía con su papel a pesar de los codazos propios y ajenos. “Pase, pase” decía Groucho a quien llamaba a la puerta.

No sé si alguien en el Partido Popular ha decidido escenificar una nueva versión del camarote, convencido de que la realidad puede superar con creces la ficción. ¿Se imaginan a Rajoy, Aguirre, Camps, Zaplana, Pizarro, Costa, Aznar, Sáenz de Santamaría… a codazos en el “camarote de Mariano”? Cada uno a lo suyo y todos con el dedo en ojo ajeno. Da igual lo que ocurra fuera de allí; ellos a lo suyo. “Y dos huevos duros… Tres”. Sí, yo creo que sí que se lo imaginan.

Con ese panorama no es de extrañar que más de uno se lance a poner en marcha ocurrencias de alto voltaje mediático para dejarse ver y hacerse notar en semejante barullo. Es un pavoneo hueco que, lejos de pretender resolver los problemas de la ciudadanía, busca un puesto de privilegio en la alocada carrera sucesoria al frente de la derecha española.

Por supuesto que en ello están los conservadores valencianos. ¿O es posible encontrar otra explicación a que la asignatura de Educación para la ciudadanía se pretenda impartir en inglés en los colegios e institutos de la Comunidad Valenciana? Ya puestos podrían hacerlo en mandarín, habida cuenta del despertar imparable de China como potencia mundial. Y, por qué no, dar la filosofía en alemán y la religión en latín.

Son únicos en lo de volver todo del revés y liar a los ciudadanos hasta confundirlos. En el fondo, y mal que les pese, son marxistas por los cuatro costados. Marxistas de Groucho, ya me entienden. Ahora han sacado lo del “compromiso de integración de los inmigrantes”. Otro brindis al sol carente de sentido. Ellos saben que no tiene el más mínimo valor jurídico. Saben que ese contrato de integración es papel mojado porque no tiene ninguna cobertura legal. Da igual. Miren, en España (y la Comunidad Valenciana es España, salvo que también en eso quieran confundirnos) los inmigrantes están sujetos al imperio de la ley. Como cualquier otro ciudadano. Nadie estamos al margen de la legalidad y sólo los jueces pueden determinar quien incumple la ley y cómo debe ser sancionado por ello.

La ocurrencia del “compromiso de integración” no es más que eso, una ocurrencia. Nuestras leyes están para ser cumplidas por todos quienes vivimos en España, sin excepción, sin espacios para la impunidad. Esas leyes son las que establecen qué obligaciones y qué derechos tenemos; son ellas las que definen nuestro modelo de convivencia y nuestra escala de valores.

Por supuesto que es exigible a quien decide construir su futuro en nuestra tierra que conozca y reconozca nuestra forma de entender la vida y de convivir. Y que sepa acomodarse a nuestro entorno cultural sin que ello suponga perder su identidad. Para eso están las leyes. Y para eso, también, están las políticas educativas y sociales que nos ayuden a todos a vivir en la diversidad.

Bien que lo siento pero a mí lo del “contrato de inmigración” me recuerda aquello de “la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”. Pues eso: Groucho.

16 febrero 2008

Personajes de Hitchcock

Publicado en Mediterráneo en febrero de 2008.

Hace unas semanas volví a ver La sombra de una duda. ¿Recuerdan? Joseph Cotten y Teresa Wright, soberbios. Él interpretaba a Charles Oakley, un personaje inquietante obsesionado por ocultar su oscuro pasado al precio que fuera. Enredado en sus propias mentiras fue dejando cabos sueltos que permitieron a su sobrina (Teresa Wright) descubrir la turbulenta vida del tío Charlie.

Esa capacidad del mago Hitchcock para presentarnos en sus películas personajes arquetípicos que ejemplifican comportamientos sociales me ha resultado siempre admirable. Porque, lamentablemente, esa voluntad manipuladora, ocultista y tergiversadora no es exclusiva de Charles Oakley. Algunos, en la vida real, fuera de la ficción parecen estar abonados a ese comportamiento. Y en ello están los jefes de la derecha local.

Hace tanto tiempo que convirtieron la política en el espacio de la bronca, de la figuración y del engaño masivo que son incapaces de imaginar, siquiera, la realidad. Confunden sus deseos con el mundo real, de tal modo que quieren hacernos ver el blanco como negro.

Esto es lo que vienen haciendo estas semanas al hablar de la seguridad ciudadana en la provincia. Les he oído decir que desde la Subdelegación se practica un “apagón informativo” para ocultar el clima de inseguridad insoportable que, según ellos, impera en nuestra tierra. Han dicho también que las “mesnadas zapateristas” (así, literalmente) no hemos hecho nada por mejorar la seguridad de los castellonenses.

¿Saben ustedes cuántos delitos se cometieron en nuestra provincia en 2001? 32 por cada 1.000 habitantes. ¿Y en 2002? 31. Nunca, ni antes ni después, Castellón ha padecido esas tasas delincuenciales. En 2006 fueron 25; y en 2007, a falta de las cifras definitivas, estaremos también en ese entorno. Estos son los datos oficiales. Los que da este Gobierno y los que daba el anterior.

Es bueno, también, que sepan que el último edificio policial inaugurado en Castellón fue en 1996. En febrero de ese año, en los últimos meses del mandato de Felipe González. Y que ha sido precisamente el Gobierno de Rodríguez Zapatero el que ha licitado hace unas semanas las obras de la nueva comisaría provincial del Cuerpo Nacional de Policía.

No quiero pensar que les moleste, a los jefes de la derecha, que esto sea así. No, seguro que no. Debe ser un problema de comprensión de la realidad. O de amnesia. Sólo así cabe explicarse que se empeñen en hablar de seguridad ciudadana. Porque, ¿saben ustedes quién era ministro del Interior en esos años negros de 2001 y 2002? Mariano Rajoy Brey. Sí, el mismo que dice que si gobierna traerá más policías y menos delitos.

Pero… si ya gobernó. Gobernó ¡ocho años! Ocupó cinco ministerios. Fue vicepresidente del Gobierno cuando lo del Prestige y lo de Irak. La verdad es que produce cierto rubor ajeno, ¿no creen? Precisamente él, que dejó menos policías nacionales y guardias civiles en las comisarías y cuarteles de Castellón que los que se encontró al llegar al Ministerio del Interior en febrero de 2001. En fin, es lo que hay.

Está claro que no les gusta que les recuerden el pasado. Es comprensible. Quieren ocultarlo como el personaje de Hitchcock. Su problema es que son muchos los ciudadanos y las ciudadanas que siguen viendo en la sombra de Mariano Rajoy el negro del chapapote. Y ese negro cuesta mucho de emblanquecer.

07 febrero 2008

Tostadas de Cañete y españolidad

Publicado en Mediterráneo en febrero de 2008

No sé qué opinarán los miles de trabajadores extranjeros que se ganan honradamente la vida en los bares y restaurantes castellonenses sobre el diputado Arias Cañete. No sé qué consideración les merece sus gracietas de señorito andaluz sobre los buenos y los malos camareros, la tostada, la manteca colorà, los boquerones con vinagre y el café con leche. Dice este hombre que ahora los camareros ya no son como los de antes; ahora nos atienden con acento extranjero y nos miran con ojos extraños… ¡Malditos inmigrantes!, debía estar pensando: qué chapuceros son estos aprovechados que vienen pidiendo trabajo y nos pagan con tanta ingratitud. Hasta tal punto son ingratos que responden a tanta solidaridad saturando nuestro sistema público de salud para hacerse mamografías o exigir que les receten antibióticos. ¡Si es que no se puede ser bueno con esta gente!

Cañete es un tipo memorable. Un arquetipo, diría yo. Es esa España rancia, negra, xenófoba, machista, deleznablemente clasista que tantos queremos dejar en el pasado. Pero tiene una virtud: dice en voz alta lo que muchos de sus correligionarios piensan y callan por tacticismo electoral.

El Partido Popular nos está vendiendo estos días su oferta en materia de inmigración. Mariano Rajoy nos habla de una especie de contrato de españolidad para luchar contra la poligamia y la ablación del clítoris. Dicen ellos, los populistas, que Zapatero es el culpable de que tengamos tantos inmigrantes; dicen que la política blanda del Gobierno socialista permite a los delincuentes extranjeros campar por nuestra tierra sin temor a nada; dicen que miramos hacia otro lado y que no hemos hecho nada para evitar la existencia de miles y miles de indocumentados en situación irregular.

El problema de Rajoy se llama memoria. ¿Alguien podría confiar en un pirómano que después de ocho años quemando bosques se ofrezca para dirigir la lucha contra el fuego? Miren, los datos son tozudos; tanto que, a menudo, nos evitan extendernos en explicaciones.

En enero del año 2000 había en nuestra provincia 10.326 extranjeros censados. Cuatro años después eran 52.247, ¡cinco veces más! Hagan memoria: Aznar era el presidente del Gobierno y Rajoy su vicepresidente. Y recuerden, también: entre febrero de 2001 y julio de 2002 fue Rajoy el ministro del Interior, responsable de la gestión de extranjería en aquellos tiempos.

Durante esos años se produjeron dos regularizaciones masivas de extranjeros. Regularizaciones en las que estar en posesión de un billete de autobús, de un tíquet de compra en un supermercado o de una receta médica era suficiente para acreditar la estancia e iniciar el expediente de autorización de residencia. Créanme: ni rastro del contrato de españolidad que ahora dicen que van a exigir si gobiernan. Por esta vía regularizaron su situación 12.800 extranjeros en nuestra provincia entre marzo de 2000 y julio de 2001, rechazándose sólo un 16 por 100 de las solicitudes presentadas.

Más aún. A pesar de que más del 60 por 100 de extranjeros censados en nuestra provincia estaban indocumentados (sin papeles) y en situación irregular en ese período, entre enero de 2001 y diciembre de 2003 sólo fueron detenidas en aplicación de la Ley de Extranjería 407 personas. La comparación resulta bochornosa: 2.047 fueron detenidas en los años 2005, 2006 y 2007, a pesar de que este último año más de 40.000 ciudadanos rumanos se convirtieron en comunitarios y quedaron al margen de la aplicación de esa ley. Fíjense: en 2001, con Rajoy en el Ministerio del Interior, se detuvieron en Castellón 2,8 extranjeros por cada 1.000 empadronados. En 2006 fueron 13,9 por 1000.

Estos son los datos. Saquen ustedes las conclusiones. Para mí, el Gobierno Aznar-Rajoy fue absolutamente incapaz de gestionar adecuadamente el fenómeno inmigratorio. No lo hicieron ni en el ámbito de los derechos ni en el de las obligaciones; ni administrativa ni policialmente supieron qué hacer. Tal vez porque sólo veían en la desesperación de los miles de hombres y mujeres que venían a nuestra tierra una extraordinaria oportunidad para incorporar al mercado laboral español mano de obra barata y sin derechos. Ya lo dejó escrito Max Frisch: “Queremos mano de obra, pero nos llegan personas”. Y en eso, en lo de reconocer los derechos de las personas Rajoy anda perdido.

24 noviembre 2007

Svetlana

Publicado en Mediterráneo en noviembre de 2007.


Svetlana dijo no. Quería ser libre para decidir su futuro y el de su hijo. Dijo no a la indignidad del dolor callado. Alguien decidió arrebatarle la vida, quizás un tal Ricardo (o Juan, o Andrés, o Carlos… qué más da). “Antes muerta que con otro”, debió pensar el desgraciado. Svetlana murió el pasado lunes en Alicante. Había venido desde Rusia para construir su proyecto de felicidad en nuestra tierra. Como muchas otras mujeres. Y aquí murió porque un hombre no quiso que viviera su vida.

La lucha contra el terrorismo machista está siendo larga, dura y difícil. Es la lucha de la decencia y de la dignidad de una sociedad que se rebela contra la intolerancia, contra la violencia, contra la desigualdad. Es la lucha de la gente de bien contra tantos machos prepotentes que matan, vejan o insultan a “sus” mujeres. Porque hemos de saber que detrás de cada Svetlana muerta hay muchas que ven morir día a día sus ilusiones, sus sentimientos, su humanidad. Muchas mujeres que viven sometidas al terror de quien dice quererlas.

No hay atajos. No hay soluciones fáciles. La violencia sobre la mujer es la expresión más dura y visible de la discriminación, de la situación de desigualdad que imponen las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres. Es la violencia física, pero también la violencia verbal. Son los estereotipos que convierten a la mujer en un objeto de usar y tirar. Es ese entramado de convenciones sociales y culturales que convierten en normal lo que es aberrante.

El terrorismo machista, de alta o de baja intensidad, perdurará mientras no quebremos el armazón sobre el que se sustenta: la desigualdad de género. Esta es la cuestión. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero tiene esa convicción. Por ello ha puesto en marcha durante esta legislatura el más ambicioso proyecto a favor de la igualdad real de hombres y mujeres que nunca se ha impulsado en España. La ley de medidas de protección integral contra la violencia de género y la ley para la igualdad efectiva de mujeres y hombres constituyen la punta de lanza de las políticas de igualdad promovidas por el Ejecutivo socialista. Y junto a ellas hay un sinfín de iniciativas que nos permitirán ir removiendo los obstáculos que se oponen a la efectiva igualdad entre unos y otras.

Algunos han dicho de este compromiso de Zapatero con la igualdad que es muy radical. Por supuesto, claro que es radical. No lo duden. Es radical porque va a la raíz del problema. Porque quiere sentar las bases de otro modelo de relación entre los hombres y las mujeres de este país. Porque quiere que nuestros hijos y nuestras hijas conozcan una sociedad de iguales en la que la diferencia no suponga discriminación. Porque no puede aceptar que el 25 de noviembre, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, sea una fecha perdida en el calendario.

Muchas mujeres llevan mucho tiempo luchando para ello, dentro y fuera del movimiento feminista. Y a ellas, sin duda, les debemos lo ya conquistado. Pero me atrevo a decir que esto no es sólo una cuestión de mujeres. Muchos hombres queremos también luchar junto a ellas. Su causa es la nuestra porque es la causa de la dignidad, de la libertad y de la igualdad. Créanme, es un camino largo pero es un camino sin marcha atrás.

12 noviembre 2007

La doctrina Acebes

Publicado en Mediterráneo en noviembre de 2007.

El pasado miércoles fue uno de esos días reconfortantes. He de confesarles que me emocionó escuchar en la voz del presidente del tribunal la sentencia sobre el 11M. Recordé las imágenes del dolor y de la indignidad de aquellos días fatídicos de 2004. Las víctimas y la solidaridad de un pueblo que supo estar a la altura de las circunstancias. Ahora tengo la convicción de que la sociedad española y sus instituciones son más fuertes que entonces; nuestro Estado de Derecho ha sabido gestionar con madurez ejemplar la peor afrenta que ha sufrido desde el restablecimiento de la democracia.

El proceso judicial nos ha confirmado lo que la mayoría pensábamos y ha mostrado hasta qué punto están algunos dispuestos a llegar con tal de derribar el Gobierno progresista de España. Los que eran responsables de la seguridad del Estado en marzo de 2004 han dedicado todo su esfuerzo durante estos tres años y medio a proclamar la infamia. Dijeron que el Ejecutivo de Zapatero estaba sustentado sobre 200 cadáveres, para negarle la legitimidad que se ganó en las urnas. Humillaron a Pilar Manjón, la madre coraje que simboliza el desgarro vital provocado por el fanatismo yihadista. Han mentido hasta la náusea desde el mismo 11M para negar la evidencia.

Ya ven, siempre tan dados a ocultar el pasado. No les gusta nada que la gente de este país tenga memoria. Ahora, a cinco meses de las elecciones llegan hasta a negarse a sí mismos. Dicen que ellos nunca dijeron lo que todos les hemos oído decir sobre el 11M. En fin, ahí están los archivos periodísticos. Y ahí está la memoria que ellos quieren silenciar. Es la doctrina Acebes: mentir, mentir y mentir para sembrar el desasosiego, la desconfianza y la insidia entre la ciudadanía con la finalidad de que no prospere un nuevo proyecto de modernización y progreso en España. Lo de menos es el beneficio de la gente y la legitimidad democrática; lo de más es, otra vez, mantener el poder en manos de los de siempre a cualquier precio.

Es su forma de hacer y entender la política, en Madrid y aquí. Vean, si no, lo que están haciendo y diciendo los jefes locales de la derecha con el tema del agua. Llevan años reclamando el trasvase que ellos fueron incapaces de poner en marcha mientras detentaban los gobiernos español y valenciano y controlaban las instituciones provinciales. Tenían todo el poder en sus manos para hacerlo, pero no pudieron, no supieron o no quisieron hacerlo. Y ahora niegan la legitimidad del Gobierno socialista para impulsar y desarrollar las soluciones que considera adecuadas para poner fin al déficit hídrico de nuestra tierra.

Da igual que estemos avanzando en el sentido correcto. Da igual que estemos construyendo ya las infraestructuras que nos permitirán en muy poco tiempo disponer de toda el agua que necesitemos para nuestro desarrollo futuro. Eso, de nuevo, es lo de menos. Ellos siguen a lo suyo: la bronca permanente y el follón continuo. Porque saben que el tiempo corre en su contra y que cada nuevo hectómetro cúbico de agua que ponemos a disposición de los castellonenses ahoga su mensaje victimista.

Ellos saben mejor que nadie que el trasvase del Ebro hasta Almería no se va a hacer. Ni ahora ni cuando vuelvan a La Moncloa. Es otra más de sus mentiras. Por eso, mientras aquí cuelgan pancartas, en Madrid retiran del debate de los Presupuestos su enmienda reclamando el trasvase. Puro teatro.



Humillado

Publicado en Mediterráneo en noviembre de 2007.

Va a resultar que a estas alturas el partido de Aznar, Acebes y Rajoy se lamenta de no poder hacer lo que hace el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Fíjense, si no, en lo mal que están llevando el tema del viaje real a Ceuta y Melilla. Pudieron hacerlo durante el aznarato; nada se lo impedía. Podrían haber promovido la visita de los Reyes a las ciudades autónomas. Pero no. Prefirieron mandar la Legión al islote Perejil, para después pedir a Collin Powell que intercediera ante Rabat para restablecer nuestras relaciones con los vecinos del sur. A esto llamaban “sacarnos del rincón de la historia”… y así ponernos en el primer plano de las Azores.

Y es que los aznaristas andan apenados. No les salen las cuentas por más empeño que pongan. Han abusado tanto durante estos años del insulto y de la insidia que han perdido los argumentos para criticar desde la razón y la mesura las iniciativas gubernamentales. Ahora buscan excusas para decir que ellos también lo hubieran hecho. Lo de Ceuta y Melilla. Y lo de las pensiones mínimas, las ayudas a la vivienda, la atención a los dependientes, el estatuto de los autónomos, el superavit presupuestario, las ayudas por hijos... y hasta el agua para todos. Todo lo hubieran hecho, pero no lo hicieron. No quisieron hacerlo en ocho años.

En ese laberinto siguen perdidos. Por eso suena a esperpento oír decir a su jefe que se siente humillado por haber repatriado a las auxiliares de vuelo desde el Chad en el avión de Sarkozy. ¿Cuál es el problema? ¿Que el presidente Zapatero no se fotografió con las piernas tendidas sobre la mesa del presidente chadiano antes de traerse a las azafatas? ¿Que no compareció en la rueda de prensa con Sarkozy hablando español con acento francés? Sí, debe ser eso. O, tal vez, que no recurrió a inventar armas de destrucción masiva ocultas bajo las haimas del desierto para amenazar con una invasión que liberara a nuestras compatriotas. A veces se nos olvida que hubo un presidente del Gobierno de España que creía que eso era hacer alta política.

No hay manera de que asuman que las cosas se pueden hacer de otra manera. No pueden admitir que, en democracia, la eficacia de un Gobierno no se mide por el tono chulesco de sus declaraciones sino por su capacidad para garantizar derechos a una ciudadanía responsable. En esa dialéctica estamos instalados. De un lado, un Gobierno que asume sus responsabilidades, que da explicaciones a la gente, que busca nuevos espacios para la convivencia y el progreso, que construye futuro. De otro, una derecha perdida en el marasmo de sus fantasmas familiares, víctima de sus propias mentiras, cegada por un resentimiento enfermizo.

Miren, las sociedades democráticas se construyen con el concurso de todos. La España de hoy es como es porque todos hemos contribuido a su prosperidad y a su progreso social. Y cada Gobierno, en cada momento, aporta un nuevo impulso catalizador de las aspiraciones y capacidades de los ciudadanos. Esta es la legitimidad de la democracia. Quien no quiere entender esto, quien se empecina en negar esa legitimidad aun a costa de debilitar las instituciones y quebrar la convivencia termina por enfrentarse a todos por todo. Sobre eso deben reflexionar algunos, por el bien de este país.

27 octubre 2007

El primo y el cambio climático

Publicado en Mediterráneo en octubre de 2007

Ha dicho el primo de Javier Brey que lo del cambio climático no es para tanto. Que hay otros problemas más importantes en el mundo y que esto es cosa de cuatro iluminados científicos de pacotilla. No hubiera pasado nada si el primo de este catedrático de Física Teórica regentara una tienda de abanicos en Sierpes, dicho sea con todo respeto a los comerciantes de esa preciosa calle sevillana. El problema es que este primo se apellida Rajoy Brey. Sí, es el ciudadano Mariano Rajoy, el del vídeo con ínfulas reales.



Para el primo del catedrático sólo hay un motivo para la desazón: que España sea cada vez más moderna, más competitiva y más tolerante. Todo lo demás importa poco, porque él está a lo que está. Lo del cambio climático, como lo de la dictadura franquista, es una nimiedad. Qué más da. Es como aquello de los “hilillos de plastilina” del Prestige, ¿se acuerdan? Lo dijo el primo, con la misma solvencia que dice todo lo que dice. Hay que reconocer que no tiene suerte el señor Rajoy, a pesar del empeño que le pone. Esta misma semana, coincidiendo con las ocurrentes “bromitas” (Esperanza Aguirre dixit) de don Mariano, el reciente Nobel Al Gore ha recorrido España divulgando los efectos del cambio climático. Y un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, avalado por 400 expertos de todo el mundo, ha vuelto a recordarnos que vamos por muy mal camino.

Miren, en los últimos años cientos de organizaciones científicas de todo el mundo nos están alertando de las consecuencias traumáticas que para nuestra forma de vida puede tener el calentamiento global. No se trata sólo de preservar nuestro patrimonio natural, ni de salvar esta o aquella especie viva. Los estudios científicos confirman los negros presagios que muchos intuíamos desde hace tiempo: si no somos capaces de racionalizar nuestro modelo de crecimiento basado en la depredación masiva de los recursos naturales nos esperan profundas transformaciones económicas, sociales y medioambientales.

Por supuesto que no es este el único problema que debemos abordar. Ya lo sabemos. Que se lo pregunten a los miles de hombres y mujeres mutilados en sus cuerpos y en sus conciencias por el desastre que llevaron a Irak los autoproclamados profetas de la libertad. O a las víctimas del ébola y del sida en el África subsahariana. O a los desplazados por la guerra en Darfur. O a los náufragos de mil vidas que malviven en nuestra sociedad opulenta.

Pero el cambio climático es un reto global. Nos afecta a toda la humanidad y al conjunto de ecosistemas que conforman la riqueza vital de nuestro planeta. Es una amenaza para quienes hoy vivimos y para quienes lo harán en el futuro. Y ante él sólo caben dos actitudes: afrontarlo desde la serenidad, pero sin dilación, con soluciones audaces y comprometidas como está haciendo el Gobierno de España; o esconder la cabeza y esperar a que escampe, con la ilusa esperanza de que nuestra placentera prosperidad no sucumba ante el chapapote de la catástrofe.

Lamentablemente, el ciudadano Rajoy y los suyos se han vuelto a poner en el lado oscuro. Es cierto que no están solos, pero me temo que esas compañías no son las más recomendables para quienes aspiran a liderar una sociedad decente.

26 octubre 2007

Desmemoriados

Publicado en Mediterráneo en octubre de 2007

Hacía un tiempo que el señor Mayor Oreja estaba alejado de la primera línea del fuego populista. Tal vez la caída libre de Rajoy en la valoración de propios y extraños y el regreso de Rato le hayan espoleado para dejarse ver y oír, por si acaso. Esta semana nos ha aclarado que no piensa condenar el franquismo porque no fue para tanto: “hubo mitos infinitos”, dice al respecto.

Lápida en memoria de una víctima del
fascismo en Italia. Chianciano, la Toscana.
Agosto de 2006.
No es que me sorprenda. Al menos el señor Mayor ha expresado en público lo que otros líderes de su partido dicen vergonzantemente en privado. Pero, hombre, algo de falta de sensibilidad, de falta de respeto y de falta de memoria sí que parece que hay en esas declaraciones.

Ustedes lo saben tan bien como yo: la desmemoria es la mejor de las armas de la derecha española. Siempre quieren que olvidemos lo que no quieren que de ellos se sepa. No les gusta mirarse al espejo de la historia, no vaya a ser que se encuentren con demonios del pasado. Y ahora andan revueltos cual jinetes del Apocalipsis con el proyecto de ley de Memoria histórica. Quizás sea por aquello que dijera Orwell de que “aquel que tiene el control del pasado, tiene el control del futuro”.

Lo cierto es que otra vez se han quedado solos en el Congreso. Otra vez se han quedado al margen de la negociación de una ley que reconoce más derechos a más españoles. Porque, mal que les pese, ésta no será una ley hecha contra nadie. Ni es ni pretende ser un juicio sobre nuestro pasado colectivo; son los historiadores los que lo estudian, lo analizan y nos lo explican y no el Gobierno o el Parlamento.

El partido de la desmemoria haría bien en decirnos a todos a qué medida concreta del proyecto de ley se opone. ¿Acaso se niega a considerar injustas todas las condenas y expresiones de violencia personal producidas por motivos políticos o ideológicos, durante la Guerra Civil y la dictadura? ¿O a reclamar la rehabilitación moral de quienes sufrieron tan injustas sanciones y condenas? ¿O a que las Administraciones públicas faciliten a los interesados que lo soliciten la localización de miles de desaparecidos?

Esta ley no pretende penalizar a los castellonenses que abrazaron la dictadura por las razones que fueran. Ni siquiera a los que la alentaron y dieron pábulo a la represión. No, no se quiere abrir viejas heridas, como proclama Acebes; antes al contrario, se quiere cerrar las que otros provocaron. Es, en definitiva, la culminación de un proceso de reconocimiento y de reparación de las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura iniciado en los albores de la Transición con la Ley de Amnistía de 1977. Y tengo el convencimiento de que cualquier ciudadano de buena fe coincidirá conmigo que es de justicia reparar públicamente el honor y la dignidad de quienes se vieron privados de su memoria y del recuerdo de sus seres queridos.

Déjenme terminar con una recomendación para los desmemoriados. Cuando tengan oportunidad visiten el Memorial de Caen, en la Normandía francesa. Un excelente monumento a la recuperación del pasado vivido por los europeos durante el siglo XX. Allí pueden encontrar una sección muy documentada sobre la Francia de Vichy, la del régimen colaboracionista con Hitler del mariscal Petain. Dudo que la sociedad francesa se sienta debilitada y amenazada en su identidad y en su autoestima por recordar y conocer el lado oscuro de su brillante pasado.

12 octubre 2007

Discurso con motivo de la celebración del día de la patrona de la Guardia Civil en Castelló de la Plana el 12 de octubre de 2007

José Manuel, amigos y amigas, permitidme que comience este parlamento con un recuerdo de emoción sincera. Hace ya tres meses, en Sant Mateu, la mirada triste y abatida de aquel niño y de sus familiares. Y el gesto contenido de muchos de vosotros esa tarde. Era el dolor por la pérdida de José Luis, muerto en la carretera mientras servía a la sociedad.

No tengo mejor forma de expresaros mi admiración y mi respeto que recuperar de mi memoria aquella tarde. Vuestro himno habla de valor, de lealtad, de firmeza, de amor; y eso fue lo que muchos vimos ese día de julio en vosotros. Gracias a José Luis. Gracias a cuantos formáis parte de esta Comandancia por estar siempre al servicio de la sociedad castellonense y por hacerlo con tanta generosidad. Y gracias, por supuesto, a las familias que dais aliento a estos hombres y mujeres ejemplares.

Han pasado casi 150 años desde que Miguel Moreno, primer capellán castrense del Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada de Valdemoro, colocara en su capilla una imagen de la Virgen del Pilar. Y más de 90 años desde que la Pilarica fuera declarada oficialmente patrona de este Benemérito Instituto.

A lo largo de este tiempo los españoles y las españolas hemos protagonizado un apasionante viaje en busca de más libertad, de mayor progreso y de mejores oportunidades. No ha sido fácil; nunca lo ha sido para ningún pueblo. Pero hoy nos sabemos y nos reconocemos como una nación pujante, abierta, dialogante y con pasión y vocación de futuro. Una nación de todos, que todos construimos día a día y por la que todos y todas trabajamos y luchamos. Es la España diversa, dinámica e integradora que hemos heredado de generaciones de hombres y mujeres que, antes que nosotros, lucharon por vivir con dignidad y en libertad.

En ese esfuerzo colectivo, la Guardia Civil ocupa un lugar de honor. Vuestro sacrificio y vuestra profesionalidad nos da más libertad, más seguridad y más confianza. Esto lo sabemos bien la gente de Castellón.

Este verano, vuestra presencia y vuestro buen hacer han desbaratado los planes criminales del terrorismo etarra. Lo hicisteis en Torreblanca. Aún recuerdo, teniente coronel, tus palabras serenas en el mediodía de aquel 19 de julio adelantándome lo que muy pronto se iba a confirmar.

Y lo volvisteis a hacer en les Coves de Vinromà. La imagen de devastación en aquel olivar no se me olvidará. Ni la expresión grave del teniente coronel Altamirano y del capitán Rico y de las decenas de hombres y mujeres que el Instituto desplegó inmediatamente en la zona. Vosotros, como nadie, sabéis del dolor que provoca la sinrazón y el fanatismo terrorista, venga de donde venga. Todos os estamos agradecidos.

El Gobierno de España sabe que la sociedad os admira y os quiere. Sabe que la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía estáis en la vanguardia de ese proyecto de construcción democrática que protagonizamos día a día los españoles. Por ello está empeñado en el reforzamiento y la modernización del servicio público policial.

A lo largo de esta legislatura que ya termina, el presupuesto destinado a la Guardia Civil se ha incrementado en más del 41 por 100, con un esfuerzo inversor sin precedentes. La Comandancia de Castellón es buena prueba de ello, como ya ha adelantado el teniente coronel. En tres años nuestra plantilla habrá crecido en más de 300 efectivos, lo que nos está permitiendo crear tres nuevos puestos principales y seis nuevos equipos de policía judicial en distintos municipios de la provincia.

Más guardias y con mejores infraestructuras. En los próximos meses estaremos en condiciones de licitar las obras de cinco nuevos acuartelamientos y se ha encauzado ya el proyecto de otros cuatro. Además de las obras de mantenimiento y modernización que, con la ayuda de la Diputación y los ayuntamientos, estamos llevando a cabo en el resto de casas-cuartel de la provincia.

A las infraestructuras físicas hay que añadir el gran esfuerzo que se ha realizado en la modernización del equipamiento técnico y tecnológico de la Guardia Civil en Castellón. Hoy disponemos de vehículos y embarcaciones adecuadas a las exigencias de una sociedad del siglo XXI. Y de instrumentos de seguimiento, control y coordinación muy eficaces en la lucha contra las nuevas formas de delincuencia y en la protección y salvaguarda de los derechos de la ciudadanía.

Todo ello nos ha permitido frenar decididamente el incremento de las tasas delincuenciales experimentado en los primeros años de esta década, trasladando a la sociedad castellonense un sentimiento de mayor seguridad y confianza en el servicio público policial.

Debéis sentiros satisfechos por el trabajo que estáis realizando. Los ciudadanos y las ciudadanas de esta tierra lo están. Sabemos que queda mucho por hacer, pero no dudéis de que el Gobierno tiene el convencimiento de que para progresar más y mejor España necesita de una Guardia Civil moderna, avanzada y eficaz. Por supuesto para garantizar la seguridad ciudadana. Pero no sólo para ello. Vuestro carácter de policía integral os convierte en referente en el conjunto de políticas de seguridad impulsadas por el Gobierno. Estáis ahí, trabajando para garantizar más seguridad vial, más seguridad medioambiental, más seguridad informática, más protección ante las catástrofes.

Hace apenas unas semanas lo demostrasteis ejemplarmente en el incendio de l’Alcalatén. 350 guardias civiles participasteis en los trabajos necesarios para proteger la vida de nuestros conciudadanos de les Useres, Costur, Alcora, Atzaneta, Llucena y Figueroles.

No quiero terminar esta intervención sin expresar mi gratitud a aquellas personas que han dedicado toda su vida al servicio público en el Instituto y que ahora se encuentran ya retirados o en la reserva. Estos veteranos son el espejo en que debéis miraros los guardias más jóvenes; su ejemplo, su experiencia, su profesionalidad y su dedicación deben serviros de guía en vuestra labor profesional.

A todos cuantos habéis sido condecorados, enhorabuena. Entended este acto como muestra de gratitud por vuestro compromiso con la sociedad. Al fiscal Arias y al inspector Mancebo, querido José Luis, llevad con honor la medalla que la Benemérita os ha entregado.

Éste, José Antonio, teniente coronel Altamirano, es un día del Pilar especial para ti. Pronto partirás hacia otro destino. Durante estos años hemos podido disfrutar de tu amistad y de tu entrañable discreción. Estoy convencido de que tu valía humana y profesional te convertirán en un excelente jefe de Comandancia allá donde vayas. Suerte y ánimo.

Recuerdo el día que Juan María Calles me confirmó la llegada de un nuevo teniente coronel a Castellón. Venía con acreditada solvencia policial y organizativa. Hoy, José Manuel, estamos recogiendo ya los frutos de tu probada capacidad profesional. Déjame reconocer públicamente tu lealtad personal e institucional y tu compromiso con esta tierra.

Voy a terminar ya agradeciendo a quienes hoy nos acompañáis vuestra presencia. Y a vosotros y vosotras, hombres y mujeres de la Guardia Civil, instaros a que perseveréis en la consecución del compromiso colectivo de servicio, de ayuda a los demás, de proximidad y colaboración con la sociedad a la que servís.

Gracias a todos y a todas y buen día de la Pilarica.

06 octubre 2007

Lleguemos a la seguridad desde la educación

Publicado en Mediterráneo en octubre de 2007

El pasado martes celebramos con los funcionarios y funcionarias del Cuerpo Nacional de Policía de Castellón y Vila-real el día de los Ángeles Custodios, patrones de nuestra policía. Tuve ocasión de hacerlo en los distintos actos del día; y quiero hacerlo desde aquí públicamente: mi reconocimiento como representante del Gobierno de España y como ciudadano castellonense al esfuerzo diario que realizan los policías adscritos a la Comisaría Provincial para salvaguardar nuestros derechos y nuestras libertades. Es un honor para mí poder estar al frente de estos hombres y mujeres ejemplares que velan sin desmayo para garantizar la seguridad de todos los ciudadanos.

España ha cambiado, y su Policía también. Y gracias a la preparación y buen hacer de sus integrantes, y al esfuerzo realizado por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para dotar con más y mejores medios a la Comisaría Provincial, los castellonenses tenemos en la actualidad un nivel razonable de seguridad, una vez superados los lamentables episodios de aquel trienio negro de 2001-2003, en el que recordemos, se produjeron más delitos que nunca en Castellón y Vila-real. Hoy las cosas han cambiado considerablemente, y aunque soy consciente de que la seguridad absoluta es imposible de conseguir, puedo decir sin temor a equivocarme que Castellón ha pasado a ser, en sólo tres años, una de las ciudades con menor índice de criminalidad de todo el arco mediterráneo.

Es sin duda, una gran noticia que todos deberíamos celebrar. La pericia de los funcionarios policiales, y el incremento de efectivos y de medios materiales y tecnológicos, han hecho posible un cambio, para cuya consecución, el actual Gobierno de España no ha escatimado esfuerzos, ya que ha incrementado considerablemente la plantilla de efectivos y el parque móvil dependiente de la Comisaría Provincial. Ya contamos con cerca de 300 agentes y con más de 70 vehículos, y gracias a la sensibilidad mostrada por el Ministerio del Interior, a principios de 2008 se licitarán las obras de la nueva Comisaría, y a lo largo del ejercicio se procederá al inicio de las obras. De esta forma, Castellón podrá disponer de unas instalaciones policiales de última generación, y olvidar para siempre la comisaría de la Ronda Mijares.

Me permitirán, también, apuntar algo que me parece fundamental: la política policial no es la única garante de la seguridad de los ciudadanos. Todo esfuerzo que se haga en este orden estará abocado al fracaso si no somos capaces de dotarnos de políticas educativas, penales, urbanísticas, sociales y redistributivas más eficacaces y más justas.

Como defiende Maurice Duverger, “Las sociedades no se pueden mantener nada más que por mecanismos de orden. Deben interiorizar este orden para que los violentos sean menos fuertes. Cuando no se cree en el sistema de valores, la sociedad no puede mantenerse nada más que por la Policía”. Por ello, todas las Administraciones públicas son corresponsables en el objetivo común de construir un futuro más seguro. La eficacia de nuestro servicio público policial es imprescindible, pero no suficiente.

Porque nuestros jóvenes están creciendo en una sociedad que no siempre es capaz de darles la mejor formación ni de garantizarles oportunidades para desarrollar un proyecto de vida decente. Hemos de trabajar intensamente para que los ciudadanos y ciudadanas de mañana sepan progresar en una sociedad auténticamente libre, en la que no haya lugar para el desarrollo de clichés aberrantes, y en la que no predominen el individualismo autista, la insolidaridad, el desprecio por el otro y los comportamientos violentos.

02 octubre 2007

Discurso pronunciado con motivo de la celebración del Día del Cuerpo Nacional de Policía en Castelló de la Plana el 2 de octubre de 2007

Jorge, comisario, gracias. Gracias a ti y a tu gente. Gracias a todos y a todas cuantos estáis adscritos a la Comisaría Provincial de Castellón por el trabajo que hacéis. Os lo digo como subdelegado del Gobierno de España, como funcionario público y, sobre todo, como ciudadano.

Hoy, por primera vez, tengo el honor de dirigirme a vosotros en la celebración del día de los Ángeles Custodios, patrones de la Policía. Y no os voy a negar la íntima emoción que siento. El trabajo sacrificado, vuestro esfuerzo, vuestra vocación de servicio. Tantas horas luchando para salvaguardar los derechos y las libertades de todos. Creedme al expresaros mi admiración y mi reconocimiento, y el de tantos ciudadanos y ciudadanas que ven en el Cuerpo Nacional de Policía la garantía de su seguridad.

Sabéis tan bien como yo que la nuestra es una sociedad compleja. Como lo son las sociedades de nuestro entorno socioeconómico. Estamos inmersos en el tránsito a nuevas formas de organización política, social y económica. Estamos viviendo el fin de las certezas con las que se organizaba el mundo hasta hace sólo dos décadas y apenas somos conscientes del alumbramiento de una nueva era.


Uniformes policiales. Museo de la Policía

En este tiempo de crisis están conformándose nuevos espacios de conflicto, nuevos comportamientos delincuenciales, nuevas amenazas a la tranquilidad y la seguridad de la ciudadanía. Por ello, aun asumiendo que ni esta ni ninguna, ni ahora ni antes, es ni será una sociedad absolutamente segura, hemos de esforzarnos desde el Estado por minimizar los riesgos a los que se enfrentan a diario los ciudadanos y las ciudadanas.

Así lo entiende el Gobierno del presidente Zapatero. Y por eso ha desarrollado en estos años un vigoroso programa de reformas que quiere dar mejores oportunidades, más derechos, más libertad y más seguridad a los españoles. En ese marco, el papel de las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado es esencial.

En Castellón, el Cuerpo Nacional de Policía manifiesta esa convicción del Gobierno. Hoy la Comisaría Provincial cuenta con más y mejores medios humanos y tecnológicos y ha experimentado una profunda renovación organizativa. Contamos con cerca de 300 policías y más de 70 vehículos y estamos a la espera de que a comienzos de 2008 se liciten las obras del nuevo edificio que albergará la Comisaría en Castellón y se publique el nuevo catálogo de la plantilla policial.

El esfuerzo mantenido de los últimos tres años, unido al trabajo abnegado de los funcionarios y funcionarias dirigidos por el comisario Marti, nos ha permitido quebrar la tendencia ascendente de la criminalidad en las ciudades de Castellón y Vila-real. Hemos podido dejar atrás el trienio negro de 2001-2003 y abrir el camino hacia la estabilización y reducción de la actividad delictiva en el ámbito de competencia de la Policía Nacional.

De este modo, hemos pasado de 28 delitos por mil habitantes en 2003 a 24 en 2006, con una reducción del 10 por 100 de delitos en las cifras absolutas. Esta evolución ha ido acompañada de un incremento del 70 por 100 en el número de detenidos y la práctica duplicación de los datos de eficacia policial. Y como ya nos ha adelantado el comisario, la tendencia se mantiene en este año.

A ese trabajo en el ámbito de la seguridad ciudadana hay que añadir el esfuerzo extraordinario que están haciendo los funcionarios y funcionarias destinados a la unidad de Extranjería y Documentación, en condiciones que sé no son las más adecuadas ni para ellos ni para los ciudadanos. En los próximos meses entrarán en servicio las nuevas dependencias para la expedición del DNI electrónico.

A pesar de todo lo dicho, tengo el convencimiento de que no es la política policial la única garante de la seguridad de los ciudadanos. Todo esfuerzo en ese orden fracasará si no somos capaces de dotarnos de políticas educativas, penales, urbanísticas, sociales y redistributivas más eficaces y más justas. Permitidme aquí recordar estas palabras de Maurice Duverger: “Las sociedades no se pueden mantener nada más que por mecanismos de orden. Deben interiorizar éste orden para que los violentos sean menos fuertes. Cuando no se cree en el sistema de valores, la sociedad no puede mantenerse nada más que por la policía”.

Por ello todas las Administraciones públicas somos corresponsables en el objetivo común de construir un futuro más seguro. La eficacia de nuestro servicio público policial es necesaria, imprescindible para ello. Pero no es suficiente. Nuestros jóvenes están creciendo en una sociedad que no siempre es capaz de darles la mejor formación ni de garantizarles oportunidades para desarrollar un proyecto de vida decente. Crecen en un mundo de clichés aberrantes que promueven un individualismo autista que favorece la insolidaridad, el desprecio por el otro y los comportamientos violentos. Hemos de trabajar, todos y todas, para que los ciudadanos de mañana sepan progresar en una sociedad auténticamente libre.

Voy ya a terminar. En este acto me traicionaría a mí mismo si no expresara públicamente mi reconocimiento a Juanma Calles. Su empuje y su convicción durante los años en que ha ocupado el cargo de subdelegado del Gobierno en pro de un mejor y más efectivo servicio policial han sido decisivos.

Comisario, los hombres y mujeres que tienes a tu cargo son un ejemplo de responsabilidad y entrega. Ellos son los principales responsables de los éxitos obtenidos durante estos años contra la delincuencia. Seguiréis trabajando, día a día, para que no haya mujeres víctimas de la violencia machista ni inmigrantes explotados o discriminados. Para que el fanatismo terrorista no anide en nuestra tierra. Para que nuestros comerciantes se sientan seguros. Para que cualquiera de nosotros pueda continuar su vida en libertad. Gracias a todos y a todas por ello, y gracias a ti, Jorge, por tu compromiso con la ciudad y la sociedad castellonense.

Enhorabuena a los que hoy habéis sido condecorados. Vosotros personalizáis como nadie el espíritu de servicio, abnegado y anónimo, de la policía. Mi más admirado reconocimiento para vosotros y vuestras familias.

Termino. No puedo olvidar aquí a los compañeros y las compañeras que perdieron su vida o su salud defendiendo los derechos y las libertades de todos nosotros. Y a quienes sintieron el dolor y el desconsuelo de no verlos regresar a sus hogares. A todos, de corazón, muchas gracias.

26 septiembre 2007

Educación ciudadana

Publicado en Mediterráneo en septiembre de 2007

Hace tres años encontré en una librería francesa una novedad titulada Guide républicaine. Se trataba de una excelente colección de textos orientados a los estudiantes de enseñanza media sobre la idea y la práctica del republicanismo, del civismo, de la ciudadanía. Más allá de su interés intrínseco, llamó mi atención porque estaba expuesto en los anaqueles del escaparate como una publicación de éxito, algo difícilmente imaginable en nuestro país. También por estar avalado por el Ministerio de Educación francés y prologado por el entonces ministro François Fillon. Lo compré y lo tengo en mi mesa de trabajo, junto al Manual de civismo de Victoria Camps y Salvador Giner o la España civil de Gregorio Peces-Barba.

En aquel verano de 2004 no se había iniciado todavía la penúltima cruzada de la derecha española contra la anunciada voluntad del Gobierno socialista por introducir en el currículo escolar una asignatura para la formación de ciudadanos y ciudadanas libres y responsables. Pero no iban a tardar algunos en poner en marcha todo el poder mediático del guerracivilismo más rancio para combatir la enseñanza de los valores democráticos.

¿A quién puede molestar que una sociedad cultive su civismo? ¿Por qué ruge la caverna cuando se habla de enseñar los valores de la democracia? ¿A qué se refieren Rajoy y Acebes cuando dicen defender la Constitución mientras vociferan contra la educación para la ciudadanía? ¿Es que nuestra Constitución no habla de igualdad, de justicia, de responsabilidad, de derechos y deberes, de tolerancia, de convivencia, de participación? ¿Qué es, pues, lo que les asusta? Definitivamente, no pasan los años por esta derechona nuestra.

Es cierto que desde la LOGSE esos valores se incorporaron transversalmente a nuestros programas de enseñanza. Pero, como en muchos otros países europeos, el Gobierno ha creído necesario reforzar su presencia en el sistema educativo. Y esto no se hace en contra de nadie, sino a favor de todos. Porque a todas y a todos nos interesa que nuestros jóvenes interioricen la cultura del respeto, de la solidaridad, de la tolerancia y de la libertad. Para que España sea mejor y afronte los retos de la globalización en mejores condiciones.

Cuesta creer que destacados responsables institucionales de la derecha sigan llamando a la desobediencia contra la enseñanza de los valores constitucionales. Se ha dicho que enseñar los principios sobre los que se sustenta nuestro sistema democrático supone la vuelta a… ¡la escuela franquista! O que el Gobierno que lo promueve es… ¡la encarnación del mal! ¿Dónde estaban estos cuando la dictadura franquista castró intelectual y culturalmente a generaciones de escolares de este país? ¿Dónde estaban cuando los malos gobiernos franquistas arrebataron la dignidad a su pueblo?

En fin, a menudo tengo la impresión de que hay que seguir insistiendo en una verdad de Perogrullo: la España democrática, la España de la ciudadanía y de los ciudadanos es todo lo que negaba la España de la dictadura, mal que les pese a algunos. Por ello quiero que mis hijas aprendan más y mejor los valores sobre los que habrán de construir la democracia del mañana.

24 septiembre 2007

Discurso con motivo de la celebración de Nuestra Señora de la Merced en el Centro Penitenciario de Castellón en 2007

Tengo la satisfacción de dirigirme por primera vez a vosotros y a vosotras en el día de la celebración de la Merced… y me gustaría comenzar leyendo este testimonio:

“Era yo un chico de las calles y no fui a escuela alguna. Robé para subsistir y dormí en techos y subterráneos de la inmensa y salvaje ciudad de Nueva York. De haber permanecido en las calles no hubiera sabido quizá que rumbo tomar. Me sacaron de ellas, fui enviado a la cárcel, y he aquí que algo que la mayoría hubiera considerado una gran injusticia resultó ser lo mejor que pudo sucederme nunca. En la prisión no experimenté la absurda torpeza de la juventud; en ella tuve que tratar con hombres, (con tristes hombres), y con el tiempo (tres años en total), tiempo en que leí miles de grandes libros. Cuando abandoné el lugar a los 20 años de edad, era un autodidacta en humanidades. Esto no significa que la prisión sea un buen lugar, por supuesto. Cualquier puerta de hierro cerrada sobre un hombre es algo triste y terrible. Pero no está en mi idiosincrasia rechazar algo desagradable cuando ese algo, de alguna extraña manera me ha sido beneficioso.”

Estas palabras corresponden a Gregory Corso, quien a pesar de estar internado en instituciones de acogida y reforma desde los trece años, y de haberse criado sólo en las peores calles de Nueva York, tras su paso por la cárcel, abandonó su incipiente carrera como delincuente para convertirse en uno de los mejores poetas norteamericanos de la generación beat.

Queridos amigos, queridas amigas, el testimonio con que he abierto mi intervención recoge con claridad el sentido de la prisión, la razón de ser de vuestro trabajo.

Quiero agradeceros en nombre del Gobierno de España y de tantos Gregorys Corsos anónimos, para los que su paso por la prisión ha supuesto un cambio de rumbo radical en su vida, la extraordinaria labor que desarrolláis en las instituciones penitenciarias de nuestro país.

Sé que vuestro trabajo es a menudo ignorado por el resto de la sociedad. Sé que vuestro esfuerzo no siempre recibe el reconocimiento que merece. Pero quiero que sepáis que a vosotros y a vosotras os debemos que nuestra sociedad sea mucho más segura y mucho más decente. Gracias, por ello, por hacernos a todos más libres.

La eficacia de nuestro sistema penitenciario se fundamenta en vuestra profesionalidad y vuestro compromiso. Pero sería injusto haceros responsables únicos de su buen o mal funcionamiento. Y la Administración penitenciaria lo sabe bien.

Hace ya mucho tiempo que la influencia de Michel Foucault rompió con el panoptismo que había regido las prisiones de los países de nuestro entorno durante la primera mitad del siglo XX. En su Vigilar y castigar, el sabio francés puso radicalmente en cuestión aquellos muros, aquellos cerrojos, aquellas celdas. Y quebró el concepto de vigilancia radial, inspirador de nuestras viejas prisiones modelo, donde un vigilante observaba a multitud de reclusos sin ser visto ni mezclarse con ellos.

Foucault abrió paso a un sistema penitenciario más humano y más responsable, en el que el funcionario dejaba de ser mero vigilante para implicarse directamente en la vida del recluso, conociéndole, sabiendo de sus problemas y siguiendo la evolución de su conducta dándole los medios para que pudiera modificar su comportamiento.

Ahora estamos insertos en un proceso intensivo de socialización y personalización de las políticas penitenciarias que exigen de más y mejores recursos y de una creciente intervención de los agentes sociales en las estrategias de rehabilitación de la población reclusa.

Para ello vamos a seguir ampliando la oferta de programas específicos orientados a determinados tipos de delincuentes. Porque la sociedad precisa que su reinserción, una vez cumplida su condena, sea plena, dejando atrás los comportamientos delincuenciales por los que fueron privados de libertad.

Y continuaremos, asimismo, profundizando en todas aquellas medidas organizativas y tecnológicas que garanticen que quienes cumplen su pena fuera de la prisión lo hagan con las debidas condiciones de seguridad y contribuyendo convenientemente al bien común.

Todo ello requiere, amigos y amigas, del concurso decidido de instituciones, empresas y organizaciones sociales. Y sé que el trabajo impulsado desde la dirección de este centro en ese sentido ha sido encomiable. Hoy tenemos ya varios acuerdos de colaboración con ayuntamientos de la provincia, que ofertan puestos de trabajo para el cumplimiento de penas fuera de la prisión. Y contamos con la confianza y el apoyo decidido de numerosas empresas y organizaciones profesionales y de voluntarios sin las que la prisión no podría llevar a cabo muchas de las actividades rehabilitadoras actuales. A todos quiero trasladaros el agradecimiento del Gobierno. Vuestro compromiso es imprescindible para que nuestro sistema penitenciario sea eficaz.

Voy ya a terminar. La Merced de 2008 contará en nuestra provincia con un nuevo centro penitenciario. En el primer semestre del próximo año entrará en servicio el Centro Penitenciario Castellón II, que junto a los de Estremera en Madrid, Morón de la Frontera y el recién inaugurado del Puerto de Santamaría introducirán la red penitenciaria española en el siglo XXI. No son empeños aislados. El Plan de amortización y creación de centros penitenciarios 2006-2012 contempla la construcción de 14 nuevas prisiones, más de 30 centros de inserción social y cinco unidades para madres.

El Gobierno de España está comprometido decididamente en modernizar nuestro sistema penitenciario con el convencimiento de que así mejorará nuestra sociedad. Sé que los trabajadores y las trabajadoras de este centro estáis viviendo este proceso con un notable esfuerzo personal. Sé que, a pesar del esfuerzo sostenido de la Administración penitenciaria en estos últimos años, vuestras condiciones de trabajo son mejorables. Pero con la misma convicción os digo que el Gobierno no cejará en su apuesta por construir un sistema penitenciario que garantice vuestra plena realización personal y profesional.

Para concluir quiero personalizar mi admiración y agradecimiento hacia todos vosotros en los trabajadores a los que ahora se les hará entrega de las menciones honoríficas. Pedro, Isabel, Pedro Luis, Adolfo, Álvaro Ignacio. Gracias, muchas gracias. Representáis como nadie los valores de vocación y compromiso en los que creemos los servidores públicos. Enhorabuena por vuestros 25 años de servicio.

Muchas gracias